El niño accidentado

Évano

Libre, sin dioses.
El sol y la rivalidad refulgían en un campo donde los niños jugaban. Unos correteando sobre las ramas, tratando de alcanzarse entre ellos; otros enfrentándose en un partido de fútbol, aprovechando a los árboles como porterías sin largueros. Se oyó un chasquido y un fuerte trastazo, atrayendo a todos los ojos y, al momento, a los cuerpos, que rodearon al niño accidentado. Lloraba y tartamudeaba. No se podía mover. No sé cómo describir lo que sintieron cuando les dijo que lo mataran, que no podría vivir toda la vida en una silla de ruedas. Al acabar la frase lo golpearon hasta la muerte con piernas, puños y piedras. Él ya sabía que en las juventudes hitlerianas no se admitían tarados ni tullidos.
 
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Qué duro final... Esperemos nunca suceda algo así. Siempre me impactan y me atrapan tus escritos, Évano. Mis estrellas para ti. Un abrazo.
 
Sentidas pinceladas nos deja. Me opacó el día, los niños y los ancianos son mi debilidad,la crueldad a ellos me anuda el corazón. Cuántos palos se les da con la indiferencia y el desprecio en ésta sociedad carcomida por el poder y la injusticia, cuántos corazones quebrantados por el hambre y la miseria, en el caos del planeta, ellos son las víctimas, es deber de todos cuidarlos y darles amor, se empieza por lo alcanzable. Excelente micro. Le felicito. Feliz tarde. Abrazos..
 
Hay que abrir los ojos porque en la locura del rumbo que llevamos nos falta muy poco. Exelente obra Sr. Évano profundo y casi, casi real (ojalá que no). Felicitaciones y saludos poeta
 

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