joanmoypra
Poeta que considera el portal su segunda casa
En un pueblo de Castilla
cuyo nombre he olvidado,
una fiesta de despedida
al párroco han preparado;
como homenaje sincero
por los servicios prestados.
Pascual se llamaba el cura
y veinticinco años cumplía,
desde que llego al pueblo
y dio su primera homilía.
Como era muy querido
el sacerdote en cuestión,
a un político afamado
mandaron la invitación;
comprometiéndose este
a unas palabras decir
para clausurar la función.
Como tardaba algo en llegar
aquel tan ilustre invitado,
el padre para el tiempo llenar
esta anécdota ha contado:
-¡Que mala impresión lleve
al conocer esta parroquia!,
cuando en la confesión primera
escuche aquellas historias;
hasta pensé que el Sr. Obispo
me enviaba castigado
a sacar del agua la fe,
en esta terrible noria.
-Me comento un penitente
que de robar él venia de
la joyería unos pendientes,
que pensaba regalar
a su prima Soledad
por los favores que esta le hacia,
cuando se ponían calientes.
-Al oír la confesión
no sabia que decir,
- el curita comento,
aunque lo bueno vendría
de la mano en esta declaración.
A mis padres su dinero
se lo quito cuando quiero,
y en comprar y vender drogas
paso los días enteros,
más con la mujer de mi jefe
las noches son un amor sincero.
- Cuando hubo finalizado
triste y anonadado quede,
pensando del lugar lo que
el tiempo demostró no ser;
he conocido personas
mejores que las demás,
y he pasado media vida
entre gentes de verdad,
para concluir diciendo
que como sacerdote siento
el tenerlos que dejar.
En aquel preciso instante
el esperado personaje llego,
y a la concurrencia sin tardar
de esta forma les hablo:
-Hoy me viene a la memoria
cuando el padre aquí llegaba,
y recuerdo con gran cariño
el trato que recibí
cuando el primer feligrés fui
que de este barrio él confesaba.
La historia y su moraleja
es de comprensión sencilla,
procura no llegar tarde
o te quedas sin tu silla,
ya ves como quedan aquellos
que todos los embotellamientos pillan.
Joanmoypra/mayo/2012
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