Mª Amparo Garrigós Cerdán
Poeta recién llegado
A Charles Baudelaire
Si queréis verlo,
tendréis que humillar la mirada
hacia el polvo y las piedras,
y descubrir su refugio
en medio de los cardos impíos
que crecen, a despecho suyo,
en su corazón.
En los resquicios y oquedades
de la corteza terrestre
lo encontraréis,
sometido irremisiblemente
a la fuerza de la erosión,
víctima del frío y el calor,
del agua y el viento,
como los muertos insepultos
del campo de batalla.
Y si acercáis el dorso
de vuestras manos,
prodréis sentir su tacto
granular, áspero y punzante,
engendrado por su condición
de carne agredida y desgarrada,
que se arrastra reptando
hacia la piel,
en un agudo afán por la vida.
¡Afligida roca virgen,
arrastrada sin misericordia
por la tierra inicua!
¿A quién le importa hoy
que tu mísero destino
se haya fraguado
en un Big-Bang terrible
que confundió la secular
desidia de la humanidad
en un segundo perpetuo de gloria?
Sobre mi vientre sereno
te sostengo mientras
horadas mis entrañas
con tu dolor.
¡Peregrino maldito
de los caminos eternos,
diluido en el ácido sol
de la indiferencia!
Es más real sentirte,
destrozado y aterido,
sirviendo de lecho al espino.
Comprender que,
torturado cruelmente
por la sordera mortal,
tu diestra mano se consuela
dibujando en los desiertos
verdores amorosos
bajo los pies del hombre,
entre tanto, tu alma maltratada
besa las suelas de sus sandalias
con palabras hermosas.
Si queréis verlo,
tendréis que humillar la mirada
hacia el polvo y las piedras,
y descubrir su refugio
en medio de los cardos impíos
que crecen, a despecho suyo,
en su corazón.
En los resquicios y oquedades
de la corteza terrestre
lo encontraréis,
sometido irremisiblemente
a la fuerza de la erosión,
víctima del frío y el calor,
del agua y el viento,
como los muertos insepultos
del campo de batalla.
Y si acercáis el dorso
de vuestras manos,
prodréis sentir su tacto
granular, áspero y punzante,
engendrado por su condición
de carne agredida y desgarrada,
que se arrastra reptando
hacia la piel,
en un agudo afán por la vida.
¡Afligida roca virgen,
arrastrada sin misericordia
por la tierra inicua!
¿A quién le importa hoy
que tu mísero destino
se haya fraguado
en un Big-Bang terrible
que confundió la secular
desidia de la humanidad
en un segundo perpetuo de gloria?
Sobre mi vientre sereno
te sostengo mientras
horadas mis entrañas
con tu dolor.
¡Peregrino maldito
de los caminos eternos,
diluido en el ácido sol
de la indiferencia!
Es más real sentirte,
destrozado y aterido,
sirviendo de lecho al espino.
Comprender que,
torturado cruelmente
por la sordera mortal,
tu diestra mano se consuela
dibujando en los desiertos
verdores amorosos
bajo los pies del hombre,
entre tanto, tu alma maltratada
besa las suelas de sus sandalias
con palabras hermosas.
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