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El mundo, todavía...

Efejota

Poeta asiduo al portal
A Eratalia, para que vea que no siempre fui tan lúgubre.

Mis hormonas aún eran un desfase,
y el mundo, todavía una ventana,
el lunes, lo peor de la semana,
Susana, la más guapa de la clase.

Que alguien muriera sólo era una frase,
las horas perseguían el mañana,
yo aún era más príncipe que rana
y no había dolor que no curase.

Mi madre terminaba de mecer*,
mi padre, si paraba por el bar,
regresaba a las ocho del taller.

Mi historia se afanaba en comenzar
y cada día iba a suceder
algo que no acababa de pasar.


*Mecer: en algunas zonas de Asturias y Galicia, ordeñar las vacas.
 
Última edición:
Querido Efejota, me encantan todos tus temas relatando esas vivencias cotidianas, tan comunes y humanas, pero sobre todo con ese lenguaje tan divertido que hace tan ameno leer y releer. Soy tu fan, por si no lo sabes.

Mi abrazo con una sonrisa de oreja a oreja,

Gladiadora_____________
 

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A Eratalia, para que vea que no siempre fui tan lúgubre.

Mis hormonas aún eran un desfase,
y el mundo, todavía una ventana,
el lunes, lo peor de la semana,
Susana, la más guapa de la clase.

Que alguien muriera sólo era una frase,
las horas perseguían el mañana,
yo aún era más príncipe que rana
y no había dolor que no curase.

Mi madre terminaba de mecer*,
mi padre, si paraba por el bar,
regresaba a las ocho del taller.

Mi historia se afanaba en comenzar
y cada día iba a suceder
algo que no acababa de pasar.


*Mecer: en algunas zonas de Asturias y Galicia, ordeñar las vacas.


A mí cada vez me parece mejor tu forma de escribir, Efejota, este soneto también me encanta.
Este cuarteto es para envidiarlo. Me quedo con él, pero los tres versos anteriores son iguales o mejores.

Que alguien muriera sólo era una frase,
las horas perseguían el mañana,
yo aún era más príncipe que rana
y no había dolor que no curase.


El primer verso es un poco raro.

Saludos, para ti y para Susana,
 
A Eratalia, para que vea que no siempre fui tan lúgubre.

Mis hormonas aún eran un desfase,
y el mundo, todavía una ventana,
el lunes, lo peor de la semana,
Susana, la más guapa de la clase.

Que alguien muriera sólo era una frase,
las horas perseguían el mañana,
yo aún era más príncipe que rana
y no había dolor que no curase.

Mi madre terminaba de mecer*,
mi padre, si paraba por el bar,
regresaba a las ocho del taller.

Mi historia se afanaba en comenzar
y cada día iba a suceder
algo que no acababa de pasar.


*Mecer: en algunas zonas de Asturias y Galicia, ordeñar las vacas.

Me gusta tu forma de hacer poesía, lo que cuentas y como lo cuentas; habrá que esperar por más entregas...
Que alguien muriera sólo era una frase,
las horas perseguían el mañana,
yo aún era más príncipe que rana
y no había dolor que no curase.

Me ha encantado.
Isabel
 
Última edición:
Bueno, me acabo de topar con esta dedicatoria de poema... Yo nunca he dicho que tú seas lúgubre, me limité a copiar lo que tú mismo dices de ti. Una persona con tan aguzado sentido del humor (del color que sea) no suele ser lúgubre, aunque puede haber excepciones.
En cuanto a los versos los había leído al otro lado de intenet, o sea que ya los conocía y los había festejado como se merecen, aunque quizás se merezcan aún más.

Saludos cordiales.
 
A Eratalia, para que vea que no siempre fui tan lúgubre.

Mis hormonas aún eran un desfase,
y el mundo, todavía una ventana,
el lunes, lo peor de la semana,
Susana, la más guapa de la clase.

Que alguien muriera sólo era una frase,
las horas perseguían el mañana,
yo aún era más príncipe que rana
y no había dolor que no curase.

Mi madre terminaba de mecer*,
mi padre, si paraba por el bar,
regresaba a las ocho del taller.

Mi historia se afanaba en comenzar
y cada día iba a suceder
algo que no acababa de pasar.


*Mecer: en algunas zonas de Asturias y Galicia, ordeñar las vacas.
A Eratalia, para que vea que no siempre fui tan lúgubre.

Mis hormonas aún eran un desfase,
y el mundo, todavía una ventana,
el lunes, lo peor de la semana,
Susana, la más guapa de la clase.

Que alguien muriera sólo era una frase,
las horas perseguían el mañana,
yo aún era más príncipe que rana
y no había dolor que no curase.

Mi madre terminaba de mecer*,
mi padre, si paraba por el bar,
regresaba a las ocho del taller.

Mi historia se afanaba en comenzar
y cada día iba a suceder
algo que no acababa de pasar.


*Mecer: en algunas zonas de Asturias y Galicia, ordeñar las vacas.
Excepcioalmente hermoso tu modo de contarlo, Efejota. Destila nostalgia y sentimiento. Y a mí me deja tocada.
Un fuerte abrazo.
Jazmín
 

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