Porfirio Mayo
Poeta recién llegado
El país de las mariposas
Se ahoga, se descompone
La región del canto y flores
El país de las vírgenes profanadas
El lugar del feminicidio
El lugar de las carcajadas
Se vuelve rudo y violento
Se quema como El llano en llamas
Se desangra a paso lento.
El país de las mariposas se discurre,
Y escurre en turbias y oscuras manos
De entes desconocidos
De feroces ciudadanos
De hombres muy corrompidos
De seres desorbitados
De sicarios sin quejidos
De guachos desesperados
De uniformes asesinos
De escuadrones de la muerte
De gentes del exterminio.
Vuelven los sacrificios humanos que nunca se fueron
Sus ríos de sur y norte se llenan de roja sangre
Sus ríos del poniente se ennegrecen de maldades
Y sus lagos y sus cenotes
Son cubil para cadáveres.
Y el desierto del noroeste se puebla
De ánimas y de muertos fantasmales
Y sus cabezas de piedras se han vuelto
Piedras rodantes
Todo el año es día de muertos
Todo el año es de cadáveres
Todo el año es flor de muertos
Todo el año es de maldades.
Y la diosa del espanto vuelve,
Se hace presente.
Se apodera de las calles
Se enseñorea en los puentes,
Se pasea por las ciudades
Se apropia de nuestras mentes
Provocando las maldades
Provocando tanta muerte.
Todo México es altar para
La santa, santísima muerte.
Y el nopal y la serpiente
Y el águila corta-cabezas
Y el águila mata-serpientes
No pueden con esta cosa
Están golpeados del vientre
Con un mazo u otra cosa
Con una bala caliente
Por un ataque de moscas
Yacen flácidos y deshechos
Como muertos en sus fosas.
Hay una bandera rota
Y un muerte-río de gente
Y el país sin capitanes
Nos abandona a la suerte
Se desmiembran las mariposas
Y sus alas caen cortando el aire
Las ofrendas yacen despellejadas
Los cuerpos sin sus pieles delicadas
Los torsos sin pies ni manos
Los cuerpos sin sus cabezas
Las cabezas sin sus ojos
Las bocas sin sus lenguas
Las manos sin sus dedos
Los muertos sin sus voces
Los ejércitos sin almas
¡Hay! Los ejércitos del miedo.
Y nosotros gritando en un lomerío solitario.
Y los gritos se los lleva un viento errante y frío
Y los hombres de arriba fingen que no saben
Y las sotanas ennegrecidas se regodean
En vinos y en complicidades.
Y los señores mercaderes
No saben donde han estado
No saben quienes son
No saben quienes fueron
Sólo se miran desconcertados
En sus espejos de plata y oro
Y viendo para los lados.
Mientras acecha a todos el largo brazo de la barbarie
Y el espanto aún no nos despierta de nuestro sueño
Se ahoga, se descompone
La región del canto y flores
El país de las vírgenes profanadas
El lugar del feminicidio
El lugar de las carcajadas
Se vuelve rudo y violento
Se quema como El llano en llamas
Se desangra a paso lento.
El país de las mariposas se discurre,
Y escurre en turbias y oscuras manos
De entes desconocidos
De feroces ciudadanos
De hombres muy corrompidos
De seres desorbitados
De sicarios sin quejidos
De guachos desesperados
De uniformes asesinos
De escuadrones de la muerte
De gentes del exterminio.
Vuelven los sacrificios humanos que nunca se fueron
Sus ríos de sur y norte se llenan de roja sangre
Sus ríos del poniente se ennegrecen de maldades
Y sus lagos y sus cenotes
Son cubil para cadáveres.
Y el desierto del noroeste se puebla
De ánimas y de muertos fantasmales
Y sus cabezas de piedras se han vuelto
Piedras rodantes
Todo el año es día de muertos
Todo el año es de cadáveres
Todo el año es flor de muertos
Todo el año es de maldades.
Y la diosa del espanto vuelve,
Se hace presente.
Se apodera de las calles
Se enseñorea en los puentes,
Se pasea por las ciudades
Se apropia de nuestras mentes
Provocando las maldades
Provocando tanta muerte.
Todo México es altar para
La santa, santísima muerte.
Y el nopal y la serpiente
Y el águila corta-cabezas
Y el águila mata-serpientes
No pueden con esta cosa
Están golpeados del vientre
Con un mazo u otra cosa
Con una bala caliente
Por un ataque de moscas
Yacen flácidos y deshechos
Como muertos en sus fosas.
Hay una bandera rota
Y un muerte-río de gente
Y el país sin capitanes
Nos abandona a la suerte
Se desmiembran las mariposas
Y sus alas caen cortando el aire
Las ofrendas yacen despellejadas
Los cuerpos sin sus pieles delicadas
Los torsos sin pies ni manos
Los cuerpos sin sus cabezas
Las cabezas sin sus ojos
Las bocas sin sus lenguas
Las manos sin sus dedos
Los muertos sin sus voces
Los ejércitos sin almas
¡Hay! Los ejércitos del miedo.
Y nosotros gritando en un lomerío solitario.
Y los gritos se los lleva un viento errante y frío
Y los hombres de arriba fingen que no saben
Y las sotanas ennegrecidas se regodean
En vinos y en complicidades.
Y los señores mercaderes
No saben donde han estado
No saben quienes son
No saben quienes fueron
Sólo se miran desconcertados
En sus espejos de plata y oro
Y viendo para los lados.
Mientras acecha a todos el largo brazo de la barbarie
Y el espanto aún no nos despierta de nuestro sueño