EL NIÑO Y EL TIEMPO
Es delicia y cascabel
del chiquillo la sonrisa
que, como niño, precisa
cariño de churumbel.
Es amapola y clavel
de sus labios el color
y destilan tanto amor
que en el alma se me aloja
la alegría sin congoja
de tan bellísima flor.
Pero el tiempo no tolera
la inocencia del infante
tan feliz y tan radiante
como el agua de rivera.
Y por la verde pradera
de su breve juventud
se marchita la salud
del muchacho que, confuso,
ve en su porvenir difuso
el fin de la plenitud.
Y la muerte se lo lleva
mientras su rostro sonríe
y sin que nadie lo guíe
hacia los cielos se eleva.
Es su paz la que es longeva
y es el tiempo quien perece,
y su tic tac adolece
de sonoras sinfonías,
y sus noches son sombrías...
¡Y en los cielos amanece!
--..--