El llanto empujó a mi pluma
como a él,
lo hiciera mis pálpitos.
La tinta va dejando
el color de mi pena.
De tanto llorar
no se aprecia mi grito
en el papel,
que tantas veces contuvo
mi amor como susurro.
Al final;
es sólo un pañuelo gris
que arrugo…
¡entre mis manos
y mis lágrimas!...