prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ese payaso
se parece por dentro
a un terreno de fútbol
después de un partido que tuvo lugar
mientras llovía.
¿Donde está el temor absurdo que nos reconstruye?
¿Quien no quisiera tener por un momento
cuatro caballos atados a los brazos?
Esa quietud solaría es para morir dos veces al día.
Los alicates ya no arrancan uñas sino ajustan su medida,
la sal solamente sirve para conservar lo muerto,
ya no es razón de la herida.
La rueda no comienza su ultraje, pero sabe rodar,
ha aprendido finalmente
que es más fácil recorrer caminos
que aniquilar las bestias que nos sobreviven.
Ese payaso sabe
que los pies no son amantes de las piedras
si no emprenden un viaje hacia el fondo del mar.
Y salta, salta dejando los niños aplaudiendo.
se parece por dentro
a un terreno de fútbol
después de un partido que tuvo lugar
mientras llovía.
¿Donde está el temor absurdo que nos reconstruye?
¿Quien no quisiera tener por un momento
cuatro caballos atados a los brazos?
Esa quietud solaría es para morir dos veces al día.
Los alicates ya no arrancan uñas sino ajustan su medida,
la sal solamente sirve para conservar lo muerto,
ya no es razón de la herida.
La rueda no comienza su ultraje, pero sabe rodar,
ha aprendido finalmente
que es más fácil recorrer caminos
que aniquilar las bestias que nos sobreviven.
Ese payaso sabe
que los pies no son amantes de las piedras
si no emprenden un viaje hacia el fondo del mar.
Y salta, salta dejando los niños aplaudiendo.
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