De pronto me encuentro escribiendo con el rabo de un gato , de un gato con alas que ronda las esquinas de los bares bebiendo ginebra a grandes tragos : es mi pajagato, un ladrón de voces agudas; las extrae directamente de las laringes de los borrachos cortando los cuellos con un abrecartas de marfil pulido . Cuando bebe levita , se eleva hasta las estanterías más altas y poco a poco va dando sorbos a las botellas de aguardiente y cuando se le calienta la sangre, se transforma su cabeza en un ventilador de aspas doradas que refrigera la estancia y la gente aprovecha los giros rápidos para cortar el salchichón en finas lonchas , se hacen bocatas y el pajagato se avalanza sobre ellos con sus garras de uñas pintadas color fucsia, los atrapa , sale a la calle a arrojarlos a los patios de los asilos ; conforme caen ,se transforman en flores de enormes bulbos olorosos que atraen sin remedio la atención de los viejos por su parloteo exaltado y chillón , las cogen y se quedan pegados a ellas , las engullen , no pasan de su esófago y atrapan sus almas en el pecho , que se hincha y se hincha y explota dejando salir las almas que se elevan y se reúnen tejiendo un abrigo de almas seniles , talla XS , perfecto para abrigar pajagatos en los gélidos días de invierno , cuando el alcohol escasea y no queda leña.
Última edición: