Évano
Libre, sin dioses.
El mundo, todo su peso,
recae en pies de taludes,
con tanto miedo al vacío
que por su abismo es futuro.
Pensar que lo que no has hecho
es ancla que te impulsa hacia abajo,
a piedras que siempre hubo.
Sobrevolar, ¿sobre qué?,
si eres la roca esperando.
Ese aliento que no entra,
la brisa, la sal en el rostro;
alas que no se desplegan
y esa sombra que me espera
que es silueta obscura y negra,
o noche que se contempla.
¡Morir, salir, laberinto.
Alrededores en mí!
Cae, desciende, es siempre
un ser inexistente:
como el pasado de piedra,
como el futuro que cuelga.
¡Final, aspirar, romper,
reventar mundos de mierda!,
o volar sobre la hiedra,
sobre una sombra perdida
que anda sobre los bordes
de un vivir acantilado.
Quizás despegue mi vuelo
tras dejar la sombra que fui;
después de haberme muerto,
o que Mariám me muerda los pies
o el cerebro de Ethel pase al otro lado.
Ja ja ja ja ja y juás
recae en pies de taludes,
con tanto miedo al vacío
que por su abismo es futuro.
Pensar que lo que no has hecho
es ancla que te impulsa hacia abajo,
a piedras que siempre hubo.
Sobrevolar, ¿sobre qué?,
si eres la roca esperando.
Ese aliento que no entra,
la brisa, la sal en el rostro;
alas que no se desplegan
y esa sombra que me espera
que es silueta obscura y negra,
o noche que se contempla.
¡Morir, salir, laberinto.
Alrededores en mí!
Cae, desciende, es siempre
un ser inexistente:
como el pasado de piedra,
como el futuro que cuelga.
¡Final, aspirar, romper,
reventar mundos de mierda!,
o volar sobre la hiedra,
sobre una sombra perdida
que anda sobre los bordes
de un vivir acantilado.
Quizás despegue mi vuelo
tras dejar la sombra que fui;
después de haberme muerto,
o que Mariám me muerda los pies
o el cerebro de Ethel pase al otro lado.
Ja ja ja ja ja y juás
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