joanmoypra
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando los arboles pierden el pelo
y nuestras pobladas cabezas las alargadas hojas,
es cuando un ciclo se está acabando,
y calvos nos vamos quedando a pesar
de los emplastes que en la calva a todas horas,
nos estemos aplicando.
Los árboles que al final despoblados se
han quedando al terminar su estación,
no necesitan emplastes para la nueva floración,
tan solo la Primavera y que su savia altera
es suficiente para ver al llegar esta estación,
y reverdecer unos brotes de esmeraldas
bajo el sol.
El humano es otra cosa difícil de comparar:
no necesita de estación para su calva asomar,
cuando la misma aparece no existe avance
o emplaste que la pueda controlar, debiendo
estar preparados con una boina o sombrero,
de paño o quizás de cuero, con el que poderla tapar,
si no queremos que la misma se nos vaya a constipar.
¿Quién no ha caminado alguna vez a lo largo de su vida,
por una alfombra de hojas en Otoño
y por el suelo marrón esparcidas?,
fiel reflejo de las enormes y verdes cabelleras,
de aquellas arboledas con sus árboles gigantes,
que cubrieron esas zonas del tórrido
sol del Estío tan seco y tan agobiante;
para permitir nuestros pasos bajo sus copas sagradas,
sin pedir a cambio nada.
Debemos tener cuidado cuando las hojas pisamos,
son el reflejo más fiel del que cae de lo más alto,
igual que nos pasara cuando este mundo dejemos,
sin importar condición, cargo, ni nuestro alcanzado puesto,
puede que el humano más humilde sea
el único que lleve flores a nuestros restos.
joanmoypra/2011
y nuestras pobladas cabezas las alargadas hojas,
es cuando un ciclo se está acabando,
y calvos nos vamos quedando a pesar
de los emplastes que en la calva a todas horas,
nos estemos aplicando.
Los árboles que al final despoblados se
han quedando al terminar su estación,
no necesitan emplastes para la nueva floración,
tan solo la Primavera y que su savia altera
es suficiente para ver al llegar esta estación,
y reverdecer unos brotes de esmeraldas
bajo el sol.
El humano es otra cosa difícil de comparar:
no necesita de estación para su calva asomar,
cuando la misma aparece no existe avance
o emplaste que la pueda controlar, debiendo
estar preparados con una boina o sombrero,
de paño o quizás de cuero, con el que poderla tapar,
si no queremos que la misma se nos vaya a constipar.
¿Quién no ha caminado alguna vez a lo largo de su vida,
por una alfombra de hojas en Otoño
y por el suelo marrón esparcidas?,
fiel reflejo de las enormes y verdes cabelleras,
de aquellas arboledas con sus árboles gigantes,
que cubrieron esas zonas del tórrido
sol del Estío tan seco y tan agobiante;
para permitir nuestros pasos bajo sus copas sagradas,
sin pedir a cambio nada.
Debemos tener cuidado cuando las hojas pisamos,
son el reflejo más fiel del que cae de lo más alto,
igual que nos pasara cuando este mundo dejemos,
sin importar condición, cargo, ni nuestro alcanzado puesto,
puede que el humano más humilde sea
el único que lleve flores a nuestros restos.
joanmoypra/2011