poeta carlo magno
Poeta fiel al portal
En una ocasión hubo un incendio, y dentro de la casa que se incendió se encontraba un niño, y en el cuarto del niño había un oso de peluche; al ser rescatado el niño junto con su madre, el niño lloraba por su oso.
El niño angustiado gritaba:
- ¡Yo quiero a mi oso!.
Y el bombero sin saber a qué se refería, preguntó:
- ¿De qué oso hablas?. Lo importante es salvar tu vida y la de tu mamá.
- ¿Y la de mi oso, que pasa con su vida?.
- El oso no tiene vida –contestó el bombero-.
- Sí la tiene –dijo el niño-, habla conmigo todos los días, es mi principal compañía.
- ¿Dónde está? –rápido preguntó el bombero-.
- Ahí debajo de esa mesa –señaló el niño-.
Y el bombero poniendo en un lugar seguro al niño y a la madre, recorrió unos pasos, y estiro su mano debajo de la mesa, y alcanzó a rescatar al oso de peluche sin daño alguno.
Al estar los tres libres de todo peligro, junto con el oso de peluche; y al mirar al niño sonriente, el bombero preguntó:
- ¿Cómo está el oso, tu amiguito?.
- Muy bien –dijo el niño-, muchas gracias –y abrazó al bombero-.
La moraleja es: Tiene vida y valor aquello que para nosotros es importante, y a veces nos ayuda a llenar un vacío.
Autor: Carlo Magno Simental Torres
Del libro: Cuentos De Este Siglo
El niño angustiado gritaba:
- ¡Yo quiero a mi oso!.
Y el bombero sin saber a qué se refería, preguntó:
- ¿De qué oso hablas?. Lo importante es salvar tu vida y la de tu mamá.
- ¿Y la de mi oso, que pasa con su vida?.
- El oso no tiene vida –contestó el bombero-.
- Sí la tiene –dijo el niño-, habla conmigo todos los días, es mi principal compañía.
- ¿Dónde está? –rápido preguntó el bombero-.
- Ahí debajo de esa mesa –señaló el niño-.
Y el bombero poniendo en un lugar seguro al niño y a la madre, recorrió unos pasos, y estiro su mano debajo de la mesa, y alcanzó a rescatar al oso de peluche sin daño alguno.
Al estar los tres libres de todo peligro, junto con el oso de peluche; y al mirar al niño sonriente, el bombero preguntó:
- ¿Cómo está el oso, tu amiguito?.
- Muy bien –dijo el niño-, muchas gracias –y abrazó al bombero-.
La moraleja es: Tiene vida y valor aquello que para nosotros es importante, y a veces nos ayuda a llenar un vacío.
Autor: Carlo Magno Simental Torres
Del libro: Cuentos De Este Siglo
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