Adrian Correa
Poeta que considera el portal su segunda casa
 
Un oso caminaba muy tranquilo por el bosque porque sabía que no había otro animal tan grande como él, ni en ese, ni en otros bosques cercanos.
Siempre iba con la cabeza bien alta y aprovechándose de su grandeza y fortaleza, hacía que todos los otros animalitos del bosque lo saludaran a su paso. Y si alguno se negaba, le gruñía y lo golpeaba, para que se diera cuenta de quién era el más poderoso.
Él era realmente soberbio, tomaba todo lo que necesitaba, sin pedirle permiso a nadie. Pues sabía que con su gran cuerpo, sus dientes afilados y sus grandes garras, nadie se opondría a sus decisiones.
Cierto día al caminar por la parte más espesa del bosque y por llevar la cabeza levantada en forma intimidante, pisó una pequeña espina que se le clavo justo en medio de su pata.
Él sintió el dolor, pero no le dio importancia. Solo dijo “es una pequeña espina, que le puede hacer a un gran oso como yo”. Y siguió su camino.
En la noche sintió un gran dolor en la pata que se había pinchado. Le costo un poco dormirse, pero al final lo logró.
Al día siguiente su pata estaba muy hinchada y le costaba caminar.
El poderoso oso intentó sacarse la espina, pero sus garras eran tan grandes que le fue imposible.
Su pata estaba cada vez peor, y se sintió afiebrado.
Entonces esa mañana no se levanto, se quedo acostado en la puerta de su cueva.
Los otros animales, acostumbrados a tener que saludar al oso, notaron enseguida su ausencia.
Presa de su curiosidad, fueron todos a ver que le pasaba.
Al llegar vieron al oso tendido en la puerta de su cueva, muy afiebrado y con la pata hinchada por la infección provocada por la espina.
Ninguno de ellos se animaba a acercarse, ni siquiera a preguntarle que era lo que le pasaba, porque él era tan soberbio que no sabían como reaccionaría.
Entonces un pequeño pajarito, tomó coraje, se acercó y le preguntó.
- Buen día oso, ¿qué es lo que le sucede?
El oso con malos modos contestó.
- Nada que a ustedes les interese, esto es algo que yo solo puedo resolver.
Entonces el pajarito revoloteó en torno al oso y vio esa pequeña espinita clavada en su pata, se acercó nuevamente y dijo:
-Señor oso, yo con mi pequeño pico podría fácilmente sacar esa espinita de su pata.
Y el oso le respondió.
¿Tú crees que si yo con mi inteligencia y mis grandes garras no he podido, podrás tú que eres un insignificante pajarito?
Y dando un fuerte gruñido les gritó.
- Váyanse todos de aquí, que yo solo puedo arreglarme.
Todos los animales obedecieron sin discutir y dejaron otra vez solo al gran oso.
Al día siguiente, apenas salió el sol, el pajarito voló otra vez hasta su cueva, encontrándose con la gran sorpresa de que el oso había muerto.
Entonces se posó triste sobre una rama y pensó.
“Yo hubiera podido sacarle la espina fácilmente con mi pequeño pico, pero el no quiso.
Pobre oso, murió por ser tan vanidoso”
 
Moraleja
La soberbia es algo que nos va encerrando en nosotros mismos y que no nos deja darnos cuenta de que muchas veces necesitamos del que menos pensamos o del que menos importancia le damos.
En este mundo nadie es mejor que el otro, somos todos actores de una misma película. Dónde cada uno cumple su rol y entre todos hacemos el resultado final.
 
 
Un oso caminaba muy tranquilo por el bosque porque sabía que no había otro animal tan grande como él, ni en ese, ni en otros bosques cercanos.
Siempre iba con la cabeza bien alta y aprovechándose de su grandeza y fortaleza, hacía que todos los otros animalitos del bosque lo saludaran a su paso. Y si alguno se negaba, le gruñía y lo golpeaba, para que se diera cuenta de quién era el más poderoso.
Él era realmente soberbio, tomaba todo lo que necesitaba, sin pedirle permiso a nadie. Pues sabía que con su gran cuerpo, sus dientes afilados y sus grandes garras, nadie se opondría a sus decisiones.
Cierto día al caminar por la parte más espesa del bosque y por llevar la cabeza levantada en forma intimidante, pisó una pequeña espina que se le clavo justo en medio de su pata.
Él sintió el dolor, pero no le dio importancia. Solo dijo “es una pequeña espina, que le puede hacer a un gran oso como yo”. Y siguió su camino.
En la noche sintió un gran dolor en la pata que se había pinchado. Le costo un poco dormirse, pero al final lo logró.
Al día siguiente su pata estaba muy hinchada y le costaba caminar.
El poderoso oso intentó sacarse la espina, pero sus garras eran tan grandes que le fue imposible.
Su pata estaba cada vez peor, y se sintió afiebrado.
Entonces esa mañana no se levanto, se quedo acostado en la puerta de su cueva.
Los otros animales, acostumbrados a tener que saludar al oso, notaron enseguida su ausencia.
Presa de su curiosidad, fueron todos a ver que le pasaba.
Al llegar vieron al oso tendido en la puerta de su cueva, muy afiebrado y con la pata hinchada por la infección provocada por la espina.
Ninguno de ellos se animaba a acercarse, ni siquiera a preguntarle que era lo que le pasaba, porque él era tan soberbio que no sabían como reaccionaría.
Entonces un pequeño pajarito, tomó coraje, se acercó y le preguntó.
- Buen día oso, ¿qué es lo que le sucede?
El oso con malos modos contestó.
- Nada que a ustedes les interese, esto es algo que yo solo puedo resolver.
Entonces el pajarito revoloteó en torno al oso y vio esa pequeña espinita clavada en su pata, se acercó nuevamente y dijo:
-Señor oso, yo con mi pequeño pico podría fácilmente sacar esa espinita de su pata.
Y el oso le respondió.
¿Tú crees que si yo con mi inteligencia y mis grandes garras no he podido, podrás tú que eres un insignificante pajarito?
Y dando un fuerte gruñido les gritó.
- Váyanse todos de aquí, que yo solo puedo arreglarme.
Todos los animales obedecieron sin discutir y dejaron otra vez solo al gran oso.
Al día siguiente, apenas salió el sol, el pajarito voló otra vez hasta su cueva, encontrándose con la gran sorpresa de que el oso había muerto.
Entonces se posó triste sobre una rama y pensó.
“Yo hubiera podido sacarle la espina fácilmente con mi pequeño pico, pero el no quiso.
Pobre oso, murió por ser tan vanidoso”
 
Moraleja
La soberbia es algo que nos va encerrando en nosotros mismos y que no nos deja darnos cuenta de que muchas veces necesitamos del que menos pensamos o del que menos importancia le damos.
En este mundo nadie es mejor que el otro, somos todos actores de una misma película. Dónde cada uno cumple su rol y entre todos hacemos el resultado final.
 
 
Última edición: