Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando el amor se termina,
(no el propio, sino el del otro)
amigo, se abre un gran pozo
en el que tus cosas intimas,
caen allí, cual pobres victimas.
Y las buenas, las mejores,
las que mandan tus acciones;
en lugar de reanimarte,
¡se vuelven para empujarte!
¡Para que caigas al pozo!
(no el propio, sino el del otro)
amigo, se abre un gran pozo
en el que tus cosas intimas,
caen allí, cual pobres victimas.
Y las buenas, las mejores,
las que mandan tus acciones;
en lugar de reanimarte,
¡se vuelven para empujarte!
¡Para que caigas al pozo!
Caigas con tu amor de modo,
que al creer salvar lo bueno,
¡caer no te importe un bledo!
Ese es tu error, y el de antes.
¡Ya no dejes que te engañe!
Si lo hubieses prevenido...
¿Pero cómo, mi querido?,
si tan ingenuo soñabas
y francamente te dabas,
a ese amor, el de los cuentos.
que al creer salvar lo bueno,
¡caer no te importe un bledo!
Ese es tu error, y el de antes.
¡Ya no dejes que te engañe!
Si lo hubieses prevenido...
¿Pero cómo, mi querido?,
si tan ingenuo soñabas
y francamente te dabas,
a ese amor, el de los cuentos.
Amor que es infame invento
de alguien que, dolido y sabio,
al no poder conquistarlo,
despechado y "maquiavélico,
mintió para embellecerlo.
Yo, el dueño de estas palabras,
confiado en tales patrañas,
he caído un par de veces...
¡Pero mi astucia y mi temple,
me hicieron tomar del borde!
de alguien que, dolido y sabio,
al no poder conquistarlo,
despechado y "maquiavélico,
mintió para embellecerlo.
Yo, el dueño de estas palabras,
confiado en tales patrañas,
he caído un par de veces...
¡Pero mi astucia y mi temple,
me hicieron tomar del borde!
Y aunque vi, como en desborde,
mis sueños se iban al fondo;
¡trepé a orgullo y salí airoso!
Y me tendí en mi desorden
a rumiar cavilaciones.
Y admití, con desconsuelo,
que a mi propio sentimiento
le esquivé yo, cual despojos:
mi corazón quejumbroso
y mi anhelo hecho pedazos.
mis sueños se iban al fondo;
¡trepé a orgullo y salí airoso!
Y me tendí en mi desorden
a rumiar cavilaciones.
Y admití, con desconsuelo,
que a mi propio sentimiento
le esquivé yo, cual despojos:
mi corazón quejumbroso
y mi anhelo hecho pedazos.
Dolido, y escarmentado,
me quedé sin otra causa,
que rendirle honor a mi alma,
que amó, y merece respeto.
¡Y por Dios, que se lo ofrendo!
Sin tormento, y precavido,
mi varonil cometido,
hoy me hace pisar la tierra
sin nada que me contenga;
a no ser: ¡el amor propio!
me quedé sin otra causa,
que rendirle honor a mi alma,
que amó, y merece respeto.
¡Y por Dios, que se lo ofrendo!
Sin tormento, y precavido,
mi varonil cometido,
hoy me hace pisar la tierra
sin nada que me contenga;
a no ser: ¡el amor propio!
Así, salí yo del pozo
donde el corazón se arriesga.
No olvides tal consecuencia
ni hagas tuyo, por adverso,
mi mal sin tú padecerlo;
que a lo mejor tienes suerte,
cuando el corazón entregues
y no te llame lo hondo
del señuelo de unos ojos,
que a tocar fondo, ¡te tienten!
donde el corazón se arriesga.
No olvides tal consecuencia
ni hagas tuyo, por adverso,
mi mal sin tú padecerlo;
que a lo mejor tienes suerte,
cuando el corazón entregues
y no te llame lo hondo
del señuelo de unos ojos,
que a tocar fondo, ¡te tienten!
©Juan Oriental
Última edición: