Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
El poema existe.
El poema existe en la música de tus labios,
en los gnósticos ademanes de tus manos de lila.
El poema crece con el palpitar de tus pechos
y la jadeante ternura que desprenden tus caderas.
Caerán los soles de todo el universo,
cada atardecer de este friolento invierno,
las crudas nieves de diciembre esparciéndose
con el viento quejumbroso en su vuelo.
El poema existe por tu aliento y tu sueño,
en la imaginación desatada en cada paso que das,
en la insinuación de tus ojos, su destello
de deseo de diamante pulido...
El poema existe en la inclinación de tu axis,
sopesadamente inmerso en tu ombligo.
El poema existe, querida mía,
porque lo escribí a fuego en tu piel de armiño.
20 de Diciembre de 2008
El poema existe en la música de tus labios,
en los gnósticos ademanes de tus manos de lila.
El poema crece con el palpitar de tus pechos
y la jadeante ternura que desprenden tus caderas.
Caerán los soles de todo el universo,
cada atardecer de este friolento invierno,
las crudas nieves de diciembre esparciéndose
con el viento quejumbroso en su vuelo.
El poema existe por tu aliento y tu sueño,
en la imaginación desatada en cada paso que das,
en la insinuación de tus ojos, su destello
de deseo de diamante pulido...
El poema existe en la inclinación de tu axis,
sopesadamente inmerso en tu ombligo.
El poema existe, querida mía,
porque lo escribí a fuego en tu piel de armiño.
20 de Diciembre de 2008