Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
El olor de la ciruela.
Sepan que son esas malas costumbres que tengo desde hace mucho.
Como aquella de mirar a los ojos y perderme en ellos,
la de admirar la belleza femenina, imaginándomela desnuda.
No les miento, a mi me gusta natura, por algo admiro a los clásicos...
Hoy tengo que ser más cuidadoso, el mundo no es como antes.
Los otros días, esperando por el tren, el tío con la chica hermosa a su lado
se puso furioso conmigo, yo simplemente me la imaginé cebolla
y estaba extasiado pelándola con los ojos llenos de lágrimas.
No valió de nada que le dijera que era poeta.
Me llamó, inhumanamente valga la aclaración,
por nombres y adjetivos incomprensibles.
Por eso ahora procuro tener mis manos ocupadas
y cuando voy de viaje, me quito los ojos y los guardo en el bolsillo.
Todo por evitar un mal rato, los malos entendidos
y las acusaciones de meter la vista por donde no me llaman.
Pero, os juro, que de veras no soy perverso.
Ahora ando ciego y con las manos atiborradas de nada.
Mi mujer pregunta a qué se debe esto
y yo escurridizo le cuento que es un nuevo proyecto.
Bendito sea, ¿qué haré con mi nariz persiguiendo el olor de la ciruela?
1ro. de Diciembre de 2008.
Sepan que son esas malas costumbres que tengo desde hace mucho.
Como aquella de mirar a los ojos y perderme en ellos,
la de admirar la belleza femenina, imaginándomela desnuda.
No les miento, a mi me gusta natura, por algo admiro a los clásicos...
Hoy tengo que ser más cuidadoso, el mundo no es como antes.
Los otros días, esperando por el tren, el tío con la chica hermosa a su lado
se puso furioso conmigo, yo simplemente me la imaginé cebolla
y estaba extasiado pelándola con los ojos llenos de lágrimas.
No valió de nada que le dijera que era poeta.
Me llamó, inhumanamente valga la aclaración,
por nombres y adjetivos incomprensibles.
Por eso ahora procuro tener mis manos ocupadas
y cuando voy de viaje, me quito los ojos y los guardo en el bolsillo.
Todo por evitar un mal rato, los malos entendidos
y las acusaciones de meter la vista por donde no me llaman.
Pero, os juro, que de veras no soy perverso.
Ahora ando ciego y con las manos atiborradas de nada.
Mi mujer pregunta a qué se debe esto
y yo escurridizo le cuento que es un nuevo proyecto.
Bendito sea, ¿qué haré con mi nariz persiguiendo el olor de la ciruela?
1ro. de Diciembre de 2008.