EL PEREGRINO
Comienza en Los Pirineos
su Camino de Santiago
con la mochila cargada
e ilusión de pocos años.
Cuando llega a Roncesvalles
el día señala ocaso
a pesar de que salía
por la mañana temprano.
Busca albergue de acogida
y se acuesta en el camastro
donde duerme la jornada
de aquel Camino dorado.
Se despierta con los trinos
armoniosos de un canario
mientras la luna le brinda
sus estertores de estaño.
Irrumpe la luz del sol
poniéndolo todo blanco,
y el muchachito prosigue
su Camino de Santiago.
Ya está en Tierras de Navarra
donde los ríos son bravos
y las fronterizas cumbres
se van convirtiendo en prados.
Adentrándose en La Rioja
el Ebro le sale al paso
y pronto llega a Logroño,
caminito caminando.
En Nájera y Navarrete
las gentes son oro en paño,
amables y cariñosas,
de las que estrechan la mano
y miran de frente al rostro
del Peregrino esforzado.
La Castilla Medieval
y sus amarillos campos
colman de Historia al Camino
y de aventura al muchacho.
Muy largas son las etapas,
y los árboles escasos
no apagan las inclemencias
de ese sol que quema tanto.
Sus pies huelen a fatiga,
en sus plantas solo hay callos
pero sigue su Camino,
su Camino de Santiago.
Y de Burgos a Palencia,
por senderos de guijarros,
sus pies demandan piedad
y sus ojos manan llantos.
Ya son más de quince días
y le quedan otros tantos
por ese Camino intenso
que recorre solitario.
Y cuando llega a León,
por el Hostal de San Marcos,
recuerda que no hace mucho
allí sirvió de soldado.
Falta poco para El Bierzo,
lleva rotos los zapatos
y su tez de Peregrino
luce de color tabaco.
Subiendo por El Cebreiro
a Galicia está llegando.
¡Qué poco le falta ya
para dar su abrazo al Santo!
Y llegando a la ciudad,
atravesando San Lázaro,
reconoce las dos torres
que se yerguen como dardos.
¡Treinta días le costaban
su Camino de Santiago!
--..--
Chu
Comienza en Los Pirineos
su Camino de Santiago
con la mochila cargada
e ilusión de pocos años.
Cuando llega a Roncesvalles
el día señala ocaso
a pesar de que salía
por la mañana temprano.
Busca albergue de acogida
y se acuesta en el camastro
donde duerme la jornada
de aquel Camino dorado.
Se despierta con los trinos
armoniosos de un canario
mientras la luna le brinda
sus estertores de estaño.
Irrumpe la luz del sol
poniéndolo todo blanco,
y el muchachito prosigue
su Camino de Santiago.
Ya está en Tierras de Navarra
donde los ríos son bravos
y las fronterizas cumbres
se van convirtiendo en prados.
Adentrándose en La Rioja
el Ebro le sale al paso
y pronto llega a Logroño,
caminito caminando.
En Nájera y Navarrete
las gentes son oro en paño,
amables y cariñosas,
de las que estrechan la mano
y miran de frente al rostro
del Peregrino esforzado.
La Castilla Medieval
y sus amarillos campos
colman de Historia al Camino
y de aventura al muchacho.
Muy largas son las etapas,
y los árboles escasos
no apagan las inclemencias
de ese sol que quema tanto.
Sus pies huelen a fatiga,
en sus plantas solo hay callos
pero sigue su Camino,
su Camino de Santiago.
Y de Burgos a Palencia,
por senderos de guijarros,
sus pies demandan piedad
y sus ojos manan llantos.
Ya son más de quince días
y le quedan otros tantos
por ese Camino intenso
que recorre solitario.
Y cuando llega a León,
por el Hostal de San Marcos,
recuerda que no hace mucho
allí sirvió de soldado.
Falta poco para El Bierzo,
lleva rotos los zapatos
y su tez de Peregrino
luce de color tabaco.
Subiendo por El Cebreiro
a Galicia está llegando.
¡Qué poco le falta ya
para dar su abrazo al Santo!
Y llegando a la ciudad,
atravesando San Lázaro,
reconoce las dos torres
que se yerguen como dardos.
¡Treinta días le costaban
su Camino de Santiago!
--..--
Chu