aurigae
Poeta recién llegado
Dulces poros que tu piel arrastra,
parece que llevas el peso del cielo en tus ojos
y tu movimiento expresa
la ligereza que se mece en tus hombros
con la destreza de un sábado encerrado en un calendario;
buceando entre momentos
reducidos a escombros.
Te temo porque sorprendes hasta la lluvia
que vive con el miedo
de que tus gestos puedan hacerle sombra.
Y no me extraña
porque le lluvia siempre ha sido débil
ante la luz que aclara la penumbra,
pero yo no soy lluvia,
soy el mundo en el que vivo,
soy la envidia,
soy el olvido,
soy cuando no me tocas;
no soy cuando no percibo.
Me encuentro, aunque no esté conmigo.
No hay camino,
me estremezco cuando sé que
yo soy la que lo escribo.
parece que llevas el peso del cielo en tus ojos
y tu movimiento expresa
la ligereza que se mece en tus hombros
con la destreza de un sábado encerrado en un calendario;
buceando entre momentos
reducidos a escombros.
Te temo porque sorprendes hasta la lluvia
que vive con el miedo
de que tus gestos puedan hacerle sombra.
Y no me extraña
porque le lluvia siempre ha sido débil
ante la luz que aclara la penumbra,
pero yo no soy lluvia,
soy el mundo en el que vivo,
soy la envidia,
soy el olvido,
soy cuando no me tocas;
no soy cuando no percibo.
Me encuentro, aunque no esté conmigo.
No hay camino,
me estremezco cuando sé que
yo soy la que lo escribo.
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