sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
El Oráculo perfecto del Alacrán,
savias infusiones de aromas,
mantas de seda cicatrizadas en el muro de los deseos.
Deshojado ramo de sangre en la flor con un beso,
poderosa curación en la crucifixión de un bautizado recuerdo,
sin traición de agua hervida en sal,
cargas de romanticismo en el tiempo de un cristal,
se hace el viento en un lagrimal,
se vuelve de verso lo que roza otro verso,
se cura el corazón hasta romper el mal,
cuece sus labios hasta derramar su mirar,
cae entre los ojos,
se va hacia el cristal,
derrama su cuerpo entre un manto de hojas,
su muro lo sigue,
es su Oráculo perfecto,
su Dios de bailes petrificados entre las llamas,
se hace el sueño,
cristales entre los suelos,
nubes disecadas entre los espejos
cae su saliva en llamas e incendia el horizonte,
descarnada piel que se hace a fuego lento,
savia reflexión unida a lo eterno,
corazón de caramelo,
se foguea en los labios de una dama
se caen las estrellas y aparece su luciérnaga,
cantan las palabras
se distribuyen los sentimientos en la viña que más sentía,
se hace su canción soplada,
para besar cuando la muerte era pactada,
y volvió para decirle te amo,
alacrán en fiebre
decía las leyendas del sueño,
destino de amor en resurrecciones con su Oráculo perfecto,
el hablaba en sueños
y completaba su viva el amor,
con esa dama que hizo sentir su brillante danza
jurada y llevada a la esfinge del Oráculo,
vivía entre los túneles del camino,
más allá de sus álbumes,
las orillas eran como garfios con velas,
se volvía hasta las telas momificadas en corazones,
se volvía el beso a las palabras más mayores,
se destinaban hasta quemar a los dolores,
de ese camino hasta el más sagrado paraíso,
donde las damas no querían ser ancianas,
porque querían ser niñas para un gran sorbo de la juventud,
que ese amor cicatrizó hasta matar por amor.
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