Me levanto de la cama, como lo hice ayer y anteayer; pero ahora fue diferente. Por alguna razón que no me explico, no tenía voz. Movía mi boca y no salía sonido alguno. Entre en pánico. Cómo podría saludar a papá y mamá. Qué sería de mí si no se enteran lo que siento o pienso. Solamente me escuchaba a mí mismo:¡No abras la boca! Me decía a mí mismo. Por qué callar, me decía. Qué castigo he de pagar para estar incomunicado. La noche anterior a este día, había leído en un libro: “Que las almas suelen comunicarse entre el silencio.” Si así es que me fui a dormir anoche, hoy no puedo creer lo que me pasa. Acaso mi alma reclamaría que fuera así mi situación. ¿Mudo para quiénes? ¿Mi alma se comunicaría mejor así?. Eran las preguntas que las pensaba, Y no los sabía contestar.