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El muñeco verde del semaforo.

xebastian

Poeta recién llegado
Desde la calle animas:
Esta es una carta desesperada, de una vida inesperada. No se como me llamo. No se cuando o donde nací, ni que o quien soy.
Me encuentro inmerso en un mar de pensamientos, perdido como en una gran ciudad sin metro. No hay norte, ni sur, ni oeste o este. Nunca me enseñaron a medir el tiempo. Sólo, vacío. Me han asaltado y golpeado. Me han atropellado, me ha escupido un tío acatarrado, me han pintado unos degenerados y me he intoxicado con los vapores de un mal alquitrán.
Día tras día centenares de errantes almas pasan delante de mí, sin dedicarme mayor atención que una fugaz mirada. No encuentro sentido a nada, se que formo parte de algo, de algo grande y complejo, pero no hay lógica, no hay lógica en todo esto…es un absurdo, un sin remedio un trabajo a tiempo completo.
Esta es una carta desesperada, de una vida inesperada. Se que formo parte de algo. Intuyo leyes y demás elementos, reglas que marcan mi aburrimiento…ahora estoy y en tres minutos desaparezco, alguien me sustituye por un momento. Jamás le veo, a veces le oigo desde afuera como llama a sus borregos, con un piar inquieto, pero nunca estamos al mismo tiempo. El solfea, yo solo pienso en estáticos, quietos, mil y un momentos.
Esta es una carta desesperada, de una vida inesperada. Que solo me encuentro, que triste lamento. Yo se lo que es la soledad y mas cuando sopla el viento. Que terribles los elementos. No hay paraguas que me cubra de la lluvia en otoño, ni bufanda o gorro en invierno. No hay sombrilla en verano, ni besos en primavera, ni un antihistamínico siquiera.
Es una cárcel. Entonces, soy preso y convicto. Culpable por consenso. Tal vez sea… ¿Un delincuente? o… ¿un asesino?, o tal vez… ¿un violador? No, debo de ser un rapsoda de la muerte o algo mucho peor…un monstruo de siete cabezas, veintinueve ojos, de gigantes dientes y dos antenas, un devorador de hombres indefensos, una bestia de otro tiempo.
Mi delito es pensar. Maldito sea por nacer en este lugar. Malditos vosotros que pasáis al andar y ni un gesto de solidaridad.
Cuando desaparezco, me sumerjo en un algo eterno, una oscuridad extensa, amplia como si fuera libre por un momento. Me siento grande, basto poderoso fluyo a través de circuitos eléctricos. No soy chispa, soy rayo, y no envejezco. Mil millones de kilómetros recorrería en un momento, que yo sepa, ningún hombre ha hecho eso. Si, soy omnipotente, un dios en un momento, hasta que el otro calla y florezco. No, aun no esta el muñeco… ¿creéis que soy señal, que no siento?
Esta es una carta desesperada, de una vida inesperada. Ya se, estoy loco. Si debe de ser eso. Neurosis, paranoia, esquizofrenia, depresión, síndromes, complejos, obsesiones, traumas, desviaciones de conducta, angustia, adicciones, fobias, desordenes, trastornos obsesivo compulsivo y maniaco depresivo con algo de alzheimer… todo junto y revuelto, debe ser eso…no es real, yo estoy en otro lugar. ¿Tal vez sea artista?, un incomprendido, un visionario, un asceta, un ermitaño, un beato aun no santificado.
Esta es una carta desesperada, de una vida inesperada. Tal vez no existo… ¡Claro que existo! Y si no, ¿porque sufro por este cruel encierro? O ¿porque soy dios cuando desaparezco?
Esta es una carta para no ser leída. Es una carta que no será entendida. No es nada, simplemente nada.
Desesperadamente:
El muñeco verde del semáforo
 

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