Lírico.
Exp..
El pecador
No sé a qué estoy jugando, yo lo admito
sin pena ni rubor. La poesía
me obsequia con el ritmo cada día
y yo le pego un baile y os remito
lo que me llega. Estoy, tal vez, maldito
al ser un ignorante que porfía
por parecer poeta y su manía
me mata cada noche, y me vomito.
Bonito, ven, acércate a mi barrio
y cuéntame otra vez cómo ese zarrio
de sonetista se hizo con la gloria.
Tengo un secreto a voces en los dientes
con los que voy mordiendo las crujientes
caderas de mujer que es mi memoria.
No sé a qué estoy jugando, yo lo admito
sin pena ni rubor. La poesía
me obsequia con el ritmo cada día
y yo le pego un baile y os remito
lo que me llega. Estoy, tal vez, maldito
al ser un ignorante que porfía
por parecer poeta y su manía
me mata cada noche, y me vomito.
Bonito, ven, acércate a mi barrio
y cuéntame otra vez cómo ese zarrio
de sonetista se hizo con la gloria.
Tengo un secreto a voces en los dientes
con los que voy mordiendo las crujientes
caderas de mujer que es mi memoria.
Última edición: