musador
esperando...
«¡Qué terrible batifondo!»,
grita mi madre enfadada
mientras huyen en bandada
mis hermanas del pampero
que vaciando su ropero
es preludio de algarada.
Al rato vuelven, pacientes,
y del piso sin premura
con femenina dulzura
van levantando sus prendas...:
mi madre lleva las riendas
sin látigo ni tortura.
Con el orden empezar
es siempre fácil y grato
pero pasado ya un rato
viendo que el día transcurre
ser prolijos nos aburre:
¡al diablo con nuestro trato!
Si por encima del hombro
nuestra madre nos mirara
¡pondría tan mala cara
al ver en cuaderno nuevo
crecer las manchas de sebo
sobre la página clara!
Así mis hermanas pronto
sobre su ropa doblada
ponían amontonada
la que quedaba en el piso,
dejando el gesto sumiso
a la primera llamada...
No son propicias al orden
las familias numerosas:
hay, entre las muchas cosas,
la funesta disciplina,
pero resulta mezquina,
prefiero las generosas.
Podría daros ejemplos,
pelusas y cucarachas,
indignando a las muchachas
y a mis hermanas mayores
que con el tiempo primores
hicieron con sus bombachas.
Pero termino admitiendo
que para algunos asuntos
importa poner los puntos
con cuidado en el zurcido,
mas es orden conocido
el que guardan los difuntos.
Notas.
1. Tuve seis hermanas mayores, que son las que menciono en «bandada».
2. Pamperos: hermosas tempestades comunes en mi tierra.
3. Bombachas: uno de los tantos nombres de las prendas íntimas que en España llaman bragas.
4. Mis últimos dos versos refieren, claro, al «orden de los cementerios».
grita mi madre enfadada
mientras huyen en bandada
mis hermanas del pampero
que vaciando su ropero
es preludio de algarada.
Al rato vuelven, pacientes,
y del piso sin premura
con femenina dulzura
van levantando sus prendas...:
mi madre lleva las riendas
sin látigo ni tortura.
Con el orden empezar
es siempre fácil y grato
pero pasado ya un rato
viendo que el día transcurre
ser prolijos nos aburre:
¡al diablo con nuestro trato!
Si por encima del hombro
nuestra madre nos mirara
¡pondría tan mala cara
al ver en cuaderno nuevo
crecer las manchas de sebo
sobre la página clara!
Así mis hermanas pronto
sobre su ropa doblada
ponían amontonada
la que quedaba en el piso,
dejando el gesto sumiso
a la primera llamada...
No son propicias al orden
las familias numerosas:
hay, entre las muchas cosas,
la funesta disciplina,
pero resulta mezquina,
prefiero las generosas.
Podría daros ejemplos,
pelusas y cucarachas,
indignando a las muchachas
y a mis hermanas mayores
que con el tiempo primores
hicieron con sus bombachas.
Pero termino admitiendo
que para algunos asuntos
importa poner los puntos
con cuidado en el zurcido,
mas es orden conocido
el que guardan los difuntos.
Notas.
1. Tuve seis hermanas mayores, que son las que menciono en «bandada».
2. Pamperos: hermosas tempestades comunes en mi tierra.
3. Bombachas: uno de los tantos nombres de las prendas íntimas que en España llaman bragas.
4. Mis últimos dos versos refieren, claro, al «orden de los cementerios».
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