buhodicenzo
Poeta recién llegado
El novelista del Bosque negro
Novela
A Abelardo Castillo.
A Modo de Prologo.
Este intento de novela pertenece a la ficción, intento acercarme a Abelardo Castillo, a su obra, también a Borges, es un camino. Se que es una tarea difícil ser narrador, también por la critica, no somos escritores para todos, asi que asumo mi condición de narrador, con precaución intentando llegar a un lector.
J.D
I
Era una noche, estrellada, una noche que buscaba abismos, y el novelista del bosque negro, tomó su cuchillo, era un asesino, pero escribía, esa noche decidió escribir una novela.
Aquella novela trataba de un escritor y ajedrecista.
Era de noche. El escritor miro el horizonte, y su historia comenzó .
El novelista era un genio, la historia trataba de un ajedrecista y escritor .
Era un viaje a las tierras del dragón mítico .
En esos días el escritor miraba desde un puente, y escribia la novela de su vida.
Era una noche, lejana en el universo.
II
Pasaron los días el escritor era un impostor, escribía una novela.
Llegaría hasta el bosque negro, y era su pasión leer Abelardo Castillo.
El era un novelista, y miraba el horizonte.
Escritor de la costa del Paranà, silenciero de las ausencias.
Pensaba en un viaje a la tierra del dragòn.
III
Era un atardecer, y el lector fuè a la costa. A tomar un café, y siguió con su novela.
El novelista inmortal.
Su viaje a la tierra de dragones estaba cerca
Eran días y noches de escritura, el novelista escribia otra realidad.
El escritor y novelista renacia en sus paginas,
Era un personaje de libros de aventuras.
La aventura de un novelista y ajedrecista, en medio de un mundo raro.
IV
Eran noches de insomnio, donde nada tenía sentido.
El ajedrecista tomaba forma en su novela, era un genio.
La madrugada era extraña en Argentina, el novelista escribía sobre otro novelista.
Era un viaje lejano en medio de sueños.
V
El novelista escribía para otro personaje, de un ajedrecista famoso, en medio de la nada.
Escribía lejano como perdido en un desierto.
El escritor, soñaba con muchos lectores, por su casa aparecían unos gatos negros grandes.
El bosque negro era de la tierra de los dragones.
Era un viaje del novelista, y este escribia cada momento.
Narrador puro.
VI
Era un novelista fiel, corregía sus escritos, una y otra vez, aquella noche leyó a Abelardo Castillo, y fué caminando por una playa, esa playa lejana.
Su viaje sería hasta el bosque negro tierra de dragones.
VII
El novelista creó un personaje que era un novelista, y aquella historia cobro vida.
El tiempo para viajar a un mundo desconocido.
Llegar al bosque era un viaje lejano.
VIII
Siempre deseo ser escritor, del olvido, todo autor es del olvido.
IX
El novelista mira el futuro, y advierte que el viaje será largo.
Y sigue escribiendo su novela.
El tiempo es delicado.
X
El novelista escribe, como su diario inèdito, escribe su novela.
Camina por la playa, y es ese escritor que se doblega.
Debe llegar al bosque negro.
XI
Camina por una playa desertica de Uruguay, y mira el horizonte.
XII
EL escritor hace juegos, y juega ajedrez con su personaje.
XIII
En la novela el novelista hace cosas imposibles, como volar, y es ese acercamiento a un mundo real, a otros mundos.
XIV
El novelista juega con su personaje, que es novelista, y juega ajedrez, y lee poesía en Palermo de Buenos Aires.
Es solo un novelista mas.
XV
Ser novelista y guardar un diario inédito, ser narrador, y jugar era el viaje del escritor.
Ese viaje lo convertía en impostor.
Lo llegaba a ser un autor, otro escritor apócrifo.
XVI
El viento llevaba al novelista por unos caminos sinuosos, los personajes eran sombras, el novelista escribía su historia, y vivía el lugar, los lugares, y viajaba en un tren al lugar de los dragones.
XVII
Soy el otro lado de la sombra, escritor, el novelista que viaja a un lugar.
El ajedrez es para entretener, pero es bueno para la salud.
XVIII
Soy ese novelista, el novelista acá hace una omisión, y mira el derredor y ve solo fantasmas.
Esos son otros fantasmas.
XIX
Ser un novelista, y escribir lo caminado, el tren viajaba por túneles.
Y jugaba un ajedrez lejano.
XX
El novelista daba vida a otro ser, otras realidades.
XXI
Siempre era un fugaz paso por la nada.
XXII
Escribir en el tren era hermoso, se veian los cielos de noche .
XXIII
Es vivir en todo, y en la nada, ser un novelista, que escribe sobre otro.
El jugaba ajedrez.
Aquella tarde el tren marchaba, pero el sueño lo llevaba a otras zonas.
XXIV
El novelista miraba su pantalla de celular y jugaba ajedrez.
El tiempo transcurría, era una historia de ficción la que el escribìa.
XXV
Era otro mundo, otra historia, en medio del viaje en tren.
XXVI
Alguna vez fui novelista, ahora soy un viajero que mira películas en un celular.
El novelista se cuestionó
XXVII
Aquella noche el tren bajaba por una cornisa de varios metros y la nieve llenaba todo.
El novelista seguía con su novela, y miraba las jugadas de ajedrez.
XXVIII
El lugar estaba solitario, los abismos yacían en varias direcciones.
XXIX
Ese era el novelista de azul, vestido para una fiesta, pero el viaje era real.
XXX
Era un escritor con prestigio, editaba cada tanto en su pueblo.
XXXI
El novelista miraba el vidrio del tren y se imaginaba en un torneo, moviendo las piezas.
XXXII
Era el real emblema de los intelectuales, era un genio.
XXXIII
Miraba los cerros pasar y se veìa en el bosque negro.
XXXIV
Miraba en la pantalla del celular las partidas de ajedrez.
XXXV
El novelista escribia mojando su sangre, esa novela máxima.
XXXVI
Era un genio mirando ajedrez y jugando ajedrez.
XXXVII
Ser otro novelista en otro libro. Y mirar el tren y el paisaje.
XXXVIII
Ser el escritor que hace el tiempo, que renace de sus cenizas.
XXXIX
Ser la otra cara de una moneda, ajedrecista.
XL
Ser el otro espejo donde se miran los novelistas
XLI
Mirar otros lectores, con otros ojos, y mirar lo infinito.
XLII
Mirar el lago de sangre de las vivencias y viajar en un tren.
XLIII
Ser lo otro que no se es en el instante de escribir una novela.
XLIV
Escribir
Escribir otra historia que no sea esta, otro lugar, otro destino.
XLV
Ser el otro escritor
Vivenciando otras palabra en la nada.
XLVI
Ser un escritor como un novelista lejano.
XLVII
El novelista miraba el paisaje, y escribia su diario inèdito.
Su prosa era lejana, leìa a Juan Josè Saer, escritor lejano.
Leìa todo y todo lo que podía.
XLVIII
Ser lo demás, y el escritor ferviente, el novelista autentico.
XLIX
El novelista escribía prosa poética, y se sentía fuerte.
El otro novelista era el real.
L
Se miraba en el vidrio y el viaje seguía hasta que parò en una ciudad, y en el cartel decía. Bosque Negro .
LI
Había bajado del tren y un hombre enano le dio:
_Este es la entrada del bosque negro tierra de dragones, debes pasar varias ciudades.
El enano le indico el destino.
El novelista tomó su pluma y cuadernillo.
Se adentró en una de las ciudades en esos lugares.
LII
El novelista entró en la ciudad, y vio gente jugando ajedrez, era un país con esa tradición.
Camino por lugares sagrados, le hablaban del bosque negro y la tierra del dragòn.
Y fue a un templo de joyas preciosas.
Allì un sacerdote le hablo:
-Esta es tu misión, entrar en la tierra del gran dragòn.
El sacerdote bendijo mis libros y se marcho.
LIII
El camino era largo, y las ciudades eran distantes.
El novelista escribia su diario.
Allì se dio cuenta que el aire era fresco.
El aire de montaña lo ponìa bien.
LIV
El novelista caminó por el lugar entró a varios templos, y escribía en su diario inèdito.
Buscó comida y agua, allí lo invitaban los habitantes.
El novelista escribia y reescribias sus poemas y novelas, sus diarios inèditos, era un genio.
LV
Siempre fué espiritual, pero el novelista entró a un laberinto:
El guardián del laberinto dijo:
- Este es el inicio del camino al bosque oscuro.
Y le aclaro que había una gran distancia.
Esa distancia era muy grande con bosque de árboles gigantes
LVI
Eran los albores de un día lejano, en medio del universo y el novelista escribía su diario.
Aquellos habitantes eran extraños de diferentes razas.
LVII
Era un sol para toda la ciudad, y el bosque negro estaba muy lejos de allì.
LVIII
El tiempo de escribir era lejano, largo, los bosques que debía pasar eran inmensos .
El novelista estaba cansado, y encontró refugio en un gran árbol.
Allí un enano le habló:
- Soy un enano rojo, con fuerza física yo te puedo acompañar en el camino al bosque negro, allí encontraras el refugio final para tu diario inédito.
LIX
Ese era el camino y el enano rojo lo acompaño en ese largo camino.
LX
Avanzaron por unas murallas y troncos verdes retorcidos.
El novelista anotaba sus versos y narrativas.
LXI
Allí vio unos seres gigantes víboras de color verde.
Enmarañados caminos de la nada.
Y unos jugadores de ajedrez estaban en una mesa jugando.
LXII
Era un. Viento y el tiempo del novelista.
LXIII
Eran lugares sagrados, y un camino lejano al bosque negro.
Segunda parte
Camino por el bosque de cristal.
I
El enano y el novelista atravesaron un paraje y estaba el bosque de cristal.
Tomó su anotador y escribió en el diario inédito.
II
Los grandes bloques de cristal y bosques petrificados hacían que el frio le penetrara en ellos.
III
Eran seres débiles que buscaban el origen de su destino.
IV
El enano tomó un gran bloque y lo tiró por una caverna.
V
El tiempo de un novelista no es el tiempo de su obra.
VI
El novelista caminó por un pilar y entró a un santuario.
En el santuario estaban estatuas petrificadas.
VII
Asi fue a una pared de hielo y escribió estos poemas:
El mar rojo Diptico Javier Dicenzo
Ayer a las 10:03 am
I
El sol ilumina el mar de rojo
rojo ilumina el sol la mar
la mar de mares en unos mil ojos
el sol da luz en unos mil altares..
II
El sol da luz en unos mil altares
como focas de azules de mares
rojo ilumina el sol la mar
los soles dan luz en juegos de mares.
Era el poema de Javier Dicenzo, otro novelista de esta historia.
VIII
El enano lo acompañó por unos templos de la antigüedad.
El tiempo se hacia largo
IX
El diario inédito yacía junto a un puma muerto, que había querido atacar y así se salvo el novelista, el enano estaba medio muerto también, y despertó el novelista y vio los hechos.
X
El novelista se incorporó y con el enano caminaron varias millas, en medio del silencio del bosque de cristal.
XI
Eran auroras, en ese mundo que una vez fuè la tierra, eran lugares milenarios de millones de años de existencia.
El bosque negro estaba muy lejos, y las estrellas iluminaban todo.
XII
El enano parò a comer frutas, y el novelista escribió:
Azul… el tiempo de diario inèdito es azul y el mar del tiempo…
XIII
Eran grandes cuevas que pasaron, un sistema que tenìan los dioses del bosque.
Habìa unas naves grandes que volaban en el cielo.
XIV
El tiempo parecía no transcurrir o transcurrir en pausa.
Eran lugares frios.
Donde los hombres no existían, y lugares solitarios del mundo.
Eran lugares desérticos, en medio de un universo lejano.
El enano arañaba la nieve.
XV
El tiempo era frio, y frio eran todos esos lugares.
Era un tiempo frio, donde el novelista escribia en su diario.
El lugar era de estatuas de hielo.
XVI
En esos lugares de cristal, estaban unas gárgolas lejanas y penumbrosas.
En las gárgolas grandes ojos de cristal.
XVII
En muchos mundos, en varios mundos estaban el enano y el novelista.
El otro novelista, el escritor fracasado, genio inentendible.
XVIII
Escribir en unos lugares fríos, lejanos a la humanidad, en un punto infinito del universo.
Escribir, en lugares lejanos de la existencia.
XIX
Escribir, era lo que hacia el novelista.
Jugador de ajedrez.
Escribir era lo otro, en la ciudad de hielo.
XX
Ser un escritor, y solitario, en medio de un mundo de cristal, cruel, difícil.
Ser un escritor.
Ser otro escritor.
Ser los otros.
Ser un escritor, otro escritor.
El novelista estaba frustrado, era un genio, pero la vida le era difícil.
XXI
La ciudad de cristal, era fría, con fantasmas oscuros.
En esos parajes, eran el duende y el novelista.
La distancia al bosque negro era grande.
Pasaron por un lugar lleno de cruces en sangre.
Pasaron miles de pájaros, millares de insectos.
Y el novelista escribía en su cuaderno.
Era un novelista frustrado.
XXII
El viaje era eterno, en esos lugares de hielo.
El novelista escribía su diario inédito.
El novelista jugaba ajedrez.
EL viaje era lejano.
El tiempo de todo.
XXIII
Escribir una novela era para el novelista.
Escribir en otros lugares.
Escribir novelas y ser un escritor.
Ser todo con el enano de compañero de viaje.
Miraba los fantasmas.
XXIV
Viajaba en esa ciudad de cristal.
Era un viaje inédito.
Los lugares.
Era un río de sangre.
Era otro río.
XXV
Camino el novelista, y releía su diario.
Era un lugar lejano.
Caminó el otro novelista.
En cada paso, en cada novela.
Cruzó los lugares.
XXVI
Soy. Otro lugar, soy otro novelista.
Era otro yo, otro lugar.
Era una perversidad como la de Allan Poe.
en la tierra de los fantasmas
XXVII
El viaje era lejano, muy lejano.
El tiempo, los otros rostros, el fuego del infierno.
Era un novelista en un tras fondo perverso.
XXVII
Ser y estar
Ser y estar como ajedrecista.
Ser y estar.
Enumerando las estatuas.
EL ego del novelista.
El otro viaje, un viaje lejano en el ultimo universo.
XXVIII
El novelista entró a la cueva sagrada.
El novelista escribió en el diario.
Y fue así como la narrativa llenaba todo.
XXIX
El escritor, solitario miraba el diario, preguntaba en su interior si tenía sentido ser escritor, las respuestas no llegaron.
XXX
Eran días duros en el camino, en la ciudad de cristal.
XXXI
Ser un novelista y viajar por ese bosque oscuro.
Para llegar
A otros lugares perversos.
Ser un escritor comprometido.
Escribir y con el enano viajar por mundos.
XXXII
Buscar vestigios de la nada, en un lugar
Gustar a los otros.
No hablar en la transformación de Kafka.
XXXIII
El frio helaba los huesos, y el tiempo de soledad.
El frìo helaba, y el jugaba ajedrez.
El otro tiempo. El otro lugar.
XXXIV
Era un día gris, escribía en una libreta sus agonías.
Era un día gris y escribía otros diarios, para otras personas.
XXXV
El novelista escribía su destino estaba marcado, el bosque negro lo esperaba para guardar su diario inédito.
XXXVI
El novelista hacia meditaciones, y se acordaba de Priscila una ex novia que tuvo en la tierra en millones de años.
XXXVII
El novelista jugaba ajedrez, jugaba en otros lugares.
Era un escritor, un escritor lejano en un punto del universo.
Ese planeta era extraño y frio.
XXXVIII
Miraba los árboles de cristal, los árboles que yacían muertos.
Era un nuevo renacer del novelista, en ese cristal frio.
XXXIX
Eran los días fríos
El novelista y junto con el enano viajaban por unas cuevas, otras cuevas lejanas.
XL
Eran lugares extraños, y pisaban el cristal.
XLI
Eran lejanos tigres en el lugar, donde no existían otros eternos fantasmas.
XLII
El novelista viajaba al bosque negro, pero en esos lugares, pasaban por muchos mundos y ciudades.
Eran hielos, muchos cristales, eran hielos.
El novelista miraba todo.
XLIII
Era un lector, otro lector, de muchos días y rayos en el cielo.
Era el fin en ese frio de cristal, se dirigió a un templo.
Allí vio el mundo entero de cristal, y un portal.
XLIV
Era el final de un viaje lejano.
Era la cruz maldecida de los espíritus, era un lugar perverso.
XLV
Allí bajó por una pendiente.
Y un mar apareció.
XLVI
Un gran ser lo mirò por una ventana …
Esta es la ultima parte de esta novela, o nouvelle.
Desde aquí comienza otra historia.
Tercera parte viaje al bosque negro
I
El novelista comenzó un viaje por un lugar de mares naturales.
Esos mares eran como ríos.
El enano había quedado lejos.
Caminó el novelista lejanamente.
II
Era un lugar extraño , con unos delfines acechando.
Viajó hasta un lugar lejano.
Era un camino hacia el bosque negro
III
De vez en cuando tomaba su diario inédito y escribía.
Lejano.
Eran mares de planeta desértico.
IV
Era un lugar lejano.
Era otro lugar lejano
Mares y rocas, árboles retorcidos.
V
Se dirigía a un bosque cercano a unos cerros que tenían escaleras.
Desde allì era un viaje en naves hasta el bosque.
VI
Caminò el novelista …
VII
En medio de la nada el novelista leyó Juan Josè Saer, A medio Borrar, libro de otro planeta y otra época.
VIII
Caminaba por las mareas, en esos lugares milenarios.
Llegaría a la tierra del dragón.
IX
Eran lugares volcánicos , con grandes dinosaurios.
X
El novelista escribió:
Azul el libro de todos los libros…
XI
Eran lugares mágicos y lejanos.
XII
Pasó por lugares llenos de vapor de gas.
XIII
Eran lugares remotos, y un dios le dijo:
Estás en tierra de dioses, donde van los dragones a morir.
XIV
Siguió el tiempo azul en otros azules.
Siguió otros lugares.
XV
Eran lugares raros, el novelista escribía en su diario .
Luego miraba y jugaba ajedrez.
Caminaba por el lugar.
XVI
Eran lugares raros, el novelista leía Abelardo Castillo.
XVII
El novelista jugaba a ser dioses.
XVIII
Era un lugar raro, donde con su diario escribia.
Este diario solo dirá el nombre de Dios.
XIX
Eran lugares
Otros lugares del universo.
XX
Caminó por varios lugares, las marismas eran lejanas.
El novelista escribía en la arena.
XXI
Siempre era otro, no el era otro mundo.
XXII
El mundo irreal, otro mundo de tuerca u otra vuelta de tuerca de Hery James, escritor Ingles.
Eran el resultado de una lectura banal .
XXIII
Ser lo otro, ser el tiempo de Proust .
Escribir en la eminente siesta de la noche.
XXIV
Siempre dejar el diario inédito, jugar a ser dioses.
XXV
Era un novelista inédito, que jugaba a ser escritor.
Era otro novelista, otro mas .
XXVI
Era un lugar, no era un lugar, era un novelista buscando su viaje, viajar por viajar, andar por andar.
XXVII
Ser, ser en otros días, ser un novelista.
Y buscar una verdad.
EL diario lo guardaría en el lugar sagrado de los dragones.
XXVIII
Caminaba en medio de esos mares, el novelista.
Escribía en el diario.
En otros diarios.
XXIX
Eran tiempos de dragones olvidados, ese olvido hacia que tomar un café en Buenos Aires en la tierra del pasado fuera algo imposible.
Era un novelista, inmortal, o mortal.
Era un escritor de diarios.
XXX
Era un lugar, otros lugares, otros lugares.
Era un diario inédito.
Era un escritor.
XXXI
Era un diario sagrado, e inédito, del novelista.
Era un papel de biblia
XXXII
El novelista se puso a jugar ajedrez, y mirar todo.
El novelista le importaba las letras, y era inspiración sagrada de la literatura.
El escritor solitario de todo y de nada.
XXXIII
Ser en esos mares, y caminando a la tierra del dragón.
Miró el horizonte .
Ese era el horizonte.
Otro horizonte.
Ser lo otro.
Otro horizonte.
Ser todo, y todos, enumerar las estatuas.
Los escritos inéditos.
Y era un novelista.
XXXIV
Caminó por la playa despacio, mirando el cielo.
Estaba en otro universo, gloria de todo.
Era un novelista, u otro novelista .
Ser los otros.
XXXV
Ser lo otro, escribir una historia que se parezca a una novela.
El novelista sabía eso de la fama.
XXXVI
Era un lugar, otro lugar, era otro lugar.
Jugar Ajedrez. Ser en otro plano.
Ser un novelista sagrado.
XXXVII
Ser los otros, ser lo mejor.
Era un novelista, otro novelista sagrado.
En esa tierra de dragones.
Y ese viaje continuaría, con un espíritu:
Soy el espíritu sagrado-
El espíritu sagrado, era un espíritu del bosque oscuro.
XXXVIII
Ser lo demás, ser lo otro .
Y esta historia gira sobre un destino.
Del novelista.
El camino era largo, muy largo.
El tiempo, el otro tiempo .
Guardar, los fosos profundos del ser.
XXXIX
Ser lo demás… ser novelista y un diario inèdito.
XL
Era tarde, de noche, y la mar era calma.
El espíritu lo guiaba por el lugar.
Se preparó para entrar en tierras de dragón.
XLI
Ser lo otro, lo distinto.
Y leer Las otras puertas un libro lejano al bosque oscuro.
Era una historia
Otra historia en medio de mares acechando.
Lugar de sombras. Lejanas.
Lugar de lugares.
Era un novelista obsesivo en la poesía
Otra poesía.
Era otro lugar.
XXXI
Era un lector de escritores antiguos.
Y miraba la tierra de dioses, otros dioses,
XXXII
El novelista era tímido como todo escritor.
XXXIII
La tierra de los dragones era un mar volcánico.
Y el novelista era un escritor.
XXXIV
Buscar dragones donde no existen, esa era la magia.
Buscar escritores en otros lugares.
La pasión de un fuego.
XXXV
El viaje llegaba a su final, allí era el bosque negro, con grandes catedrales.
Y lleno de monjes druidas.
Tomó su pequeño diario y lo llevó por un lugar sagrado.
El lugar estaba lleno de lujos.
Dejò el diario en el lugar y rezò un padre nuestro.
Esta historia será revelada en el fin de los tiempos.
El novelista del Bosque negro
Novela
A Abelardo Castillo.
A Modo de Prologo.
Este intento de novela pertenece a la ficción, intento acercarme a Abelardo Castillo, a su obra, también a Borges, es un camino. Se que es una tarea difícil ser narrador, también por la critica, no somos escritores para todos, asi que asumo mi condición de narrador, con precaución intentando llegar a un lector.
J.D
I
Era una noche, estrellada, una noche que buscaba abismos, y el novelista del bosque negro, tomó su cuchillo, era un asesino, pero escribía, esa noche decidió escribir una novela.
Aquella novela trataba de un escritor y ajedrecista.
Era de noche. El escritor miro el horizonte, y su historia comenzó .
El novelista era un genio, la historia trataba de un ajedrecista y escritor .
Era un viaje a las tierras del dragón mítico .
En esos días el escritor miraba desde un puente, y escribia la novela de su vida.
Era una noche, lejana en el universo.
II
Pasaron los días el escritor era un impostor, escribía una novela.
Llegaría hasta el bosque negro, y era su pasión leer Abelardo Castillo.
El era un novelista, y miraba el horizonte.
Escritor de la costa del Paranà, silenciero de las ausencias.
Pensaba en un viaje a la tierra del dragòn.
III
Era un atardecer, y el lector fuè a la costa. A tomar un café, y siguió con su novela.
El novelista inmortal.
Su viaje a la tierra de dragones estaba cerca
Eran días y noches de escritura, el novelista escribia otra realidad.
El escritor y novelista renacia en sus paginas,
Era un personaje de libros de aventuras.
La aventura de un novelista y ajedrecista, en medio de un mundo raro.
IV
Eran noches de insomnio, donde nada tenía sentido.
El ajedrecista tomaba forma en su novela, era un genio.
La madrugada era extraña en Argentina, el novelista escribía sobre otro novelista.
Era un viaje lejano en medio de sueños.
V
El novelista escribía para otro personaje, de un ajedrecista famoso, en medio de la nada.
Escribía lejano como perdido en un desierto.
El escritor, soñaba con muchos lectores, por su casa aparecían unos gatos negros grandes.
El bosque negro era de la tierra de los dragones.
Era un viaje del novelista, y este escribia cada momento.
Narrador puro.
VI
Era un novelista fiel, corregía sus escritos, una y otra vez, aquella noche leyó a Abelardo Castillo, y fué caminando por una playa, esa playa lejana.
Su viaje sería hasta el bosque negro tierra de dragones.
VII
El novelista creó un personaje que era un novelista, y aquella historia cobro vida.
El tiempo para viajar a un mundo desconocido.
Llegar al bosque era un viaje lejano.
VIII
Siempre deseo ser escritor, del olvido, todo autor es del olvido.
IX
El novelista mira el futuro, y advierte que el viaje será largo.
Y sigue escribiendo su novela.
El tiempo es delicado.
X
El novelista escribe, como su diario inèdito, escribe su novela.
Camina por la playa, y es ese escritor que se doblega.
Debe llegar al bosque negro.
XI
Camina por una playa desertica de Uruguay, y mira el horizonte.
XII
EL escritor hace juegos, y juega ajedrez con su personaje.
XIII
En la novela el novelista hace cosas imposibles, como volar, y es ese acercamiento a un mundo real, a otros mundos.
XIV
El novelista juega con su personaje, que es novelista, y juega ajedrez, y lee poesía en Palermo de Buenos Aires.
Es solo un novelista mas.
XV
Ser novelista y guardar un diario inédito, ser narrador, y jugar era el viaje del escritor.
Ese viaje lo convertía en impostor.
Lo llegaba a ser un autor, otro escritor apócrifo.
XVI
El viento llevaba al novelista por unos caminos sinuosos, los personajes eran sombras, el novelista escribía su historia, y vivía el lugar, los lugares, y viajaba en un tren al lugar de los dragones.
XVII
Soy el otro lado de la sombra, escritor, el novelista que viaja a un lugar.
El ajedrez es para entretener, pero es bueno para la salud.
XVIII
Soy ese novelista, el novelista acá hace una omisión, y mira el derredor y ve solo fantasmas.
Esos son otros fantasmas.
XIX
Ser un novelista, y escribir lo caminado, el tren viajaba por túneles.
Y jugaba un ajedrez lejano.
XX
El novelista daba vida a otro ser, otras realidades.
XXI
Siempre era un fugaz paso por la nada.
XXII
Escribir en el tren era hermoso, se veian los cielos de noche .
XXIII
Es vivir en todo, y en la nada, ser un novelista, que escribe sobre otro.
El jugaba ajedrez.
Aquella tarde el tren marchaba, pero el sueño lo llevaba a otras zonas.
XXIV
El novelista miraba su pantalla de celular y jugaba ajedrez.
El tiempo transcurría, era una historia de ficción la que el escribìa.
XXV
Era otro mundo, otra historia, en medio del viaje en tren.
XXVI
Alguna vez fui novelista, ahora soy un viajero que mira películas en un celular.
El novelista se cuestionó
XXVII
Aquella noche el tren bajaba por una cornisa de varios metros y la nieve llenaba todo.
El novelista seguía con su novela, y miraba las jugadas de ajedrez.
XXVIII
El lugar estaba solitario, los abismos yacían en varias direcciones.
XXIX
Ese era el novelista de azul, vestido para una fiesta, pero el viaje era real.
XXX
Era un escritor con prestigio, editaba cada tanto en su pueblo.
XXXI
El novelista miraba el vidrio del tren y se imaginaba en un torneo, moviendo las piezas.
XXXII
Era el real emblema de los intelectuales, era un genio.
XXXIII
Miraba los cerros pasar y se veìa en el bosque negro.
XXXIV
Miraba en la pantalla del celular las partidas de ajedrez.
XXXV
El novelista escribia mojando su sangre, esa novela máxima.
XXXVI
Era un genio mirando ajedrez y jugando ajedrez.
XXXVII
Ser otro novelista en otro libro. Y mirar el tren y el paisaje.
XXXVIII
Ser el escritor que hace el tiempo, que renace de sus cenizas.
XXXIX
Ser la otra cara de una moneda, ajedrecista.
XL
Ser el otro espejo donde se miran los novelistas
XLI
Mirar otros lectores, con otros ojos, y mirar lo infinito.
XLII
Mirar el lago de sangre de las vivencias y viajar en un tren.
XLIII
Ser lo otro que no se es en el instante de escribir una novela.
XLIV
Escribir
Escribir otra historia que no sea esta, otro lugar, otro destino.
XLV
Ser el otro escritor
Vivenciando otras palabra en la nada.
XLVI
Ser un escritor como un novelista lejano.
XLVII
El novelista miraba el paisaje, y escribia su diario inèdito.
Su prosa era lejana, leìa a Juan Josè Saer, escritor lejano.
Leìa todo y todo lo que podía.
XLVIII
Ser lo demás, y el escritor ferviente, el novelista autentico.
XLIX
El novelista escribía prosa poética, y se sentía fuerte.
El otro novelista era el real.
L
Se miraba en el vidrio y el viaje seguía hasta que parò en una ciudad, y en el cartel decía. Bosque Negro .
LI
Había bajado del tren y un hombre enano le dio:
_Este es la entrada del bosque negro tierra de dragones, debes pasar varias ciudades.
El enano le indico el destino.
El novelista tomó su pluma y cuadernillo.
Se adentró en una de las ciudades en esos lugares.
LII
El novelista entró en la ciudad, y vio gente jugando ajedrez, era un país con esa tradición.
Camino por lugares sagrados, le hablaban del bosque negro y la tierra del dragòn.
Y fue a un templo de joyas preciosas.
Allì un sacerdote le hablo:
-Esta es tu misión, entrar en la tierra del gran dragòn.
El sacerdote bendijo mis libros y se marcho.
LIII
El camino era largo, y las ciudades eran distantes.
El novelista escribia su diario.
Allì se dio cuenta que el aire era fresco.
El aire de montaña lo ponìa bien.
LIV
El novelista caminó por el lugar entró a varios templos, y escribía en su diario inèdito.
Buscó comida y agua, allí lo invitaban los habitantes.
El novelista escribia y reescribias sus poemas y novelas, sus diarios inèditos, era un genio.
LV
Siempre fué espiritual, pero el novelista entró a un laberinto:
El guardián del laberinto dijo:
- Este es el inicio del camino al bosque oscuro.
Y le aclaro que había una gran distancia.
Esa distancia era muy grande con bosque de árboles gigantes
LVI
Eran los albores de un día lejano, en medio del universo y el novelista escribía su diario.
Aquellos habitantes eran extraños de diferentes razas.
LVII
Era un sol para toda la ciudad, y el bosque negro estaba muy lejos de allì.
LVIII
El tiempo de escribir era lejano, largo, los bosques que debía pasar eran inmensos .
El novelista estaba cansado, y encontró refugio en un gran árbol.
Allí un enano le habló:
- Soy un enano rojo, con fuerza física yo te puedo acompañar en el camino al bosque negro, allí encontraras el refugio final para tu diario inédito.
LIX
Ese era el camino y el enano rojo lo acompaño en ese largo camino.
LX
Avanzaron por unas murallas y troncos verdes retorcidos.
El novelista anotaba sus versos y narrativas.
LXI
Allí vio unos seres gigantes víboras de color verde.
Enmarañados caminos de la nada.
Y unos jugadores de ajedrez estaban en una mesa jugando.
LXII
Era un. Viento y el tiempo del novelista.
LXIII
Eran lugares sagrados, y un camino lejano al bosque negro.
Segunda parte
Camino por el bosque de cristal.
I
El enano y el novelista atravesaron un paraje y estaba el bosque de cristal.
Tomó su anotador y escribió en el diario inédito.
II
Los grandes bloques de cristal y bosques petrificados hacían que el frio le penetrara en ellos.
III
Eran seres débiles que buscaban el origen de su destino.
IV
El enano tomó un gran bloque y lo tiró por una caverna.
V
El tiempo de un novelista no es el tiempo de su obra.
VI
El novelista caminó por un pilar y entró a un santuario.
En el santuario estaban estatuas petrificadas.
VII
Asi fue a una pared de hielo y escribió estos poemas:
El mar rojo Diptico Javier Dicenzo
Ayer a las 10:03 am
I
El sol ilumina el mar de rojo
rojo ilumina el sol la mar
la mar de mares en unos mil ojos
el sol da luz en unos mil altares..
II
El sol da luz en unos mil altares
como focas de azules de mares
rojo ilumina el sol la mar
los soles dan luz en juegos de mares.
Era el poema de Javier Dicenzo, otro novelista de esta historia.
VIII
El enano lo acompañó por unos templos de la antigüedad.
El tiempo se hacia largo
IX
El diario inédito yacía junto a un puma muerto, que había querido atacar y así se salvo el novelista, el enano estaba medio muerto también, y despertó el novelista y vio los hechos.
X
El novelista se incorporó y con el enano caminaron varias millas, en medio del silencio del bosque de cristal.
XI
Eran auroras, en ese mundo que una vez fuè la tierra, eran lugares milenarios de millones de años de existencia.
El bosque negro estaba muy lejos, y las estrellas iluminaban todo.
XII
El enano parò a comer frutas, y el novelista escribió:
Azul… el tiempo de diario inèdito es azul y el mar del tiempo…
XIII
Eran grandes cuevas que pasaron, un sistema que tenìan los dioses del bosque.
Habìa unas naves grandes que volaban en el cielo.
XIV
El tiempo parecía no transcurrir o transcurrir en pausa.
Eran lugares frios.
Donde los hombres no existían, y lugares solitarios del mundo.
Eran lugares desérticos, en medio de un universo lejano.
El enano arañaba la nieve.
XV
El tiempo era frio, y frio eran todos esos lugares.
Era un tiempo frio, donde el novelista escribia en su diario.
El lugar era de estatuas de hielo.
XVI
En esos lugares de cristal, estaban unas gárgolas lejanas y penumbrosas.
En las gárgolas grandes ojos de cristal.
XVII
En muchos mundos, en varios mundos estaban el enano y el novelista.
El otro novelista, el escritor fracasado, genio inentendible.
XVIII
Escribir en unos lugares fríos, lejanos a la humanidad, en un punto infinito del universo.
Escribir, en lugares lejanos de la existencia.
XIX
Escribir, era lo que hacia el novelista.
Jugador de ajedrez.
Escribir era lo otro, en la ciudad de hielo.
XX
Ser un escritor, y solitario, en medio de un mundo de cristal, cruel, difícil.
Ser un escritor.
Ser otro escritor.
Ser los otros.
Ser un escritor, otro escritor.
El novelista estaba frustrado, era un genio, pero la vida le era difícil.
XXI
La ciudad de cristal, era fría, con fantasmas oscuros.
En esos parajes, eran el duende y el novelista.
La distancia al bosque negro era grande.
Pasaron por un lugar lleno de cruces en sangre.
Pasaron miles de pájaros, millares de insectos.
Y el novelista escribía en su cuaderno.
Era un novelista frustrado.
XXII
El viaje era eterno, en esos lugares de hielo.
El novelista escribía su diario inédito.
El novelista jugaba ajedrez.
EL viaje era lejano.
El tiempo de todo.
XXIII
Escribir una novela era para el novelista.
Escribir en otros lugares.
Escribir novelas y ser un escritor.
Ser todo con el enano de compañero de viaje.
Miraba los fantasmas.
XXIV
Viajaba en esa ciudad de cristal.
Era un viaje inédito.
Los lugares.
Era un río de sangre.
Era otro río.
XXV
Camino el novelista, y releía su diario.
Era un lugar lejano.
Caminó el otro novelista.
En cada paso, en cada novela.
Cruzó los lugares.
XXVI
Soy. Otro lugar, soy otro novelista.
Era otro yo, otro lugar.
Era una perversidad como la de Allan Poe.
en la tierra de los fantasmas
XXVII
El viaje era lejano, muy lejano.
El tiempo, los otros rostros, el fuego del infierno.
Era un novelista en un tras fondo perverso.
XXVII
Ser y estar
Ser y estar como ajedrecista.
Ser y estar.
Enumerando las estatuas.
EL ego del novelista.
El otro viaje, un viaje lejano en el ultimo universo.
XXVIII
El novelista entró a la cueva sagrada.
El novelista escribió en el diario.
Y fue así como la narrativa llenaba todo.
XXIX
El escritor, solitario miraba el diario, preguntaba en su interior si tenía sentido ser escritor, las respuestas no llegaron.
XXX
Eran días duros en el camino, en la ciudad de cristal.
XXXI
Ser un novelista y viajar por ese bosque oscuro.
Para llegar
A otros lugares perversos.
Ser un escritor comprometido.
Escribir y con el enano viajar por mundos.
XXXII
Buscar vestigios de la nada, en un lugar
Gustar a los otros.
No hablar en la transformación de Kafka.
XXXIII
El frio helaba los huesos, y el tiempo de soledad.
El frìo helaba, y el jugaba ajedrez.
El otro tiempo. El otro lugar.
XXXIV
Era un día gris, escribía en una libreta sus agonías.
Era un día gris y escribía otros diarios, para otras personas.
XXXV
El novelista escribía su destino estaba marcado, el bosque negro lo esperaba para guardar su diario inédito.
XXXVI
El novelista hacia meditaciones, y se acordaba de Priscila una ex novia que tuvo en la tierra en millones de años.
XXXVII
El novelista jugaba ajedrez, jugaba en otros lugares.
Era un escritor, un escritor lejano en un punto del universo.
Ese planeta era extraño y frio.
XXXVIII
Miraba los árboles de cristal, los árboles que yacían muertos.
Era un nuevo renacer del novelista, en ese cristal frio.
XXXIX
Eran los días fríos
El novelista y junto con el enano viajaban por unas cuevas, otras cuevas lejanas.
XL
Eran lugares extraños, y pisaban el cristal.
XLI
Eran lejanos tigres en el lugar, donde no existían otros eternos fantasmas.
XLII
El novelista viajaba al bosque negro, pero en esos lugares, pasaban por muchos mundos y ciudades.
Eran hielos, muchos cristales, eran hielos.
El novelista miraba todo.
XLIII
Era un lector, otro lector, de muchos días y rayos en el cielo.
Era el fin en ese frio de cristal, se dirigió a un templo.
Allí vio el mundo entero de cristal, y un portal.
XLIV
Era el final de un viaje lejano.
Era la cruz maldecida de los espíritus, era un lugar perverso.
XLV
Allí bajó por una pendiente.
Y un mar apareció.
XLVI
Un gran ser lo mirò por una ventana …
Esta es la ultima parte de esta novela, o nouvelle.
Desde aquí comienza otra historia.
Tercera parte viaje al bosque negro
I
El novelista comenzó un viaje por un lugar de mares naturales.
Esos mares eran como ríos.
El enano había quedado lejos.
Caminó el novelista lejanamente.
II
Era un lugar extraño , con unos delfines acechando.
Viajó hasta un lugar lejano.
Era un camino hacia el bosque negro
III
De vez en cuando tomaba su diario inédito y escribía.
Lejano.
Eran mares de planeta desértico.
IV
Era un lugar lejano.
Era otro lugar lejano
Mares y rocas, árboles retorcidos.
V
Se dirigía a un bosque cercano a unos cerros que tenían escaleras.
Desde allì era un viaje en naves hasta el bosque.
VI
Caminò el novelista …
VII
En medio de la nada el novelista leyó Juan Josè Saer, A medio Borrar, libro de otro planeta y otra época.
VIII
Caminaba por las mareas, en esos lugares milenarios.
Llegaría a la tierra del dragón.
IX
Eran lugares volcánicos , con grandes dinosaurios.
X
El novelista escribió:
Azul el libro de todos los libros…
XI
Eran lugares mágicos y lejanos.
XII
Pasó por lugares llenos de vapor de gas.
XIII
Eran lugares remotos, y un dios le dijo:
Estás en tierra de dioses, donde van los dragones a morir.
XIV
Siguió el tiempo azul en otros azules.
Siguió otros lugares.
XV
Eran lugares raros, el novelista escribía en su diario .
Luego miraba y jugaba ajedrez.
Caminaba por el lugar.
XVI
Eran lugares raros, el novelista leía Abelardo Castillo.
XVII
El novelista jugaba a ser dioses.
XVIII
Era un lugar raro, donde con su diario escribia.
Este diario solo dirá el nombre de Dios.
XIX
Eran lugares
Otros lugares del universo.
XX
Caminó por varios lugares, las marismas eran lejanas.
El novelista escribía en la arena.
XXI
Siempre era otro, no el era otro mundo.
XXII
El mundo irreal, otro mundo de tuerca u otra vuelta de tuerca de Hery James, escritor Ingles.
Eran el resultado de una lectura banal .
XXIII
Ser lo otro, ser el tiempo de Proust .
Escribir en la eminente siesta de la noche.
XXIV
Siempre dejar el diario inédito, jugar a ser dioses.
XXV
Era un novelista inédito, que jugaba a ser escritor.
Era otro novelista, otro mas .
XXVI
Era un lugar, no era un lugar, era un novelista buscando su viaje, viajar por viajar, andar por andar.
XXVII
Ser, ser en otros días, ser un novelista.
Y buscar una verdad.
EL diario lo guardaría en el lugar sagrado de los dragones.
XXVIII
Caminaba en medio de esos mares, el novelista.
Escribía en el diario.
En otros diarios.
XXIX
Eran tiempos de dragones olvidados, ese olvido hacia que tomar un café en Buenos Aires en la tierra del pasado fuera algo imposible.
Era un novelista, inmortal, o mortal.
Era un escritor de diarios.
XXX
Era un lugar, otros lugares, otros lugares.
Era un diario inédito.
Era un escritor.
XXXI
Era un diario sagrado, e inédito, del novelista.
Era un papel de biblia
XXXII
El novelista se puso a jugar ajedrez, y mirar todo.
El novelista le importaba las letras, y era inspiración sagrada de la literatura.
El escritor solitario de todo y de nada.
XXXIII
Ser en esos mares, y caminando a la tierra del dragón.
Miró el horizonte .
Ese era el horizonte.
Otro horizonte.
Ser lo otro.
Otro horizonte.
Ser todo, y todos, enumerar las estatuas.
Los escritos inéditos.
Y era un novelista.
XXXIV
Caminó por la playa despacio, mirando el cielo.
Estaba en otro universo, gloria de todo.
Era un novelista, u otro novelista .
Ser los otros.
XXXV
Ser lo otro, escribir una historia que se parezca a una novela.
El novelista sabía eso de la fama.
XXXVI
Era un lugar, otro lugar, era otro lugar.
Jugar Ajedrez. Ser en otro plano.
Ser un novelista sagrado.
XXXVII
Ser los otros, ser lo mejor.
Era un novelista, otro novelista sagrado.
En esa tierra de dragones.
Y ese viaje continuaría, con un espíritu:
Soy el espíritu sagrado-
El espíritu sagrado, era un espíritu del bosque oscuro.
XXXVIII
Ser lo demás, ser lo otro .
Y esta historia gira sobre un destino.
Del novelista.
El camino era largo, muy largo.
El tiempo, el otro tiempo .
Guardar, los fosos profundos del ser.
XXXIX
Ser lo demás… ser novelista y un diario inèdito.
XL
Era tarde, de noche, y la mar era calma.
El espíritu lo guiaba por el lugar.
Se preparó para entrar en tierras de dragón.
XLI
Ser lo otro, lo distinto.
Y leer Las otras puertas un libro lejano al bosque oscuro.
Era una historia
Otra historia en medio de mares acechando.
Lugar de sombras. Lejanas.
Lugar de lugares.
Era un novelista obsesivo en la poesía
Otra poesía.
Era otro lugar.
XXXI
Era un lector de escritores antiguos.
Y miraba la tierra de dioses, otros dioses,
XXXII
El novelista era tímido como todo escritor.
XXXIII
La tierra de los dragones era un mar volcánico.
Y el novelista era un escritor.
XXXIV
Buscar dragones donde no existen, esa era la magia.
Buscar escritores en otros lugares.
La pasión de un fuego.
XXXV
El viaje llegaba a su final, allí era el bosque negro, con grandes catedrales.
Y lleno de monjes druidas.
Tomó su pequeño diario y lo llevó por un lugar sagrado.
El lugar estaba lleno de lujos.
Dejò el diario en el lugar y rezò un padre nuestro.
Esta historia será revelada en el fin de los tiempos.
Novela
A Abelardo Castillo.
A Modo de Prologo.
Este intento de novela pertenece a la ficción, intento acercarme a Abelardo Castillo, a su obra, también a Borges, es un camino. Se que es una tarea difícil ser narrador, también por la critica, no somos escritores para todos, asi que asumo mi condición de narrador, con precaución intentando llegar a un lector.
J.D
I
Era una noche, estrellada, una noche que buscaba abismos, y el novelista del bosque negro, tomó su cuchillo, era un asesino, pero escribía, esa noche decidió escribir una novela.
Aquella novela trataba de un escritor y ajedrecista.
Era de noche. El escritor miro el horizonte, y su historia comenzó .
El novelista era un genio, la historia trataba de un ajedrecista y escritor .
Era un viaje a las tierras del dragón mítico .
En esos días el escritor miraba desde un puente, y escribia la novela de su vida.
Era una noche, lejana en el universo.
II
Pasaron los días el escritor era un impostor, escribía una novela.
Llegaría hasta el bosque negro, y era su pasión leer Abelardo Castillo.
El era un novelista, y miraba el horizonte.
Escritor de la costa del Paranà, silenciero de las ausencias.
Pensaba en un viaje a la tierra del dragòn.
III
Era un atardecer, y el lector fuè a la costa. A tomar un café, y siguió con su novela.
El novelista inmortal.
Su viaje a la tierra de dragones estaba cerca
Eran días y noches de escritura, el novelista escribia otra realidad.
El escritor y novelista renacia en sus paginas,
Era un personaje de libros de aventuras.
La aventura de un novelista y ajedrecista, en medio de un mundo raro.
IV
Eran noches de insomnio, donde nada tenía sentido.
El ajedrecista tomaba forma en su novela, era un genio.
La madrugada era extraña en Argentina, el novelista escribía sobre otro novelista.
Era un viaje lejano en medio de sueños.
V
El novelista escribía para otro personaje, de un ajedrecista famoso, en medio de la nada.
Escribía lejano como perdido en un desierto.
El escritor, soñaba con muchos lectores, por su casa aparecían unos gatos negros grandes.
El bosque negro era de la tierra de los dragones.
Era un viaje del novelista, y este escribia cada momento.
Narrador puro.
VI
Era un novelista fiel, corregía sus escritos, una y otra vez, aquella noche leyó a Abelardo Castillo, y fué caminando por una playa, esa playa lejana.
Su viaje sería hasta el bosque negro tierra de dragones.
VII
El novelista creó un personaje que era un novelista, y aquella historia cobro vida.
El tiempo para viajar a un mundo desconocido.
Llegar al bosque era un viaje lejano.
VIII
Siempre deseo ser escritor, del olvido, todo autor es del olvido.
IX
El novelista mira el futuro, y advierte que el viaje será largo.
Y sigue escribiendo su novela.
El tiempo es delicado.
X
El novelista escribe, como su diario inèdito, escribe su novela.
Camina por la playa, y es ese escritor que se doblega.
Debe llegar al bosque negro.
XI
Camina por una playa desertica de Uruguay, y mira el horizonte.
XII
EL escritor hace juegos, y juega ajedrez con su personaje.
XIII
En la novela el novelista hace cosas imposibles, como volar, y es ese acercamiento a un mundo real, a otros mundos.
XIV
El novelista juega con su personaje, que es novelista, y juega ajedrez, y lee poesía en Palermo de Buenos Aires.
Es solo un novelista mas.
XV
Ser novelista y guardar un diario inédito, ser narrador, y jugar era el viaje del escritor.
Ese viaje lo convertía en impostor.
Lo llegaba a ser un autor, otro escritor apócrifo.
XVI
El viento llevaba al novelista por unos caminos sinuosos, los personajes eran sombras, el novelista escribía su historia, y vivía el lugar, los lugares, y viajaba en un tren al lugar de los dragones.
XVII
Soy el otro lado de la sombra, escritor, el novelista que viaja a un lugar.
El ajedrez es para entretener, pero es bueno para la salud.
XVIII
Soy ese novelista, el novelista acá hace una omisión, y mira el derredor y ve solo fantasmas.
Esos son otros fantasmas.
XIX
Ser un novelista, y escribir lo caminado, el tren viajaba por túneles.
Y jugaba un ajedrez lejano.
XX
El novelista daba vida a otro ser, otras realidades.
XXI
Siempre era un fugaz paso por la nada.
XXII
Escribir en el tren era hermoso, se veian los cielos de noche .
XXIII
Es vivir en todo, y en la nada, ser un novelista, que escribe sobre otro.
El jugaba ajedrez.
Aquella tarde el tren marchaba, pero el sueño lo llevaba a otras zonas.
XXIV
El novelista miraba su pantalla de celular y jugaba ajedrez.
El tiempo transcurría, era una historia de ficción la que el escribìa.
XXV
Era otro mundo, otra historia, en medio del viaje en tren.
XXVI
Alguna vez fui novelista, ahora soy un viajero que mira películas en un celular.
El novelista se cuestionó
XXVII
Aquella noche el tren bajaba por una cornisa de varios metros y la nieve llenaba todo.
El novelista seguía con su novela, y miraba las jugadas de ajedrez.
XXVIII
El lugar estaba solitario, los abismos yacían en varias direcciones.
XXIX
Ese era el novelista de azul, vestido para una fiesta, pero el viaje era real.
XXX
Era un escritor con prestigio, editaba cada tanto en su pueblo.
XXXI
El novelista miraba el vidrio del tren y se imaginaba en un torneo, moviendo las piezas.
XXXII
Era el real emblema de los intelectuales, era un genio.
XXXIII
Miraba los cerros pasar y se veìa en el bosque negro.
XXXIV
Miraba en la pantalla del celular las partidas de ajedrez.
XXXV
El novelista escribia mojando su sangre, esa novela máxima.
XXXVI
Era un genio mirando ajedrez y jugando ajedrez.
XXXVII
Ser otro novelista en otro libro. Y mirar el tren y el paisaje.
XXXVIII
Ser el escritor que hace el tiempo, que renace de sus cenizas.
XXXIX
Ser la otra cara de una moneda, ajedrecista.
XL
Ser el otro espejo donde se miran los novelistas
XLI
Mirar otros lectores, con otros ojos, y mirar lo infinito.
XLII
Mirar el lago de sangre de las vivencias y viajar en un tren.
XLIII
Ser lo otro que no se es en el instante de escribir una novela.
XLIV
Escribir
Escribir otra historia que no sea esta, otro lugar, otro destino.
XLV
Ser el otro escritor
Vivenciando otras palabra en la nada.
XLVI
Ser un escritor como un novelista lejano.
XLVII
El novelista miraba el paisaje, y escribia su diario inèdito.
Su prosa era lejana, leìa a Juan Josè Saer, escritor lejano.
Leìa todo y todo lo que podía.
XLVIII
Ser lo demás, y el escritor ferviente, el novelista autentico.
XLIX
El novelista escribía prosa poética, y se sentía fuerte.
El otro novelista era el real.
L
Se miraba en el vidrio y el viaje seguía hasta que parò en una ciudad, y en el cartel decía. Bosque Negro .
LI
Había bajado del tren y un hombre enano le dio:
_Este es la entrada del bosque negro tierra de dragones, debes pasar varias ciudades.
El enano le indico el destino.
El novelista tomó su pluma y cuadernillo.
Se adentró en una de las ciudades en esos lugares.
LII
El novelista entró en la ciudad, y vio gente jugando ajedrez, era un país con esa tradición.
Camino por lugares sagrados, le hablaban del bosque negro y la tierra del dragòn.
Y fue a un templo de joyas preciosas.
Allì un sacerdote le hablo:
-Esta es tu misión, entrar en la tierra del gran dragòn.
El sacerdote bendijo mis libros y se marcho.
LIII
El camino era largo, y las ciudades eran distantes.
El novelista escribia su diario.
Allì se dio cuenta que el aire era fresco.
El aire de montaña lo ponìa bien.
LIV
El novelista caminó por el lugar entró a varios templos, y escribía en su diario inèdito.
Buscó comida y agua, allí lo invitaban los habitantes.
El novelista escribia y reescribias sus poemas y novelas, sus diarios inèditos, era un genio.
LV
Siempre fué espiritual, pero el novelista entró a un laberinto:
El guardián del laberinto dijo:
- Este es el inicio del camino al bosque oscuro.
Y le aclaro que había una gran distancia.
Esa distancia era muy grande con bosque de árboles gigantes
LVI
Eran los albores de un día lejano, en medio del universo y el novelista escribía su diario.
Aquellos habitantes eran extraños de diferentes razas.
LVII
Era un sol para toda la ciudad, y el bosque negro estaba muy lejos de allì.
LVIII
El tiempo de escribir era lejano, largo, los bosques que debía pasar eran inmensos .
El novelista estaba cansado, y encontró refugio en un gran árbol.
Allí un enano le habló:
- Soy un enano rojo, con fuerza física yo te puedo acompañar en el camino al bosque negro, allí encontraras el refugio final para tu diario inédito.
LIX
Ese era el camino y el enano rojo lo acompaño en ese largo camino.
LX
Avanzaron por unas murallas y troncos verdes retorcidos.
El novelista anotaba sus versos y narrativas.
LXI
Allí vio unos seres gigantes víboras de color verde.
Enmarañados caminos de la nada.
Y unos jugadores de ajedrez estaban en una mesa jugando.
LXII
Era un. Viento y el tiempo del novelista.
LXIII
Eran lugares sagrados, y un camino lejano al bosque negro.
Segunda parte
Camino por el bosque de cristal.
I
El enano y el novelista atravesaron un paraje y estaba el bosque de cristal.
Tomó su anotador y escribió en el diario inédito.
II
Los grandes bloques de cristal y bosques petrificados hacían que el frio le penetrara en ellos.
III
Eran seres débiles que buscaban el origen de su destino.
IV
El enano tomó un gran bloque y lo tiró por una caverna.
V
El tiempo de un novelista no es el tiempo de su obra.
VI
El novelista caminó por un pilar y entró a un santuario.
En el santuario estaban estatuas petrificadas.
VII
Asi fue a una pared de hielo y escribió estos poemas:
El mar rojo Diptico Javier Dicenzo
Ayer a las 10:03 am
I
El sol ilumina el mar de rojo
rojo ilumina el sol la mar
la mar de mares en unos mil ojos
el sol da luz en unos mil altares..
II
El sol da luz en unos mil altares
como focas de azules de mares
rojo ilumina el sol la mar
los soles dan luz en juegos de mares.
Era el poema de Javier Dicenzo, otro novelista de esta historia.
VIII
El enano lo acompañó por unos templos de la antigüedad.
El tiempo se hacia largo
IX
El diario inédito yacía junto a un puma muerto, que había querido atacar y así se salvo el novelista, el enano estaba medio muerto también, y despertó el novelista y vio los hechos.
X
El novelista se incorporó y con el enano caminaron varias millas, en medio del silencio del bosque de cristal.
XI
Eran auroras, en ese mundo que una vez fuè la tierra, eran lugares milenarios de millones de años de existencia.
El bosque negro estaba muy lejos, y las estrellas iluminaban todo.
XII
El enano parò a comer frutas, y el novelista escribió:
Azul… el tiempo de diario inèdito es azul y el mar del tiempo…
XIII
Eran grandes cuevas que pasaron, un sistema que tenìan los dioses del bosque.
Habìa unas naves grandes que volaban en el cielo.
XIV
El tiempo parecía no transcurrir o transcurrir en pausa.
Eran lugares frios.
Donde los hombres no existían, y lugares solitarios del mundo.
Eran lugares desérticos, en medio de un universo lejano.
El enano arañaba la nieve.
XV
El tiempo era frio, y frio eran todos esos lugares.
Era un tiempo frio, donde el novelista escribia en su diario.
El lugar era de estatuas de hielo.
XVI
En esos lugares de cristal, estaban unas gárgolas lejanas y penumbrosas.
En las gárgolas grandes ojos de cristal.
XVII
En muchos mundos, en varios mundos estaban el enano y el novelista.
El otro novelista, el escritor fracasado, genio inentendible.
XVIII
Escribir en unos lugares fríos, lejanos a la humanidad, en un punto infinito del universo.
Escribir, en lugares lejanos de la existencia.
XIX
Escribir, era lo que hacia el novelista.
Jugador de ajedrez.
Escribir era lo otro, en la ciudad de hielo.
XX
Ser un escritor, y solitario, en medio de un mundo de cristal, cruel, difícil.
Ser un escritor.
Ser otro escritor.
Ser los otros.
Ser un escritor, otro escritor.
El novelista estaba frustrado, era un genio, pero la vida le era difícil.
XXI
La ciudad de cristal, era fría, con fantasmas oscuros.
En esos parajes, eran el duende y el novelista.
La distancia al bosque negro era grande.
Pasaron por un lugar lleno de cruces en sangre.
Pasaron miles de pájaros, millares de insectos.
Y el novelista escribía en su cuaderno.
Era un novelista frustrado.
XXII
El viaje era eterno, en esos lugares de hielo.
El novelista escribía su diario inédito.
El novelista jugaba ajedrez.
EL viaje era lejano.
El tiempo de todo.
XXIII
Escribir una novela era para el novelista.
Escribir en otros lugares.
Escribir novelas y ser un escritor.
Ser todo con el enano de compañero de viaje.
Miraba los fantasmas.
XXIV
Viajaba en esa ciudad de cristal.
Era un viaje inédito.
Los lugares.
Era un río de sangre.
Era otro río.
XXV
Camino el novelista, y releía su diario.
Era un lugar lejano.
Caminó el otro novelista.
En cada paso, en cada novela.
Cruzó los lugares.
XXVI
Soy. Otro lugar, soy otro novelista.
Era otro yo, otro lugar.
Era una perversidad como la de Allan Poe.
en la tierra de los fantasmas
XXVII
El viaje era lejano, muy lejano.
El tiempo, los otros rostros, el fuego del infierno.
Era un novelista en un tras fondo perverso.
XXVII
Ser y estar
Ser y estar como ajedrecista.
Ser y estar.
Enumerando las estatuas.
EL ego del novelista.
El otro viaje, un viaje lejano en el ultimo universo.
XXVIII
El novelista entró a la cueva sagrada.
El novelista escribió en el diario.
Y fue así como la narrativa llenaba todo.
XXIX
El escritor, solitario miraba el diario, preguntaba en su interior si tenía sentido ser escritor, las respuestas no llegaron.
XXX
Eran días duros en el camino, en la ciudad de cristal.
XXXI
Ser un novelista y viajar por ese bosque oscuro.
Para llegar
A otros lugares perversos.
Ser un escritor comprometido.
Escribir y con el enano viajar por mundos.
XXXII
Buscar vestigios de la nada, en un lugar
Gustar a los otros.
No hablar en la transformación de Kafka.
XXXIII
El frio helaba los huesos, y el tiempo de soledad.
El frìo helaba, y el jugaba ajedrez.
El otro tiempo. El otro lugar.
XXXIV
Era un día gris, escribía en una libreta sus agonías.
Era un día gris y escribía otros diarios, para otras personas.
XXXV
El novelista escribía su destino estaba marcado, el bosque negro lo esperaba para guardar su diario inédito.
XXXVI
El novelista hacia meditaciones, y se acordaba de Priscila una ex novia que tuvo en la tierra en millones de años.
XXXVII
El novelista jugaba ajedrez, jugaba en otros lugares.
Era un escritor, un escritor lejano en un punto del universo.
Ese planeta era extraño y frio.
XXXVIII
Miraba los árboles de cristal, los árboles que yacían muertos.
Era un nuevo renacer del novelista, en ese cristal frio.
XXXIX
Eran los días fríos
El novelista y junto con el enano viajaban por unas cuevas, otras cuevas lejanas.
XL
Eran lugares extraños, y pisaban el cristal.
XLI
Eran lejanos tigres en el lugar, donde no existían otros eternos fantasmas.
XLII
El novelista viajaba al bosque negro, pero en esos lugares, pasaban por muchos mundos y ciudades.
Eran hielos, muchos cristales, eran hielos.
El novelista miraba todo.
XLIII
Era un lector, otro lector, de muchos días y rayos en el cielo.
Era el fin en ese frio de cristal, se dirigió a un templo.
Allí vio el mundo entero de cristal, y un portal.
XLIV
Era el final de un viaje lejano.
Era la cruz maldecida de los espíritus, era un lugar perverso.
XLV
Allí bajó por una pendiente.
Y un mar apareció.
XLVI
Un gran ser lo mirò por una ventana …
Esta es la ultima parte de esta novela, o nouvelle.
Desde aquí comienza otra historia.
Tercera parte viaje al bosque negro
I
El novelista comenzó un viaje por un lugar de mares naturales.
Esos mares eran como ríos.
El enano había quedado lejos.
Caminó el novelista lejanamente.
II
Era un lugar extraño , con unos delfines acechando.
Viajó hasta un lugar lejano.
Era un camino hacia el bosque negro
III
De vez en cuando tomaba su diario inédito y escribía.
Lejano.
Eran mares de planeta desértico.
IV
Era un lugar lejano.
Era otro lugar lejano
Mares y rocas, árboles retorcidos.
V
Se dirigía a un bosque cercano a unos cerros que tenían escaleras.
Desde allì era un viaje en naves hasta el bosque.
VI
Caminò el novelista …
VII
En medio de la nada el novelista leyó Juan Josè Saer, A medio Borrar, libro de otro planeta y otra época.
VIII
Caminaba por las mareas, en esos lugares milenarios.
Llegaría a la tierra del dragón.
IX
Eran lugares volcánicos , con grandes dinosaurios.
X
El novelista escribió:
Azul el libro de todos los libros…
XI
Eran lugares mágicos y lejanos.
XII
Pasó por lugares llenos de vapor de gas.
XIII
Eran lugares remotos, y un dios le dijo:
Estás en tierra de dioses, donde van los dragones a morir.
XIV
Siguió el tiempo azul en otros azules.
Siguió otros lugares.
XV
Eran lugares raros, el novelista escribía en su diario .
Luego miraba y jugaba ajedrez.
Caminaba por el lugar.
XVI
Eran lugares raros, el novelista leía Abelardo Castillo.
XVII
El novelista jugaba a ser dioses.
XVIII
Era un lugar raro, donde con su diario escribia.
Este diario solo dirá el nombre de Dios.
XIX
Eran lugares
Otros lugares del universo.
XX
Caminó por varios lugares, las marismas eran lejanas.
El novelista escribía en la arena.
XXI
Siempre era otro, no el era otro mundo.
XXII
El mundo irreal, otro mundo de tuerca u otra vuelta de tuerca de Hery James, escritor Ingles.
Eran el resultado de una lectura banal .
XXIII
Ser lo otro, ser el tiempo de Proust .
Escribir en la eminente siesta de la noche.
XXIV
Siempre dejar el diario inédito, jugar a ser dioses.
XXV
Era un novelista inédito, que jugaba a ser escritor.
Era otro novelista, otro mas .
XXVI
Era un lugar, no era un lugar, era un novelista buscando su viaje, viajar por viajar, andar por andar.
XXVII
Ser, ser en otros días, ser un novelista.
Y buscar una verdad.
EL diario lo guardaría en el lugar sagrado de los dragones.
XXVIII
Caminaba en medio de esos mares, el novelista.
Escribía en el diario.
En otros diarios.
XXIX
Eran tiempos de dragones olvidados, ese olvido hacia que tomar un café en Buenos Aires en la tierra del pasado fuera algo imposible.
Era un novelista, inmortal, o mortal.
Era un escritor de diarios.
XXX
Era un lugar, otros lugares, otros lugares.
Era un diario inédito.
Era un escritor.
XXXI
Era un diario sagrado, e inédito, del novelista.
Era un papel de biblia
XXXII
El novelista se puso a jugar ajedrez, y mirar todo.
El novelista le importaba las letras, y era inspiración sagrada de la literatura.
El escritor solitario de todo y de nada.
XXXIII
Ser en esos mares, y caminando a la tierra del dragón.
Miró el horizonte .
Ese era el horizonte.
Otro horizonte.
Ser lo otro.
Otro horizonte.
Ser todo, y todos, enumerar las estatuas.
Los escritos inéditos.
Y era un novelista.
XXXIV
Caminó por la playa despacio, mirando el cielo.
Estaba en otro universo, gloria de todo.
Era un novelista, u otro novelista .
Ser los otros.
XXXV
Ser lo otro, escribir una historia que se parezca a una novela.
El novelista sabía eso de la fama.
XXXVI
Era un lugar, otro lugar, era otro lugar.
Jugar Ajedrez. Ser en otro plano.
Ser un novelista sagrado.
XXXVII
Ser los otros, ser lo mejor.
Era un novelista, otro novelista sagrado.
En esa tierra de dragones.
Y ese viaje continuaría, con un espíritu:
Soy el espíritu sagrado-
El espíritu sagrado, era un espíritu del bosque oscuro.
XXXVIII
Ser lo demás, ser lo otro .
Y esta historia gira sobre un destino.
Del novelista.
El camino era largo, muy largo.
El tiempo, el otro tiempo .
Guardar, los fosos profundos del ser.
XXXIX
Ser lo demás… ser novelista y un diario inèdito.
XL
Era tarde, de noche, y la mar era calma.
El espíritu lo guiaba por el lugar.
Se preparó para entrar en tierras de dragón.
XLI
Ser lo otro, lo distinto.
Y leer Las otras puertas un libro lejano al bosque oscuro.
Era una historia
Otra historia en medio de mares acechando.
Lugar de sombras. Lejanas.
Lugar de lugares.
Era un novelista obsesivo en la poesía
Otra poesía.
Era otro lugar.
XXXI
Era un lector de escritores antiguos.
Y miraba la tierra de dioses, otros dioses,
XXXII
El novelista era tímido como todo escritor.
XXXIII
La tierra de los dragones era un mar volcánico.
Y el novelista era un escritor.
XXXIV
Buscar dragones donde no existen, esa era la magia.
Buscar escritores en otros lugares.
La pasión de un fuego.
XXXV
El viaje llegaba a su final, allí era el bosque negro, con grandes catedrales.
Y lleno de monjes druidas.
Tomó su pequeño diario y lo llevó por un lugar sagrado.
El lugar estaba lleno de lujos.
Dejò el diario en el lugar y rezò un padre nuestro.
Esta historia será revelada en el fin de los tiempos.
El novelista del Bosque negro
Novela
A Abelardo Castillo.
A Modo de Prologo.
Este intento de novela pertenece a la ficción, intento acercarme a Abelardo Castillo, a su obra, también a Borges, es un camino. Se que es una tarea difícil ser narrador, también por la critica, no somos escritores para todos, asi que asumo mi condición de narrador, con precaución intentando llegar a un lector.
J.D
I
Era una noche, estrellada, una noche que buscaba abismos, y el novelista del bosque negro, tomó su cuchillo, era un asesino, pero escribía, esa noche decidió escribir una novela.
Aquella novela trataba de un escritor y ajedrecista.
Era de noche. El escritor miro el horizonte, y su historia comenzó .
El novelista era un genio, la historia trataba de un ajedrecista y escritor .
Era un viaje a las tierras del dragón mítico .
En esos días el escritor miraba desde un puente, y escribia la novela de su vida.
Era una noche, lejana en el universo.
II
Pasaron los días el escritor era un impostor, escribía una novela.
Llegaría hasta el bosque negro, y era su pasión leer Abelardo Castillo.
El era un novelista, y miraba el horizonte.
Escritor de la costa del Paranà, silenciero de las ausencias.
Pensaba en un viaje a la tierra del dragòn.
III
Era un atardecer, y el lector fuè a la costa. A tomar un café, y siguió con su novela.
El novelista inmortal.
Su viaje a la tierra de dragones estaba cerca
Eran días y noches de escritura, el novelista escribia otra realidad.
El escritor y novelista renacia en sus paginas,
Era un personaje de libros de aventuras.
La aventura de un novelista y ajedrecista, en medio de un mundo raro.
IV
Eran noches de insomnio, donde nada tenía sentido.
El ajedrecista tomaba forma en su novela, era un genio.
La madrugada era extraña en Argentina, el novelista escribía sobre otro novelista.
Era un viaje lejano en medio de sueños.
V
El novelista escribía para otro personaje, de un ajedrecista famoso, en medio de la nada.
Escribía lejano como perdido en un desierto.
El escritor, soñaba con muchos lectores, por su casa aparecían unos gatos negros grandes.
El bosque negro era de la tierra de los dragones.
Era un viaje del novelista, y este escribia cada momento.
Narrador puro.
VI
Era un novelista fiel, corregía sus escritos, una y otra vez, aquella noche leyó a Abelardo Castillo, y fué caminando por una playa, esa playa lejana.
Su viaje sería hasta el bosque negro tierra de dragones.
VII
El novelista creó un personaje que era un novelista, y aquella historia cobro vida.
El tiempo para viajar a un mundo desconocido.
Llegar al bosque era un viaje lejano.
VIII
Siempre deseo ser escritor, del olvido, todo autor es del olvido.
IX
El novelista mira el futuro, y advierte que el viaje será largo.
Y sigue escribiendo su novela.
El tiempo es delicado.
X
El novelista escribe, como su diario inèdito, escribe su novela.
Camina por la playa, y es ese escritor que se doblega.
Debe llegar al bosque negro.
XI
Camina por una playa desertica de Uruguay, y mira el horizonte.
XII
EL escritor hace juegos, y juega ajedrez con su personaje.
XIII
En la novela el novelista hace cosas imposibles, como volar, y es ese acercamiento a un mundo real, a otros mundos.
XIV
El novelista juega con su personaje, que es novelista, y juega ajedrez, y lee poesía en Palermo de Buenos Aires.
Es solo un novelista mas.
XV
Ser novelista y guardar un diario inédito, ser narrador, y jugar era el viaje del escritor.
Ese viaje lo convertía en impostor.
Lo llegaba a ser un autor, otro escritor apócrifo.
XVI
El viento llevaba al novelista por unos caminos sinuosos, los personajes eran sombras, el novelista escribía su historia, y vivía el lugar, los lugares, y viajaba en un tren al lugar de los dragones.
XVII
Soy el otro lado de la sombra, escritor, el novelista que viaja a un lugar.
El ajedrez es para entretener, pero es bueno para la salud.
XVIII
Soy ese novelista, el novelista acá hace una omisión, y mira el derredor y ve solo fantasmas.
Esos son otros fantasmas.
XIX
Ser un novelista, y escribir lo caminado, el tren viajaba por túneles.
Y jugaba un ajedrez lejano.
XX
El novelista daba vida a otro ser, otras realidades.
XXI
Siempre era un fugaz paso por la nada.
XXII
Escribir en el tren era hermoso, se veian los cielos de noche .
XXIII
Es vivir en todo, y en la nada, ser un novelista, que escribe sobre otro.
El jugaba ajedrez.
Aquella tarde el tren marchaba, pero el sueño lo llevaba a otras zonas.
XXIV
El novelista miraba su pantalla de celular y jugaba ajedrez.
El tiempo transcurría, era una historia de ficción la que el escribìa.
XXV
Era otro mundo, otra historia, en medio del viaje en tren.
XXVI
Alguna vez fui novelista, ahora soy un viajero que mira películas en un celular.
El novelista se cuestionó
XXVII
Aquella noche el tren bajaba por una cornisa de varios metros y la nieve llenaba todo.
El novelista seguía con su novela, y miraba las jugadas de ajedrez.
XXVIII
El lugar estaba solitario, los abismos yacían en varias direcciones.
XXIX
Ese era el novelista de azul, vestido para una fiesta, pero el viaje era real.
XXX
Era un escritor con prestigio, editaba cada tanto en su pueblo.
XXXI
El novelista miraba el vidrio del tren y se imaginaba en un torneo, moviendo las piezas.
XXXII
Era el real emblema de los intelectuales, era un genio.
XXXIII
Miraba los cerros pasar y se veìa en el bosque negro.
XXXIV
Miraba en la pantalla del celular las partidas de ajedrez.
XXXV
El novelista escribia mojando su sangre, esa novela máxima.
XXXVI
Era un genio mirando ajedrez y jugando ajedrez.
XXXVII
Ser otro novelista en otro libro. Y mirar el tren y el paisaje.
XXXVIII
Ser el escritor que hace el tiempo, que renace de sus cenizas.
XXXIX
Ser la otra cara de una moneda, ajedrecista.
XL
Ser el otro espejo donde se miran los novelistas
XLI
Mirar otros lectores, con otros ojos, y mirar lo infinito.
XLII
Mirar el lago de sangre de las vivencias y viajar en un tren.
XLIII
Ser lo otro que no se es en el instante de escribir una novela.
XLIV
Escribir
Escribir otra historia que no sea esta, otro lugar, otro destino.
XLV
Ser el otro escritor
Vivenciando otras palabra en la nada.
XLVI
Ser un escritor como un novelista lejano.
XLVII
El novelista miraba el paisaje, y escribia su diario inèdito.
Su prosa era lejana, leìa a Juan Josè Saer, escritor lejano.
Leìa todo y todo lo que podía.
XLVIII
Ser lo demás, y el escritor ferviente, el novelista autentico.
XLIX
El novelista escribía prosa poética, y se sentía fuerte.
El otro novelista era el real.
L
Se miraba en el vidrio y el viaje seguía hasta que parò en una ciudad, y en el cartel decía. Bosque Negro .
LI
Había bajado del tren y un hombre enano le dio:
_Este es la entrada del bosque negro tierra de dragones, debes pasar varias ciudades.
El enano le indico el destino.
El novelista tomó su pluma y cuadernillo.
Se adentró en una de las ciudades en esos lugares.
LII
El novelista entró en la ciudad, y vio gente jugando ajedrez, era un país con esa tradición.
Camino por lugares sagrados, le hablaban del bosque negro y la tierra del dragòn.
Y fue a un templo de joyas preciosas.
Allì un sacerdote le hablo:
-Esta es tu misión, entrar en la tierra del gran dragòn.
El sacerdote bendijo mis libros y se marcho.
LIII
El camino era largo, y las ciudades eran distantes.
El novelista escribia su diario.
Allì se dio cuenta que el aire era fresco.
El aire de montaña lo ponìa bien.
LIV
El novelista caminó por el lugar entró a varios templos, y escribía en su diario inèdito.
Buscó comida y agua, allí lo invitaban los habitantes.
El novelista escribia y reescribias sus poemas y novelas, sus diarios inèditos, era un genio.
LV
Siempre fué espiritual, pero el novelista entró a un laberinto:
El guardián del laberinto dijo:
- Este es el inicio del camino al bosque oscuro.
Y le aclaro que había una gran distancia.
Esa distancia era muy grande con bosque de árboles gigantes
LVI
Eran los albores de un día lejano, en medio del universo y el novelista escribía su diario.
Aquellos habitantes eran extraños de diferentes razas.
LVII
Era un sol para toda la ciudad, y el bosque negro estaba muy lejos de allì.
LVIII
El tiempo de escribir era lejano, largo, los bosques que debía pasar eran inmensos .
El novelista estaba cansado, y encontró refugio en un gran árbol.
Allí un enano le habló:
- Soy un enano rojo, con fuerza física yo te puedo acompañar en el camino al bosque negro, allí encontraras el refugio final para tu diario inédito.
LIX
Ese era el camino y el enano rojo lo acompaño en ese largo camino.
LX
Avanzaron por unas murallas y troncos verdes retorcidos.
El novelista anotaba sus versos y narrativas.
LXI
Allí vio unos seres gigantes víboras de color verde.
Enmarañados caminos de la nada.
Y unos jugadores de ajedrez estaban en una mesa jugando.
LXII
Era un. Viento y el tiempo del novelista.
LXIII
Eran lugares sagrados, y un camino lejano al bosque negro.
Segunda parte
Camino por el bosque de cristal.
I
El enano y el novelista atravesaron un paraje y estaba el bosque de cristal.
Tomó su anotador y escribió en el diario inédito.
II
Los grandes bloques de cristal y bosques petrificados hacían que el frio le penetrara en ellos.
III
Eran seres débiles que buscaban el origen de su destino.
IV
El enano tomó un gran bloque y lo tiró por una caverna.
V
El tiempo de un novelista no es el tiempo de su obra.
VI
El novelista caminó por un pilar y entró a un santuario.
En el santuario estaban estatuas petrificadas.
VII
Asi fue a una pared de hielo y escribió estos poemas:
El mar rojo Diptico Javier Dicenzo
Ayer a las 10:03 am
I
El sol ilumina el mar de rojo
rojo ilumina el sol la mar
la mar de mares en unos mil ojos
el sol da luz en unos mil altares..
II
El sol da luz en unos mil altares
como focas de azules de mares
rojo ilumina el sol la mar
los soles dan luz en juegos de mares.
Era el poema de Javier Dicenzo, otro novelista de esta historia.
VIII
El enano lo acompañó por unos templos de la antigüedad.
El tiempo se hacia largo
IX
El diario inédito yacía junto a un puma muerto, que había querido atacar y así se salvo el novelista, el enano estaba medio muerto también, y despertó el novelista y vio los hechos.
X
El novelista se incorporó y con el enano caminaron varias millas, en medio del silencio del bosque de cristal.
XI
Eran auroras, en ese mundo que una vez fuè la tierra, eran lugares milenarios de millones de años de existencia.
El bosque negro estaba muy lejos, y las estrellas iluminaban todo.
XII
El enano parò a comer frutas, y el novelista escribió:
Azul… el tiempo de diario inèdito es azul y el mar del tiempo…
XIII
Eran grandes cuevas que pasaron, un sistema que tenìan los dioses del bosque.
Habìa unas naves grandes que volaban en el cielo.
XIV
El tiempo parecía no transcurrir o transcurrir en pausa.
Eran lugares frios.
Donde los hombres no existían, y lugares solitarios del mundo.
Eran lugares desérticos, en medio de un universo lejano.
El enano arañaba la nieve.
XV
El tiempo era frio, y frio eran todos esos lugares.
Era un tiempo frio, donde el novelista escribia en su diario.
El lugar era de estatuas de hielo.
XVI
En esos lugares de cristal, estaban unas gárgolas lejanas y penumbrosas.
En las gárgolas grandes ojos de cristal.
XVII
En muchos mundos, en varios mundos estaban el enano y el novelista.
El otro novelista, el escritor fracasado, genio inentendible.
XVIII
Escribir en unos lugares fríos, lejanos a la humanidad, en un punto infinito del universo.
Escribir, en lugares lejanos de la existencia.
XIX
Escribir, era lo que hacia el novelista.
Jugador de ajedrez.
Escribir era lo otro, en la ciudad de hielo.
XX
Ser un escritor, y solitario, en medio de un mundo de cristal, cruel, difícil.
Ser un escritor.
Ser otro escritor.
Ser los otros.
Ser un escritor, otro escritor.
El novelista estaba frustrado, era un genio, pero la vida le era difícil.
XXI
La ciudad de cristal, era fría, con fantasmas oscuros.
En esos parajes, eran el duende y el novelista.
La distancia al bosque negro era grande.
Pasaron por un lugar lleno de cruces en sangre.
Pasaron miles de pájaros, millares de insectos.
Y el novelista escribía en su cuaderno.
Era un novelista frustrado.
XXII
El viaje era eterno, en esos lugares de hielo.
El novelista escribía su diario inédito.
El novelista jugaba ajedrez.
EL viaje era lejano.
El tiempo de todo.
XXIII
Escribir una novela era para el novelista.
Escribir en otros lugares.
Escribir novelas y ser un escritor.
Ser todo con el enano de compañero de viaje.
Miraba los fantasmas.
XXIV
Viajaba en esa ciudad de cristal.
Era un viaje inédito.
Los lugares.
Era un río de sangre.
Era otro río.
XXV
Camino el novelista, y releía su diario.
Era un lugar lejano.
Caminó el otro novelista.
En cada paso, en cada novela.
Cruzó los lugares.
XXVI
Soy. Otro lugar, soy otro novelista.
Era otro yo, otro lugar.
Era una perversidad como la de Allan Poe.
en la tierra de los fantasmas
XXVII
El viaje era lejano, muy lejano.
El tiempo, los otros rostros, el fuego del infierno.
Era un novelista en un tras fondo perverso.
XXVII
Ser y estar
Ser y estar como ajedrecista.
Ser y estar.
Enumerando las estatuas.
EL ego del novelista.
El otro viaje, un viaje lejano en el ultimo universo.
XXVIII
El novelista entró a la cueva sagrada.
El novelista escribió en el diario.
Y fue así como la narrativa llenaba todo.
XXIX
El escritor, solitario miraba el diario, preguntaba en su interior si tenía sentido ser escritor, las respuestas no llegaron.
XXX
Eran días duros en el camino, en la ciudad de cristal.
XXXI
Ser un novelista y viajar por ese bosque oscuro.
Para llegar
A otros lugares perversos.
Ser un escritor comprometido.
Escribir y con el enano viajar por mundos.
XXXII
Buscar vestigios de la nada, en un lugar
Gustar a los otros.
No hablar en la transformación de Kafka.
XXXIII
El frio helaba los huesos, y el tiempo de soledad.
El frìo helaba, y el jugaba ajedrez.
El otro tiempo. El otro lugar.
XXXIV
Era un día gris, escribía en una libreta sus agonías.
Era un día gris y escribía otros diarios, para otras personas.
XXXV
El novelista escribía su destino estaba marcado, el bosque negro lo esperaba para guardar su diario inédito.
XXXVI
El novelista hacia meditaciones, y se acordaba de Priscila una ex novia que tuvo en la tierra en millones de años.
XXXVII
El novelista jugaba ajedrez, jugaba en otros lugares.
Era un escritor, un escritor lejano en un punto del universo.
Ese planeta era extraño y frio.
XXXVIII
Miraba los árboles de cristal, los árboles que yacían muertos.
Era un nuevo renacer del novelista, en ese cristal frio.
XXXIX
Eran los días fríos
El novelista y junto con el enano viajaban por unas cuevas, otras cuevas lejanas.
XL
Eran lugares extraños, y pisaban el cristal.
XLI
Eran lejanos tigres en el lugar, donde no existían otros eternos fantasmas.
XLII
El novelista viajaba al bosque negro, pero en esos lugares, pasaban por muchos mundos y ciudades.
Eran hielos, muchos cristales, eran hielos.
El novelista miraba todo.
XLIII
Era un lector, otro lector, de muchos días y rayos en el cielo.
Era el fin en ese frio de cristal, se dirigió a un templo.
Allí vio el mundo entero de cristal, y un portal.
XLIV
Era el final de un viaje lejano.
Era la cruz maldecida de los espíritus, era un lugar perverso.
XLV
Allí bajó por una pendiente.
Y un mar apareció.
XLVI
Un gran ser lo mirò por una ventana …
Esta es la ultima parte de esta novela, o nouvelle.
Desde aquí comienza otra historia.
Tercera parte viaje al bosque negro
I
El novelista comenzó un viaje por un lugar de mares naturales.
Esos mares eran como ríos.
El enano había quedado lejos.
Caminó el novelista lejanamente.
II
Era un lugar extraño , con unos delfines acechando.
Viajó hasta un lugar lejano.
Era un camino hacia el bosque negro
III
De vez en cuando tomaba su diario inédito y escribía.
Lejano.
Eran mares de planeta desértico.
IV
Era un lugar lejano.
Era otro lugar lejano
Mares y rocas, árboles retorcidos.
V
Se dirigía a un bosque cercano a unos cerros que tenían escaleras.
Desde allì era un viaje en naves hasta el bosque.
VI
Caminò el novelista …
VII
En medio de la nada el novelista leyó Juan Josè Saer, A medio Borrar, libro de otro planeta y otra época.
VIII
Caminaba por las mareas, en esos lugares milenarios.
Llegaría a la tierra del dragón.
IX
Eran lugares volcánicos , con grandes dinosaurios.
X
El novelista escribió:
Azul el libro de todos los libros…
XI
Eran lugares mágicos y lejanos.
XII
Pasó por lugares llenos de vapor de gas.
XIII
Eran lugares remotos, y un dios le dijo:
Estás en tierra de dioses, donde van los dragones a morir.
XIV
Siguió el tiempo azul en otros azules.
Siguió otros lugares.
XV
Eran lugares raros, el novelista escribía en su diario .
Luego miraba y jugaba ajedrez.
Caminaba por el lugar.
XVI
Eran lugares raros, el novelista leía Abelardo Castillo.
XVII
El novelista jugaba a ser dioses.
XVIII
Era un lugar raro, donde con su diario escribia.
Este diario solo dirá el nombre de Dios.
XIX
Eran lugares
Otros lugares del universo.
XX
Caminó por varios lugares, las marismas eran lejanas.
El novelista escribía en la arena.
XXI
Siempre era otro, no el era otro mundo.
XXII
El mundo irreal, otro mundo de tuerca u otra vuelta de tuerca de Hery James, escritor Ingles.
Eran el resultado de una lectura banal .
XXIII
Ser lo otro, ser el tiempo de Proust .
Escribir en la eminente siesta de la noche.
XXIV
Siempre dejar el diario inédito, jugar a ser dioses.
XXV
Era un novelista inédito, que jugaba a ser escritor.
Era otro novelista, otro mas .
XXVI
Era un lugar, no era un lugar, era un novelista buscando su viaje, viajar por viajar, andar por andar.
XXVII
Ser, ser en otros días, ser un novelista.
Y buscar una verdad.
EL diario lo guardaría en el lugar sagrado de los dragones.
XXVIII
Caminaba en medio de esos mares, el novelista.
Escribía en el diario.
En otros diarios.
XXIX
Eran tiempos de dragones olvidados, ese olvido hacia que tomar un café en Buenos Aires en la tierra del pasado fuera algo imposible.
Era un novelista, inmortal, o mortal.
Era un escritor de diarios.
XXX
Era un lugar, otros lugares, otros lugares.
Era un diario inédito.
Era un escritor.
XXXI
Era un diario sagrado, e inédito, del novelista.
Era un papel de biblia
XXXII
El novelista se puso a jugar ajedrez, y mirar todo.
El novelista le importaba las letras, y era inspiración sagrada de la literatura.
El escritor solitario de todo y de nada.
XXXIII
Ser en esos mares, y caminando a la tierra del dragón.
Miró el horizonte .
Ese era el horizonte.
Otro horizonte.
Ser lo otro.
Otro horizonte.
Ser todo, y todos, enumerar las estatuas.
Los escritos inéditos.
Y era un novelista.
XXXIV
Caminó por la playa despacio, mirando el cielo.
Estaba en otro universo, gloria de todo.
Era un novelista, u otro novelista .
Ser los otros.
XXXV
Ser lo otro, escribir una historia que se parezca a una novela.
El novelista sabía eso de la fama.
XXXVI
Era un lugar, otro lugar, era otro lugar.
Jugar Ajedrez. Ser en otro plano.
Ser un novelista sagrado.
XXXVII
Ser los otros, ser lo mejor.
Era un novelista, otro novelista sagrado.
En esa tierra de dragones.
Y ese viaje continuaría, con un espíritu:
Soy el espíritu sagrado-
El espíritu sagrado, era un espíritu del bosque oscuro.
XXXVIII
Ser lo demás, ser lo otro .
Y esta historia gira sobre un destino.
Del novelista.
El camino era largo, muy largo.
El tiempo, el otro tiempo .
Guardar, los fosos profundos del ser.
XXXIX
Ser lo demás… ser novelista y un diario inèdito.
XL
Era tarde, de noche, y la mar era calma.
El espíritu lo guiaba por el lugar.
Se preparó para entrar en tierras de dragón.
XLI
Ser lo otro, lo distinto.
Y leer Las otras puertas un libro lejano al bosque oscuro.
Era una historia
Otra historia en medio de mares acechando.
Lugar de sombras. Lejanas.
Lugar de lugares.
Era un novelista obsesivo en la poesía
Otra poesía.
Era otro lugar.
XXXI
Era un lector de escritores antiguos.
Y miraba la tierra de dioses, otros dioses,
XXXII
El novelista era tímido como todo escritor.
XXXIII
La tierra de los dragones era un mar volcánico.
Y el novelista era un escritor.
XXXIV
Buscar dragones donde no existen, esa era la magia.
Buscar escritores en otros lugares.
La pasión de un fuego.
XXXV
El viaje llegaba a su final, allí era el bosque negro, con grandes catedrales.
Y lleno de monjes druidas.
Tomó su pequeño diario y lo llevó por un lugar sagrado.
El lugar estaba lleno de lujos.
Dejò el diario en el lugar y rezò un padre nuestro.
Esta historia será revelada en el fin de los tiempos.