Fingal
Poeta adicto al portal
Me perdonas
con franqueza y sin reservas,
sin condiciones,
todo un perdón entero y absoluto
para mí,
como un regalo envuelto en lazos,
una tarta con velas y mi nombre,
tarta de hogar y perdón.
Me perdonas,
pero no un perdón de protocolo y trámite,
perdón de no ha pasado nada y ya está olvidado,
como cuando grabas la partida y vuelves a cargarla,
no,
tú me perdonas consciente y recordando,
sabiendo cuánto importa,
sabiendo cuánto duele,
que volveré a fallar
y aun así, me perdonas;
perdón deliberado y generoso,
perdón de esfuerzo y lágrimas,
perdón de aliento y carne.
Me perdonas
en lo más íntimo,
en lo más frágil,
como la paz al indefenso,
como la lluvia al baldío,
como la playa al náufrago,
como el trigo al hambriento.
Me perdonas lo que yo no alcanzo a perdonarme,
lo que no se lava en el bautismo,
la soledad, la lucha, la vida equivocada,
porque no me perdonas lo que hago;
me perdonas lo que soy.
Me perdonas despacio y con paciencia
hasta dejarme todo perdonado
y yo,
que no sabía que me aceptas imperfecto,
que no sabía que es mejor tenernos iguales
que soñarnos imposibles,
yo,
que cargo el peso de mis consecuencias,
lloro de alivio,
como un sol asustado que comprende
el primer amanecer.
Me perdonas
y quiero perdonar contigo,
cavar cimientos de perdón,
perdonarnos el hambre y la violencia,
la herencia natural
de muerte miedo y rabia.
Álvaro del Prado Millán,
Galapagar/Madrid, 1 de diciembre de 2016
© Todos los derechos reservados.
con franqueza y sin reservas,
sin condiciones,
todo un perdón entero y absoluto
para mí,
como un regalo envuelto en lazos,
una tarta con velas y mi nombre,
tarta de hogar y perdón.
Me perdonas,
pero no un perdón de protocolo y trámite,
perdón de no ha pasado nada y ya está olvidado,
como cuando grabas la partida y vuelves a cargarla,
no,
tú me perdonas consciente y recordando,
sabiendo cuánto importa,
sabiendo cuánto duele,
que volveré a fallar
y aun así, me perdonas;
perdón deliberado y generoso,
perdón de esfuerzo y lágrimas,
perdón de aliento y carne.
Me perdonas
en lo más íntimo,
en lo más frágil,
como la paz al indefenso,
como la lluvia al baldío,
como la playa al náufrago,
como el trigo al hambriento.
Me perdonas lo que yo no alcanzo a perdonarme,
lo que no se lava en el bautismo,
la soledad, la lucha, la vida equivocada,
porque no me perdonas lo que hago;
me perdonas lo que soy.
Me perdonas despacio y con paciencia
hasta dejarme todo perdonado
y yo,
que no sabía que me aceptas imperfecto,
que no sabía que es mejor tenernos iguales
que soñarnos imposibles,
yo,
que cargo el peso de mis consecuencias,
lloro de alivio,
como un sol asustado que comprende
el primer amanecer.
Me perdonas
y quiero perdonar contigo,
cavar cimientos de perdón,
perdonarnos el hambre y la violencia,
la herencia natural
de muerte miedo y rabia.
Álvaro del Prado Millán,
Galapagar/Madrid, 1 de diciembre de 2016
© Todos los derechos reservados.