La tarde me devuelve
el oasis de tus ojos
en silenciosa dulzura,
en primorosos instantes
que solo se deshacen
cuando me miras...
Y asombrado parpadeo
en el silencio que nos nace
y se nos vierte como lluvia,
que nos palpita y nos consume
en el rojo verano de la dicha.
Y exalta la diestra de tu nombre
el tímido rostro del cielo,
y el semblante de tus labios
asciende transparente, único
en la savia de mi boca.
EBAN
Última edición: