MaríaA.G
Poeta veterana en el Portal
El origen del Universo sobre la piel
Oncina – MaríaA.G
Son mis ojos primarios
los que buscan el balcón cuaternario de tu anatomía
y el fuego que imprime tus brazos.
Nunca fue secundario
sostener tu caída de pestañas, como tercios
también clavo mis picas en tu torso.
Se agota mi aliento
en los besos perfilados al amparo de caricias
calladas, taciturnas.
El temblor inconsciente de mis dedos
son los pálpitos del torrente que mana
desbocado desde las entrañas de mi cuerpo.
Navego en las cálidas aguas de tu Océano,
en la espuma que arrastran tus olas,
escuchando la armonía que desprenden los latidos.
Bum, bum. Bum, bum, el ritmo acompasado
se acelera por momentos, bumbum, bumbum...
busca un carnal estallido de silencio.
Mi piel se estremece en los vapores de tus mieles,
prisionera liberta en las sedas de tus dedos,
en los cuartos crecientes que empapan mis poros.
Intercambiamos la música, los vapores,
los sonidos, los alientos, juntos recorremos
el sendero desde el cielo al infierno.
Me pierdo en el vértice de tus solicitudes,
en la línea que marca la cartografía de nuestras siluetas
y en el Big Bang de las disoluciones espontáneas.
Mis pequeñas partículas subatómicas
se extienden en ti, solo llega el sosiego
tras atravesar el barranco del fin del mundo.
Oncina – MaríaA.G
Son mis ojos primarios
los que buscan el balcón cuaternario de tu anatomía
y el fuego que imprime tus brazos.
Nunca fue secundario
sostener tu caída de pestañas, como tercios
también clavo mis picas en tu torso.
Se agota mi aliento
en los besos perfilados al amparo de caricias
calladas, taciturnas.
El temblor inconsciente de mis dedos
son los pálpitos del torrente que mana
desbocado desde las entrañas de mi cuerpo.
Navego en las cálidas aguas de tu Océano,
en la espuma que arrastran tus olas,
escuchando la armonía que desprenden los latidos.
Bum, bum. Bum, bum, el ritmo acompasado
se acelera por momentos, bumbum, bumbum...
busca un carnal estallido de silencio.
Mi piel se estremece en los vapores de tus mieles,
prisionera liberta en las sedas de tus dedos,
en los cuartos crecientes que empapan mis poros.
Intercambiamos la música, los vapores,
los sonidos, los alientos, juntos recorremos
el sendero desde el cielo al infierno.
Me pierdo en el vértice de tus solicitudes,
en la línea que marca la cartografía de nuestras siluetas
y en el Big Bang de las disoluciones espontáneas.
Mis pequeñas partículas subatómicas
se extienden en ti, solo llega el sosiego
tras atravesar el barranco del fin del mundo.