Ángel San Isidro
Poeta que considera el portal su segunda casa
El Poeta y el Sepulturero
La vida misma,
es un fantasma que siempre nos lleva
hacia una inútil inconclusión,
la vida nunca será algo concluso e inútil
ni apartada de la razón,
por el contrario la vida es una aberrante
y misteriosa inconclusión,
que deleznable y purulenta nos lleva
con pena y desilusión hasta la vulgaridad...
de la sinrazón;
Me gustan todas las amantes
tendidas en los blandos lechos,
con lirios en los pechos y yo aflojado
de cintura para abajo el cinturón,
me gusta andar silencioso y suelto
por un cementerio plagado
de las sombras mentirosas de los vivos
e irreconocibles muertos,
bien repleto de blancas calaveras
y un sepulturero feo y muy bajito,
que con una tétrica y Lucifer mirada
y con una mano muy despiadada,
se lleva los cráneos de los muertos
para con ellos asar castañas y calentar,
los tristes corazones de los serios y amargados...
muertos.
Autor: Ángel San Isidro
Todos los Derechos Reservados
La vida misma,
es un fantasma que siempre nos lleva
hacia una inútil inconclusión,
la vida nunca será algo concluso e inútil
ni apartada de la razón,
por el contrario la vida es una aberrante
y misteriosa inconclusión,
que deleznable y purulenta nos lleva
con pena y desilusión hasta la vulgaridad...
de la sinrazón;
Me gustan todas las amantes
tendidas en los blandos lechos,
con lirios en los pechos y yo aflojado
de cintura para abajo el cinturón,
me gusta andar silencioso y suelto
por un cementerio plagado
de las sombras mentirosas de los vivos
e irreconocibles muertos,
bien repleto de blancas calaveras
y un sepulturero feo y muy bajito,
que con una tétrica y Lucifer mirada
y con una mano muy despiadada,
se lleva los cráneos de los muertos
para con ellos asar castañas y calentar,
los tristes corazones de los serios y amargados...
muertos.
Autor: Ángel San Isidro
Todos los Derechos Reservados