Krístinn Óttarsson
Poeta recién llegado
La luna se ha puesto a nadar sobre el martíni.
La sal se torna en un rosa taciturno,
y todas las virtudes del alma
caen en picada sobre las densas paredes
del esófago, perdiéndose en la errabundez
del pensamiento.
Entonces la luz llega.
Un festival de neones encendidos
que se reflejan sobre los invitados,
vestidos de cuero negro y otras sutilezas
de la temporada, y la rueca de electro-pop
neoclásica alrededor del sillón Luís XVI.
Serás de mis ojos, cuando el alcohol acabe
y tus ojos verdes se transformen en tumulto
y agonía. Adoro tus pantimedias de sombra
y tu vestido de un largo imaginado. Nadie
te comprende cuando aclaras tu cabello
con Tang de Naranja.
Esta noche es la estampida de búfalos verdes
sobre el acantilado de Saint-Gardé.
Muy bien, entonces ve con Tannhäuser
a pedir el perdón del Papa.
No me lo dará, ya lo sabes.
Y bien que seremos dos.
La sal se torna en un rosa taciturno,
y todas las virtudes del alma
caen en picada sobre las densas paredes
del esófago, perdiéndose en la errabundez
del pensamiento.
Entonces la luz llega.
Un festival de neones encendidos
que se reflejan sobre los invitados,
vestidos de cuero negro y otras sutilezas
de la temporada, y la rueca de electro-pop
neoclásica alrededor del sillón Luís XVI.
Serás de mis ojos, cuando el alcohol acabe
y tus ojos verdes se transformen en tumulto
y agonía. Adoro tus pantimedias de sombra
y tu vestido de un largo imaginado. Nadie
te comprende cuando aclaras tu cabello
con Tang de Naranja.
Esta noche es la estampida de búfalos verdes
sobre el acantilado de Saint-Gardé.
Muy bien, entonces ve con Tannhäuser
a pedir el perdón del Papa.
No me lo dará, ya lo sabes.
Y bien que seremos dos.