, EL PORQUÉ NO LO AMO
Fui una niña virgen como la virgen,
crecí como crecen las flores en vergel fértil
en una tarde de dulce sueño,
y empecé abrir los ojos a la vida con alegría tal como lo hacen los pétalos
aclavelados de las flores para mostrar su belleza a la desprevenida
naturaleza en los primeros rayos de la mañana.
De súbito apareció por el camino empedrado de la esperanza y la admiración
el apuesto hombre,
el enamorado,
el galán,
el coqueto,
el jardinero que riega y emboba con los versos mas dulces el jardín de la
conquista a la belleza sensual femenina, y cada vez que me veía
mis oídos castos escuchaban su voz:
Eres la diosa del Olimpo, o un ángel escapado del tierno cielo,
eres la mujer mas bella que jamás haya visto,
deslumbrante beldad de ojos verdes tal heliconias de indescriptible
belleza,
y esa cabellera blonda tan larga y brillante que envidian a las estrellas del
romántico cielo cuando te miran,
usted nació para ser mía, para yo amarla, para hacerla mi esposa,
y tantas otras palabras tentadoras coreadas en una noche de horrenda
oscuridad o en un día de resplandeciente luz.
Y quería amar porque no había amado,
quería besar porque no había besado,
quería tener un primer amor
y mi corazón se abrió para aquel hombre que golpeó las puertas de mi nívea
alma,
y como un sueño de inocencia y de amor misterioso,
corrí el manto de la felicidad
y fui con el amor de falso vestido a la iglesia,
y con toda la pompa y en ceremonia del matrimonio
juramos frente a Dios
separarnos hasta que la muerte nos separe.
¡ oh amor consumado!
El velo del tiempo cubrió con dulzura un afecto puro,
una sabana de blanca ternura cubrió nuestros cuerpos,
iluminando con rayos de luces vírgenes las fragancias de la compresión
y la entrega sin condición.
Hasta que un día mi corazón sintió
la borrasca de la infidelidad del aquel hombre que tanto amé,
y lágrimas de pasión y amor bajaron por mi mustia mejilla
cada vez que te ausentabas de mi lado,
lágrimas tal gotas de rocío que lloraron suplicas para que me quisieras solo
a Mi, y no fue así,
a cambio de esto recibí torbellinos de maltrato , violencia, desprecio,
y humillación.
Mejorada mi alma y buscando mi propia felicidad,
Señor, galán de otra, vil hombre,
puedo decirte en la primera tempestad del día:
¡El porqué no lo amo!
Luecamon
Fui una niña virgen como la virgen,
crecí como crecen las flores en vergel fértil
en una tarde de dulce sueño,
y empecé abrir los ojos a la vida con alegría tal como lo hacen los pétalos
aclavelados de las flores para mostrar su belleza a la desprevenida
naturaleza en los primeros rayos de la mañana.
De súbito apareció por el camino empedrado de la esperanza y la admiración
el apuesto hombre,
el enamorado,
el galán,
el coqueto,
el jardinero que riega y emboba con los versos mas dulces el jardín de la
conquista a la belleza sensual femenina, y cada vez que me veía
mis oídos castos escuchaban su voz:
Eres la diosa del Olimpo, o un ángel escapado del tierno cielo,
eres la mujer mas bella que jamás haya visto,
deslumbrante beldad de ojos verdes tal heliconias de indescriptible
belleza,
y esa cabellera blonda tan larga y brillante que envidian a las estrellas del
romántico cielo cuando te miran,
usted nació para ser mía, para yo amarla, para hacerla mi esposa,
y tantas otras palabras tentadoras coreadas en una noche de horrenda
oscuridad o en un día de resplandeciente luz.
Y quería amar porque no había amado,
quería besar porque no había besado,
quería tener un primer amor
y mi corazón se abrió para aquel hombre que golpeó las puertas de mi nívea
alma,
y como un sueño de inocencia y de amor misterioso,
corrí el manto de la felicidad
y fui con el amor de falso vestido a la iglesia,
y con toda la pompa y en ceremonia del matrimonio
juramos frente a Dios
separarnos hasta que la muerte nos separe.
¡ oh amor consumado!
El velo del tiempo cubrió con dulzura un afecto puro,
una sabana de blanca ternura cubrió nuestros cuerpos,
iluminando con rayos de luces vírgenes las fragancias de la compresión
y la entrega sin condición.
Hasta que un día mi corazón sintió
la borrasca de la infidelidad del aquel hombre que tanto amé,
y lágrimas de pasión y amor bajaron por mi mustia mejilla
cada vez que te ausentabas de mi lado,
lágrimas tal gotas de rocío que lloraron suplicas para que me quisieras solo
a Mi, y no fue así,
a cambio de esto recibí torbellinos de maltrato , violencia, desprecio,
y humillación.
Mejorada mi alma y buscando mi propia felicidad,
Señor, galán de otra, vil hombre,
puedo decirte en la primera tempestad del día:
¡El porqué no lo amo!
Luecamon