Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
Coloqué pacientemente la lámpara
en la solitaria penumbra
de la conciencia,
un rugido distante,
es el eco de las voces
de los muertos de la patria.
Manchas de sangre
en un río llamado
hermano de los héroes,
oigo fuera la plegaria
de la injusticia
que llegó tenebrosa a donde
los hombres pobres,
ráfaga asignada al viento,
aposento del país
de las caras largas,
movimiento mudo,
insomnio de la pesadumbre.
Se que nadie está en la piel
más de la cuenta,
pero nuestro tiempo
no puede ser recortado,
somos cuerpos que no saben
donde se asientan los corazones:
¡Inconscientes!
que es nuestro mayor pecado.
Vuelve la luz lentamente,
a lo lejos las angustias se apartan,
allá el mediodía,
a pesar de ello
se encienden las estrellas.
en la solitaria penumbra
de la conciencia,
un rugido distante,
es el eco de las voces
de los muertos de la patria.
Manchas de sangre
en un río llamado
hermano de los héroes,
oigo fuera la plegaria
de la injusticia
que llegó tenebrosa a donde
los hombres pobres,
ráfaga asignada al viento,
aposento del país
de las caras largas,
movimiento mudo,
insomnio de la pesadumbre.
Se que nadie está en la piel
más de la cuenta,
pero nuestro tiempo
no puede ser recortado,
somos cuerpos que no saben
donde se asientan los corazones:
¡Inconscientes!
que es nuestro mayor pecado.
Vuelve la luz lentamente,
a lo lejos las angustias se apartan,
allá el mediodía,
a pesar de ello
se encienden las estrellas.
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