EL PORQUÉ DE TU AUSENCIA
Llenaste mi soledad en las noches vacías
como el agua que fluye hacia un seco desierto
y brotaron los tiernos retoños escondidos
entre las calcinadas arenas del recuerdo.
Y fuiste aquellas noches timidez y locura
con tu piel desprendiendo el sabor del deseo
y la laxitud total en los amaneceres
cuando el sueño bebía el sudor de tu cuerpo.
Y nunca nadie supo que aquel cuarto en penumbras
escondía el misterio de placeres secretos,
y nunca nadie supo de mi espera impaciente
devorando las horas cercanas al encuentro.
La penumbra y nosotros y el refugio de un lecho
agotando el deseo hasta el último aliento,
prisioneros del morbo, la lascivia y la angustia
y una dulce ternura colmándonos por dentro.
Y una noche que el cielo lloraba en la ventana
me quedé esperando en vano tu presencia:
ni la noche, ni el cuarto, ni yo desesperado,
jamás adivinamos el porqué de tu ausencia.
Y hoy que te vuelvo a ver del brazo de tu esposo
cargando en tu regazo el milagro de un hijo,
comprendo yo tu ausencia al ver mi propio rostro
repetido en la carita inocente del niño.
Derechos reservados
Libro Tatuajes del Alma
Llenaste mi soledad en las noches vacías
como el agua que fluye hacia un seco desierto
y brotaron los tiernos retoños escondidos
entre las calcinadas arenas del recuerdo.
Y fuiste aquellas noches timidez y locura
con tu piel desprendiendo el sabor del deseo
y la laxitud total en los amaneceres
cuando el sueño bebía el sudor de tu cuerpo.
Y nunca nadie supo que aquel cuarto en penumbras
escondía el misterio de placeres secretos,
y nunca nadie supo de mi espera impaciente
devorando las horas cercanas al encuentro.
La penumbra y nosotros y el refugio de un lecho
agotando el deseo hasta el último aliento,
prisioneros del morbo, la lascivia y la angustia
y una dulce ternura colmándonos por dentro.
Y una noche que el cielo lloraba en la ventana
me quedé esperando en vano tu presencia:
ni la noche, ni el cuarto, ni yo desesperado,
jamás adivinamos el porqué de tu ausencia.
Y hoy que te vuelvo a ver del brazo de tu esposo
cargando en tu regazo el milagro de un hijo,
comprendo yo tu ausencia al ver mi propio rostro
repetido en la carita inocente del niño.
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