Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
La costra encierra la herida,
esa verdad maquilla el embuste,
una creación en sólo siete días
obra de arquitecto que vive del dorado
es poco concebible.
Fueron años felices de trasplantar cruces
a campos de algodón
y amapolas errantes.
Nadie olvida al olivo
donde los gallos se acuestan
después de negar tres veces
al mensajero del aire.
Recuerdos de pies descalzos
en los crepúsculos del agua,
sobre ella navegan
alfombras de puro hielo sin whisky.
La costra encierra la herida,
lo muy pobre casi no duele,
el rojo es alimento del noble
que habla con la almohada del cielo,
que parece de chicle
entre los dientes que mascan
la nostalgia de un pasado,
con pocas cicatrices,
sin muertes.
Esa verdad maquilla el embuste,
en sólo siete días
el pan que se consume
parece insuficiente.