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El Pastor

Edouard

Poeta adicto al portal
En el otero del dulzor inmaculado de la noche se pasea un joven pastor sin blancas ovejas. Gime de dolor, mientras la luna le susurra al oído que han sido devoradas por la infinita penumbra de los aciagos ojos del negro lobo. Entonces, comienza a imprecar con iracundia biliosa, mientras de él se ríe el risueño dios del destino. Sin miramientos se arma de valor y, cogiendo un arpón embadurnado en grasa de clamor ominoso, lo lanza hacia las abismales alturas. Donde el ojo del buitre que todo lo ve suelta un rayo despampanante que convierte el cuerpo del pastor en un polvo fino, ululando de dolor la densa tiniebla.
 
homo-adictus, nuestro pastor estalló en salvaje iracundia cuando la luna, con ese susurro tan malévolo, le hizo saber que en la noche sus ovejas habían sido descuartizadas por el astuto lobo. No aguantando más desafió a las alturas salvajes del destino, el cual tanto se congratulaba por su aciago sino. Sin embargo, el ojo de ese dios tan cruel que comparo al del buitre lo pulverizó por mortal que era. Apiadándose de él sólo la obscuridad. Atentamente Edouard.
 
Troto, cómo no iba a estar enfadado el risueño pastor. Después de una jugada malévola de la providencia, moviendo los hilos del arrogante y severo lobo estepario, que se había comido las ovejas, no pudo aguantar su iracundia. Lanzando al cielo en señal de rabia y desconsuelo un arpón embadurnado en calamitosa bilis de mortandad. Pero, como simple mortal que era, ese buitre que es el dios de las alturas lo fulminó. Quedando finalmente la obscuridad acongojada. Atentamente Edouard.
 
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