jorgeaa
Poeta recién llegado
EL NOTICIERO DE LAS DIEZ
Estoy aburrido de ver el noticiero,
donde se transmite lo mismo noche y día
en consecutiva repetición.
La puta entrevista a Ronaldo,
el alza de los precios de la carne,
je suis charlie y su omnipresencia repentina.
Ahí en un recóndito lugar,
de un viejo y empolvado mueble,
abandonando en el olvido;
se encuentra en peores condiciones,
una apolillada antología,
cuyo nombre inspira un vago recuerdo.
Dentro de esta,
se encuentran cientos de papeles,
y el doble de palomillas.
Con la curiosidad de un niño,
exploro un mundo impreso;
entre tinta, fotografías y recortes,
y soy tan familiar a este nuevo universo.
En definitiva,
es un lugar donde ya había estado antes;
copioso de palabras y silencios,
recuerdos y olvido,
pasión e indiferencia.
Mis latidos retumban tanto,
que me es inevitable escucharlos,
mis palmas sudorosas,
han llegado a corroer la tinta de los papeles en mis manos,
y una lágrima solitaria,
nubla un verso,
que no había saboreado la nostalgia en años.
Y descubro por centésima vez,
que ya no soy lo que fui,
descubro por centésima vez,
lo que era y lo que soy,
descubro por centésima vez,
la delgada línea,
entre vivir y existir.
Ordeno todo,
dentro del mueblecito empolvado,
ya comienza ahora,
el noticiero de las diez.
Jorge Aguilar Amado
Estoy aburrido de ver el noticiero,
donde se transmite lo mismo noche y día
en consecutiva repetición.
La puta entrevista a Ronaldo,
el alza de los precios de la carne,
je suis charlie y su omnipresencia repentina.
Ahí en un recóndito lugar,
de un viejo y empolvado mueble,
abandonando en el olvido;
se encuentra en peores condiciones,
una apolillada antología,
cuyo nombre inspira un vago recuerdo.
Dentro de esta,
se encuentran cientos de papeles,
y el doble de palomillas.
Con la curiosidad de un niño,
exploro un mundo impreso;
entre tinta, fotografías y recortes,
y soy tan familiar a este nuevo universo.
En definitiva,
es un lugar donde ya había estado antes;
copioso de palabras y silencios,
recuerdos y olvido,
pasión e indiferencia.
Mis latidos retumban tanto,
que me es inevitable escucharlos,
mis palmas sudorosas,
han llegado a corroer la tinta de los papeles en mis manos,
y una lágrima solitaria,
nubla un verso,
que no había saboreado la nostalgia en años.
Y descubro por centésima vez,
que ya no soy lo que fui,
descubro por centésima vez,
lo que era y lo que soy,
descubro por centésima vez,
la delgada línea,
entre vivir y existir.
Ordeno todo,
dentro del mueblecito empolvado,
ya comienza ahora,
el noticiero de las diez.
Jorge Aguilar Amado
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