Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Marca las horas el péndulo,
que la cuchilla baja lentamente,
roídos los intestinos,
por ratas salvajes,
que pelean los restos,
de agitada soledad,
de agitado silencio...
Caen los murciélagos gritando,
con el sudor frío que me recorre,
afilada brillante... ¡mortal!
cuento segundo a segundo,
interminable agonía,
mientras imagino...
muertes menos espantosas...
Amarres rígidos,
muñecas ensangrentadas,
con la misericordia de una gota de agua,
cada diez minutos,
que alivie la sed,
que es como mar de fuego...
Zic zac... sonido infernal,
que no detiene ni un instante,
lóbrego canto... indecible suplicio,
que termine...
Piel de serpiente,
que aparece en mis sueños,
inhalando el bao del terror,
con ojos amarillos,
garras curvas...
Fiebre... frío,
hambre... desconsuelo,
¿Acaso pienso en otra cosa?
si la cobardía de un asesinato,
me han inculpado en el clero,
sin escuchar razones...
Carne chamuscada en mis tobillos,
que ahora deja de arder,
cuando mis pupilas se dilatan,
con las lágrimas furtivas,
que huyen con conciencia,
de la separación inevitable de mi cabeza,
Como si fueran vivas,
que corren presurosas,
(suspiro)
Aún en mi condena,
el réquiem recuerdo,
de queridas melodías,
en amplios vuelos de vestidos,
piernas tersas...
¿Horas? ¿Días?
¡Maldita sea no lo sé!
que la vista me engaña,
que las proporciones he perdido,
si entre el manto de inconciencia,
y el claro de luna... enloquezco...
Paredes de fuego,
con brasas de hielo,
son acaso solo reflejos,
de mente perdida,
en la amplitud de una agonía...
Zic Zac... crujir de cuerda,
baja... baja... baja...
ratas sin cabeza...
mi destino esta sellado,
mi final cerca...
¡Cae mi cabeza!
y sigo vivo....
parpadeo.... mi lengua se mueve,
artículo nada... solo son los nervios,
el cuerpo que lucha hasta el final...
He muerto... he muerto...
L.V.
que la cuchilla baja lentamente,
roídos los intestinos,
por ratas salvajes,
que pelean los restos,
de agitada soledad,
de agitado silencio...
Caen los murciélagos gritando,
con el sudor frío que me recorre,
afilada brillante... ¡mortal!
cuento segundo a segundo,
interminable agonía,
mientras imagino...
muertes menos espantosas...
Amarres rígidos,
muñecas ensangrentadas,
con la misericordia de una gota de agua,
cada diez minutos,
que alivie la sed,
que es como mar de fuego...
Zic zac... sonido infernal,
que no detiene ni un instante,
lóbrego canto... indecible suplicio,
que termine...
Piel de serpiente,
que aparece en mis sueños,
inhalando el bao del terror,
con ojos amarillos,
garras curvas...
Fiebre... frío,
hambre... desconsuelo,
¿Acaso pienso en otra cosa?
si la cobardía de un asesinato,
me han inculpado en el clero,
sin escuchar razones...
Carne chamuscada en mis tobillos,
que ahora deja de arder,
cuando mis pupilas se dilatan,
con las lágrimas furtivas,
que huyen con conciencia,
de la separación inevitable de mi cabeza,
Como si fueran vivas,
que corren presurosas,
(suspiro)
Aún en mi condena,
el réquiem recuerdo,
de queridas melodías,
en amplios vuelos de vestidos,
piernas tersas...
¿Horas? ¿Días?
¡Maldita sea no lo sé!
que la vista me engaña,
que las proporciones he perdido,
si entre el manto de inconciencia,
y el claro de luna... enloquezco...
Paredes de fuego,
con brasas de hielo,
son acaso solo reflejos,
de mente perdida,
en la amplitud de una agonía...
Zic Zac... crujir de cuerda,
baja... baja... baja...
ratas sin cabeza...
mi destino esta sellado,
mi final cerca...
¡Cae mi cabeza!
y sigo vivo....
parpadeo.... mi lengua se mueve,
artículo nada... solo son los nervios,
el cuerpo que lucha hasta el final...
He muerto... he muerto...
L.V.