luis mantilla
Poeta recién llegado
Un caramelito jefecito,
cómpreme uno ..por caridad.
Estaba ya casi amaneciendo,
el frío y la lluvia castiga la calle sin piedad;
tendría solo diez aquel niño,
sin zapatitos y en manguitas cortas,
vendía su agradable caramelito,
no tenía siquiera voz ni porte de varón,
tampoco conocía la compasión,
a este angelito le sobraba el corazón.
No era para él, el dinero logrado,
menos aún para el dispalfarro y el juego aventurado,
solo interesaba su mamita amada, enferma , desahuciada y caída,
a quien el maligno cáncer la consumía en vida;
admiré el valor del niño, de pena y conmovido,
le obsequio unos centavos,
por el gesto de aquel inmenso crío me puse muy triste e ido.
Pasaron semanas de aquel triste encuentro,
Jamás pensé volver a verlo;
una tarde de lúgubre semblante,
en una esquina de la que no quiero acordarme,
la gente alborotada clamaba aterrada,
me acerqué presagiando muerte y poco aliento,
cual grande mi sorpresa,
el niño del caramelito perdía su mirada en el azul cielo,
atropellado y tirado sobre la acera de la fatalidad,
susurraba sueño eterno,
las madres santas que transitaban golpeaban sus pechos,
clamaban milagros, llamaban a Dios.
Llorando este pasaje cruel de mi destino tenté al Señor:
¿Porqué Dios, porqué?
grueso fue mi llanto,
ahora le había encontrado el sabor acerbo a la vida de desencanto,
la maldecí por cruel y villana,
me dije seguirá siendo ella una maldita tirana.
Arrodillado ante el inerte cuerpecito
vi entre sus manitas la bolsita del pequeñito,
en la que descansaba el agradable caramelito.
LUIS MANTILLA (LUMAN)
cómpreme uno ..por caridad.
Estaba ya casi amaneciendo,
el frío y la lluvia castiga la calle sin piedad;
tendría solo diez aquel niño,
sin zapatitos y en manguitas cortas,
vendía su agradable caramelito,
no tenía siquiera voz ni porte de varón,
tampoco conocía la compasión,
a este angelito le sobraba el corazón.
No era para él, el dinero logrado,
menos aún para el dispalfarro y el juego aventurado,
solo interesaba su mamita amada, enferma , desahuciada y caída,
a quien el maligno cáncer la consumía en vida;
admiré el valor del niño, de pena y conmovido,
le obsequio unos centavos,
por el gesto de aquel inmenso crío me puse muy triste e ido.
Pasaron semanas de aquel triste encuentro,
Jamás pensé volver a verlo;
una tarde de lúgubre semblante,
en una esquina de la que no quiero acordarme,
la gente alborotada clamaba aterrada,
me acerqué presagiando muerte y poco aliento,
cual grande mi sorpresa,
el niño del caramelito perdía su mirada en el azul cielo,
atropellado y tirado sobre la acera de la fatalidad,
susurraba sueño eterno,
las madres santas que transitaban golpeaban sus pechos,
clamaban milagros, llamaban a Dios.
Llorando este pasaje cruel de mi destino tenté al Señor:
¿Porqué Dios, porqué?
grueso fue mi llanto,
ahora le había encontrado el sabor acerbo a la vida de desencanto,
la maldecí por cruel y villana,
me dije seguirá siendo ella una maldita tirana.
Arrodillado ante el inerte cuerpecito
vi entre sus manitas la bolsita del pequeñito,
en la que descansaba el agradable caramelito.
LUIS MANTILLA (LUMAN)