Blasfemando contra la sacro santa imagen del Redentor,estaba el monaguillo de paupérrimo semblante.En una noche de cuartada luna amarillenta.El firmamento,ululando nombres diabólicos,de antiguos dioses paganos,pesaba sobre la iglesia propiciatoria.Y he aquí que entró,dando un descomunal portazo,el engendro mortuorio del difunto cura.De la comisura de sus labios corría sangre blasfema de niña virgen,y sus ojos,inyectados en venenosa hiel,se posaron sobre la faz ahora acobardada del joven feligrés.Este soltó un alarido severo de terror;ante el cual,se escucharon a las afueras de la diezmada estancia las risas de una sonora carcajada satánica.El espectro podrido que había sido ministro fiel del Señor,se abalanzó sobre la yugular de su más querida víctima,y mordiendo con contumaz impiedad lo desangró por completo,mientras los cirios de la casa de Dios se apagaban en una vorágine de locura obscurantista y medieval.