Nommo
Poeta veterano en el portal
Cuando me escribes poemas, rompo tus cadenas, y elevo tu llanto a las nubes del cielo,
para que lo escuchen tus ancestros y tatarabuelos. Entonces, te asustas,
por la trascendencia de tu cántico vetusto, que es noble y sincero, como la encina,
o el ciprés que hacia lo alto se empina, y predomina. Te incrustas
en el trono, y luces como zafiro, donde se sienta tu abuelo, que nuevamente respira.
Él está cenando, y apoya su espalda en ti, que para eso te hiciste literato y te propusiste vivir bien.
Porque todo se basa en los Recuerdos. Olvidando esos sentimientos puercos y cerdos,
ahora te incorporas y bebes de mi cantimplora, que te ofrezco, según salimos de excursión,
a campo abierto, al encuentro del Señor de los jardines, que tiene un Palacio de oración.
Entramos en esa inmensa obra arquitectónica, y te postras ante mí, que soy maniquí
a quien se le mueven los ojos. Guarda silencio. El griterío de los niños resuena,
porque saltan con sus botas de agua, sobre los charcos, y me aparezco en una gruta.
Como si fuera una aparición de la virgen María. Pero soy nuevamente, genio y figura hasta la sepultura.
Y querrías atarme un collar de pinchos al cuello. Y decir: Eres un pastor alemán.
para que lo escuchen tus ancestros y tatarabuelos. Entonces, te asustas,
por la trascendencia de tu cántico vetusto, que es noble y sincero, como la encina,
o el ciprés que hacia lo alto se empina, y predomina. Te incrustas
en el trono, y luces como zafiro, donde se sienta tu abuelo, que nuevamente respira.
Él está cenando, y apoya su espalda en ti, que para eso te hiciste literato y te propusiste vivir bien.
Porque todo se basa en los Recuerdos. Olvidando esos sentimientos puercos y cerdos,
ahora te incorporas y bebes de mi cantimplora, que te ofrezco, según salimos de excursión,
a campo abierto, al encuentro del Señor de los jardines, que tiene un Palacio de oración.
Entramos en esa inmensa obra arquitectónica, y te postras ante mí, que soy maniquí
a quien se le mueven los ojos. Guarda silencio. El griterío de los niños resuena,
porque saltan con sus botas de agua, sobre los charcos, y me aparezco en una gruta.
Como si fuera una aparición de la virgen María. Pero soy nuevamente, genio y figura hasta la sepultura.
Y querrías atarme un collar de pinchos al cuello. Y decir: Eres un pastor alemán.
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