Yolena Sanfernan
Poeta fiel al portal
EL PORQUE DE TU NOMBRE
Continuación (2)
La siguiente semana, tenía cita con un buen ginecólogo, que siguió su embarazo y que tanto le ayudó, en aquella Isla perdida.
Fue a visitar al cirujano y supuesto ginecólogo, y le dijo: bien, estoy embarazada y te aseguro que si mi hijo tiene algún problema lo vas a pagar muy caro, no quiero que te cruces en mi camino, pues pudiera ser que no razonase, y así cometer alguna locura contra tu propia vida, tal y como tú has hecho con la de mi hijo y hasta con la mía. Con los hijos no se juega ni con las madres tampoco, reza para que todo salga bien, para que tenga suerte y pueda disfrutar un poco.
El tío ese le contestó: Perdona, esto ha sido una excepción, ocurre una entre mil, si quieres podemos interrumpir ahora mismo ese embarazo. Ella le dijo: No quiero escuchar ni una palabra más que venga de tu miserable corazón, ni eres profesional ni eres persona, estoy embarazada de tres o cuatro meses, ¿cómo puedes decir eso? ¿tu de qué vas?.
El caso es que no dormía, pensando en la posibilidad de que el feto pudiese estar dañado. Aunque el ginecólogo (elegido por ella), -se merece todo el respeto como persona y como profesional-, le había dicho que era un niño, que estaba muy sano y que tenía mucha energía, pero que si lo deseaba podía hacerse una prueba e amniocentesis para comprobarlo.
Ella tenía tanto miedo, que habló con su hermana en Madrid, para que le hiciesen la prueba allí, un experto. En el lugar donde vivían (una Isla) ya no tenía confianza ni alegrías. Además estaba el tema de la familia, y además la Navidad, ya le estaba doliendo, antes de que llegase, esa Navidad También estaba su abuelo, que sería bisabuelo, y ella, sobre todo ella que estaba más sola que la una, ante una situación tan crucial en su vida. Y la Navidad, más tristezas para la Navidad, no le gustaba nada desde que su mamá tu abuela murió-, ocurrió justo un 9 de Enero.
Deseaba tener a su mamá para darle un abrazo y llorar con ella, pero hacía mucho ya que les dejó, y lo único que hacía era hablar con ella en su tristeza, soledad y dolor.
Se olía, sentía y palpaba una tristeza en ella que le inundaba, la incertidumbre la tenía en el aíre, esas dudas No se resolverían hasta llegar a Madrid y hacerse esa prueba, y convencerse que el ser que llevaba dentro y tanto quería viviría.
Vaya futuro más acelerado que le venía de frente, sin frenos, y para abajo. Ella sola sola ante el peligro-, sola ante una nueva vida, toda una vida y para toda la vida.
Un 21 de Diciembre, en el Hospital 12 de Octubre, en la sala de ecografías con un ecógrafo -que además de estar ¡muy bueno!- era uno de los mejores, se le conocía. Le confirmó que era un niño, que estaba sanísimo y que efectivamente tenía mucha energía. Su hermana se emocionó, ella también ¡por supuesto!, creo que pocas veces había visto emocionarse a su hermana, nunca le vio ese gesto.
Le dijo que le había saludado con la mano, y es cierto, tu mamá también lo vio. Vio levantar esa manita pequeña muy pequeñita, una manita como en silueta, dibujada, casi transparente, y dentro de una bolsa llena de agua, estabas flotando, parecías bailar de alegría al saber que llegarías a este mundo con todo el amor que tu mamá, aún sin tenerte, por ti sentía. Pedías con alegría venir a la vida, saludaste con tu manita abierta esperando la bienvenida.
Día tras día y con todo el dolor que tenía, vivía tu vida y tu alegría, pensó que estaría junto a ti todos los días de su vida. Fue increíble algo que nunca podría explicar, entonces fue cuando decidió tu nombre: VICTOR, si todo iba bien así te llamaría, serías un vencedor para siempre, y ese sería tu nombre. Víctor, vencedor de la muerte y acogedor de la vida.
Continuará
Yolena Sanfernan