Wendy Herrera
Poeta recién llegado
EL NIÑO DE LOS MANGOS
Tan inocente y tierno entre los árboles, corriendo libremente con alegría, mientras el viento soplaba por su rostro dejando ver sus hermosos cabellos de oro; con esa mirada pícara que despertaba sospecha de que algo tramaba esa cabecita inocente, ansioso por alcanzar uno de los más bellos frutos, seleccionado con el ojo de un buen observador.
Cada fino detalle tomado en cuenta antes de arrancar del árbol el más llamativo fruto, su sonrisa reflejada de gusto al sentir tan próximo aquel delicioso sabor. Tan cerca de cometer su osadía, brincaban todos sus sentidos al disfrutar ese jugoso manjar que se escurría entre sus labios dejando huella de tremenda travesura.
Regresaba orgulloso, callado y satisfecho; con el rostro iluminado de placer y también del néctar que dejaba en claro, aquel inconfundible acto valiente que con la frente en alto negaría, aquella aventura de glotonería.
Tan inocente y tierno entre los árboles, corriendo libremente con alegría, mientras el viento soplaba por su rostro dejando ver sus hermosos cabellos de oro; con esa mirada pícara que despertaba sospecha de que algo tramaba esa cabecita inocente, ansioso por alcanzar uno de los más bellos frutos, seleccionado con el ojo de un buen observador.
Cada fino detalle tomado en cuenta antes de arrancar del árbol el más llamativo fruto, su sonrisa reflejada de gusto al sentir tan próximo aquel delicioso sabor. Tan cerca de cometer su osadía, brincaban todos sus sentidos al disfrutar ese jugoso manjar que se escurría entre sus labios dejando huella de tremenda travesura.
Regresaba orgulloso, callado y satisfecho; con el rostro iluminado de placer y también del néctar que dejaba en claro, aquel inconfundible acto valiente que con la frente en alto negaría, aquella aventura de glotonería.
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