Hollmann Pablo
Poeta recién llegado
Capitulo I: El poder de los caracoles nos controla.
Recuerdo que esa mañana intente levantarme de la cama, y un enorme cuervo negro estaba dentro de mi zapato izquierdo. La cabeza me dolía horriblemente, mis dientes sangraban y mis ojos estaban a punto de explotar.
Escuche ruidos extraños afuera de mi cuarto, parecía como si una mula vieja se rascara contra una pared de yeso. Abrí la puerta y Salí lentamente. La sala tenía un extraño color verdoso y un olor nauseabundo se desprendía de las paredes. Busque a mi madre por toda la casa, pero no la encontré. En la cocina, un pedazo de carne cruda se movía convulsivamente mientras decía “El poder de los caracoles nos controla”. Vinieron a mi memoria como ráfagas, imágenes de mi infancia.
Salí de la casa perturbado e ignore el saludo de mi vecina. Subí a un colectivo sin saber adonde iba, luego me senté en el fondo para observar por la ventana. Entonces las voces en mi cabeza comenzaron a hablar: “Mátalos a todos Billy, Mátalos a todos”. Una señora con un pie más largo que el otro subió al colectivo y se sentó a mi lado. Su cara parecía una fruta seca; Sus labios estaban mal pintados y su cabello se caía a montones.
La anciana no dejaba de mirarme, y esto estaba incomodándome demasiado. De pronto, dejo salir una frase de sus asquerosos labios arrugados y peludos: “El poder de los caracoles nos controla”, Luego se rió a carcajadas una y otra vez.
Huí despavorido de aquel colectivo y corrí 23 cuadras hasta que me canse. Caí agotado sobre el asfalto, y un caracol se arrastro justo delante de mis ojos.
De alguna manera, y por alguna razón, las cosas habían cambiado abruptamente en mi vida…y los caracoles eran la clave. ¿Volvería a ver a mi familia?; ¿A mis amigos?; ¿A mi perro?
Capitulo II: Estan entre nosotros.
Me incorpore lentamente y decidí caminar hacia la casa de mis abuelos. Quizás mis padres estuviesen ahí. En el camino la gente no paraba de observarme. Tres cuadras antes de llegar, un hombre harapiento me detuvo e intento mostrarme algo que llevaba dentro de una bolsa de plástico negra. Bloqueándome el paso, abrió la bolsa en frente de mí, para que pueda observar de cerca su horroroso contenido: Cientos de caracoles devoraban la cabeza de una niña pelirroja. Aparté al hombre de un empujón y corrí velozmente las tres cuadras restantes
Abrí la puerta de la casa, que siempre estaba sin llave (era un barrio tranquilo), entre y grite pidiendo auxilio. Mis abuelos estaban sentados en la escalera, totalmente inexpresivos, y me miraban con ojos que no parpadeaban. Según parecía, mis padres tampoco se encontraban aquí.
- Billy, te estábamos esperando – dijo mi abuela con una sonrisa macabra en sus labios.
- Tienen que ayudarme, algo sucede con los caracoles.
- ¿No te gustaría tomar un te?
- …Bueno.
- ¿De boldo, frutas rojas, caléndula, tilo, celofán o cedron?
- ¿No tenes de canela?
- No, a tu abuelo le provoca gases.
- Entonces supongo que de frutas rojas.
- ¿Cuánta azúcar?
- Siete cucharadas y media – dije con poca seguridad, ya que a veces solía tomar el te con solo 6 cucharadas de azúcar.
Mi abuela se levanto con movimientos extraños que llamaron mi atención y dio la vuelta dirigiéndose a la cocina. En ese momento pude observar, con espanto, que un enorme caracol estaba succionando su medula.
Continuara?. Pablo Hollmann

Recuerdo que esa mañana intente levantarme de la cama, y un enorme cuervo negro estaba dentro de mi zapato izquierdo. La cabeza me dolía horriblemente, mis dientes sangraban y mis ojos estaban a punto de explotar.
Escuche ruidos extraños afuera de mi cuarto, parecía como si una mula vieja se rascara contra una pared de yeso. Abrí la puerta y Salí lentamente. La sala tenía un extraño color verdoso y un olor nauseabundo se desprendía de las paredes. Busque a mi madre por toda la casa, pero no la encontré. En la cocina, un pedazo de carne cruda se movía convulsivamente mientras decía “El poder de los caracoles nos controla”. Vinieron a mi memoria como ráfagas, imágenes de mi infancia.
Salí de la casa perturbado e ignore el saludo de mi vecina. Subí a un colectivo sin saber adonde iba, luego me senté en el fondo para observar por la ventana. Entonces las voces en mi cabeza comenzaron a hablar: “Mátalos a todos Billy, Mátalos a todos”. Una señora con un pie más largo que el otro subió al colectivo y se sentó a mi lado. Su cara parecía una fruta seca; Sus labios estaban mal pintados y su cabello se caía a montones.
La anciana no dejaba de mirarme, y esto estaba incomodándome demasiado. De pronto, dejo salir una frase de sus asquerosos labios arrugados y peludos: “El poder de los caracoles nos controla”, Luego se rió a carcajadas una y otra vez.
Huí despavorido de aquel colectivo y corrí 23 cuadras hasta que me canse. Caí agotado sobre el asfalto, y un caracol se arrastro justo delante de mis ojos.
De alguna manera, y por alguna razón, las cosas habían cambiado abruptamente en mi vida…y los caracoles eran la clave. ¿Volvería a ver a mi familia?; ¿A mis amigos?; ¿A mi perro?
Capitulo II: Estan entre nosotros.
Me incorpore lentamente y decidí caminar hacia la casa de mis abuelos. Quizás mis padres estuviesen ahí. En el camino la gente no paraba de observarme. Tres cuadras antes de llegar, un hombre harapiento me detuvo e intento mostrarme algo que llevaba dentro de una bolsa de plástico negra. Bloqueándome el paso, abrió la bolsa en frente de mí, para que pueda observar de cerca su horroroso contenido: Cientos de caracoles devoraban la cabeza de una niña pelirroja. Aparté al hombre de un empujón y corrí velozmente las tres cuadras restantes
Abrí la puerta de la casa, que siempre estaba sin llave (era un barrio tranquilo), entre y grite pidiendo auxilio. Mis abuelos estaban sentados en la escalera, totalmente inexpresivos, y me miraban con ojos que no parpadeaban. Según parecía, mis padres tampoco se encontraban aquí.
- Billy, te estábamos esperando – dijo mi abuela con una sonrisa macabra en sus labios.
- Tienen que ayudarme, algo sucede con los caracoles.
- ¿No te gustaría tomar un te?
- …Bueno.
- ¿De boldo, frutas rojas, caléndula, tilo, celofán o cedron?
- ¿No tenes de canela?
- No, a tu abuelo le provoca gases.
- Entonces supongo que de frutas rojas.
- ¿Cuánta azúcar?
- Siete cucharadas y media – dije con poca seguridad, ya que a veces solía tomar el te con solo 6 cucharadas de azúcar.
Mi abuela se levanto con movimientos extraños que llamaron mi atención y dio la vuelta dirigiéndose a la cocina. En ese momento pude observar, con espanto, que un enorme caracol estaba succionando su medula.
Continuara?. Pablo Hollmann

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