Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Me apoyé sobre el muro de piedra
con la esperanza de que su frialdad
y su dureza
apagaran estas voces.
Siento a los fantasmas morder y desfigurar
todo lo que en mí debería de ser
puro.
El más esquelético resplandor de calma,
al final,
acaba sangrando
para alimentar bestias que ya daba por muertas.
Tras la ventana se desconcha la aurora.
Empieza a llorar una lluvia
de cadáveres de arcoiris.
El color del mundo se disipa entonces,
fundiéndose con la piedra que me mantiene en pie.
Yo misma empiezo a hundirme también,
a ser absorbida por el muro.
Cierro los ojos y me dejo convertir en parte de su silencio.
con la esperanza de que su frialdad
y su dureza
apagaran estas voces.
Siento a los fantasmas morder y desfigurar
todo lo que en mí debería de ser
puro.
El más esquelético resplandor de calma,
al final,
acaba sangrando
para alimentar bestias que ya daba por muertas.
Tras la ventana se desconcha la aurora.
Empieza a llorar una lluvia
de cadáveres de arcoiris.
El color del mundo se disipa entonces,
fundiéndose con la piedra que me mantiene en pie.
Yo misma empiezo a hundirme también,
a ser absorbida por el muro.
Cierro los ojos y me dejo convertir en parte de su silencio.
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