El pintor y la musa
Lívido fuego misterioso que emanas de la nada,
te atreves a vestirte de diosa y musa alada
mientras pinto errante en singular locura
la ecuación difusa de tu total hermosura.
Y te apagas de la nada, ardiente llama silenciosa,
y en esa misma nada a todo lo conviertes
cuando opacas con esa presencia orgullosa
que brilla dulcemente en ausencia caprichosa.
En inocente placer sigiloso, me invitas a enloquecer
mientras en trazos revoltosos pinto tu silueta de mujer
mas ni el pincel ni el lienzo son dignos de imitar
tu vil tierna imagen soberbiamente singular.
Recelo que naces de mi imaginación, allí te quedaras,
pues te borro de este lienzo y te saco del pincel
para que nadie se atreva a verte ni siquiera en el papel,
esclava mía y solo mía te nombro hoy de mi piel.
Lívido fuego misterioso que emanas de la nada,
te atreves a vestirte de diosa y musa alada
mientras pinto errante en singular locura
la ecuación difusa de tu total hermosura.
Y te apagas de la nada, ardiente llama silenciosa,
y en esa misma nada a todo lo conviertes
cuando opacas con esa presencia orgullosa
que brilla dulcemente en ausencia caprichosa.
En inocente placer sigiloso, me invitas a enloquecer
mientras en trazos revoltosos pinto tu silueta de mujer
mas ni el pincel ni el lienzo son dignos de imitar
tu vil tierna imagen soberbiamente singular.
Recelo que naces de mi imaginación, allí te quedaras,
pues te borro de este lienzo y te saco del pincel
para que nadie se atreva a verte ni siquiera en el papel,
esclava mía y solo mía te nombro hoy de mi piel.
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