En algún rincón del recuerdo
hay un pequeño bosque divino
de árboles centenarios
y un beso adolescente…
maduro, esfumado,
de goloso chocolate,
de hombros protegidos
y manto engalanado,
audaz y triste,
aroma a té de la abuela,
hierbabuena,
limón,
naranja,
gorriones trasnochados
y lobos trashumantes de miradas nostálgicas.
Es sólo el preludio
de la entrada furtiva,
con los pasos remangados,
al edén del nirvana,
elevado en escaleras sin fin,
que crujen ante el cortejo…
antes del alba,
que llega demasiado aprisa,
cual celda cenicienta,
para otra vez disociarse en pausa infinita,
con estoicismo de arcángeles,
de hadas
y guardianes…
El sueño llega a su fin…
los chascos que atemorizan
y lo temores que chasquean también…
se han hecho humo.
Fantasías de sereno nunca vividos,
de pieles encrespadas
y cuerpos entrelazados,
zambullidos en el epicentro
de su música celestial,
de vino y café,
de mimos de bombón…
y de caricias cóncavas.
Y el parque sigue allí…
incólume,
imponente,
virtuoso,
doloroso,
canela,
profundo…
orgásmico!
hay un pequeño bosque divino
de árboles centenarios
y un beso adolescente…
maduro, esfumado,
de goloso chocolate,
de hombros protegidos
y manto engalanado,
audaz y triste,
aroma a té de la abuela,
hierbabuena,
limón,
naranja,
gorriones trasnochados
y lobos trashumantes de miradas nostálgicas.
Es sólo el preludio
de la entrada furtiva,
con los pasos remangados,
al edén del nirvana,
elevado en escaleras sin fin,
que crujen ante el cortejo…
antes del alba,
que llega demasiado aprisa,
cual celda cenicienta,
para otra vez disociarse en pausa infinita,
con estoicismo de arcángeles,
de hadas
y guardianes…
El sueño llega a su fin…
los chascos que atemorizan
y lo temores que chasquean también…
se han hecho humo.
Fantasías de sereno nunca vividos,
de pieles encrespadas
y cuerpos entrelazados,
zambullidos en el epicentro
de su música celestial,
de vino y café,
de mimos de bombón…
y de caricias cóncavas.
Y el parque sigue allí…
incólume,
imponente,
virtuoso,
doloroso,
canela,
profundo…
orgásmico!
Última edición: