Manuel Avilés Mora
Pluma libre
Acaso no consiga el aire
remover estos pesares tuyos,
ni quieran mirar mis ojos
las huellas de tus pasos.
No soportan mis manos las manchas de tinta
que dejan tus quejas impresas en el papel.
No quieren lavarlas los jabones que lavan
las penas de otros y sus vanas guerras.
Son distintas.
Son tuyas.
Son otras.
Acaso no derrames en letras
las aguas de tus lagos negros.
Saladas y transparentes gotas
nacidas de un manantial sin fondo,
que como minas de Sal ya cauterizadas,
cierran por fuera, las heridas
que por dentro sangran las aguas
que se desbordan en puñados
de letras ilegibles por el llanto.
Acaso no consiga el viento
llevarse el polvo de una vida vieja,
ni su fuerza limpie la Sal reseca
que pintó en tu piel,
el paso de una lágrima.
remover estos pesares tuyos,
ni quieran mirar mis ojos
las huellas de tus pasos.
No soportan mis manos las manchas de tinta
que dejan tus quejas impresas en el papel.
No quieren lavarlas los jabones que lavan
las penas de otros y sus vanas guerras.
Son distintas.
Son tuyas.
Son otras.
Acaso no derrames en letras
las aguas de tus lagos negros.
Saladas y transparentes gotas
nacidas de un manantial sin fondo,
que como minas de Sal ya cauterizadas,
cierran por fuera, las heridas
que por dentro sangran las aguas
que se desbordan en puñados
de letras ilegibles por el llanto.
Acaso no consiga el viento
llevarse el polvo de una vida vieja,
ni su fuerza limpie la Sal reseca
que pintó en tu piel,
el paso de una lágrima.