En la romanza obscura de tu tierno corazón, una floreada aurora de verdes pétalos en flor despliega el perfume religioso del ateísmo epicúreo. Es el momento de alardear de dádiva expresionista. La belleza maternal se subsana con un cuenta gotas de orujo. Para que el alcohol reconcentrado hiera, aún más si cabe, el crecimiento desmesurado del obscuro. Ese ser que mora en el pistilo frenético. Donde una vil abeja succiona el néctar funesto de la hora maldita. ¡ Oh ! Obscuro. Eres el duende; que consume hasta los huesos la mano inocente de la doncella. Eres el sufragio universal de un par de subnormales. Que votan al vacío sin nombre. Por eso, deseo de todo embeleso cerebral que te pudras en el infierno calamitoso de este mundo estúpido. Donde los suicidas son eregidos al honor de héroes.