Manuel de Cilla
Poeta recién llegado
Dime quién,
le quitó el color a la oscuridad,
y ahora estamos los dos justo al final,
junto a una línea blanquecina
que separa pasado y eternidad.
Brillos de estrellas sobre el mar
en esta oscura noche estival,
donde la arena y el cielo negro
convierten mi miedo en ganas de luchar.
Esta vez,
los incendios arden bajo mi piel
y el futuro es un cuadro del revés
con mugre que tapa el lienzo.
Del todo a la nada en un dos tres,
tu música suena bajo mis pies,
en la sala, en la calle hasta en el tren
veo tu imagen tras el espejo.
Caminaré,
por callejas muertas de otro lugar,
por las inertes piedras del barrizal,
junto a la sombra del camino
que proyecta mi espectro de bar en bar.
Polvo de la tierra que dejo atrás,
mancha mi camisa de tergal,
entumeciendo mi cuerpo
y llenando de sangre las agujas del tiempo.
No volverán,
los años dorados del ayer,
ni el aroma a labios de mujer
que acallaba a los lamentos.
Ya todo me sabe a vinagre y hiel,
tus ojos maniatan a mi pincel,
y mi pluma escribe sin control,
tristes versos al cielo nuevo.
Soñaré,
con tu pelo al viento en el romeral,
con tu cuerpo hundido en el diván,
con el dulce paraíso,
convertido ahora en un arenal.
Luces de un faro en la ciudad,
el tequila buscando la verdad,
en el fondo de mi mismo,
donde solo queda una guerra en paz.
El final,
galopa presto por el riel,
oxidado y viejo del andén,
entre madejas de recuerdos.
Y el bar cierra otro amanecer,
al cerrar los ojos vuelvo a ver
que el futuro es un cuadro sin color,
cada vez más deforme y negro.
Siento que el pozo no se acaba,
y en sus paredes hay
dibujos desteñidos por la humedad
y el aire en su interior
y la niebla en su interior
ahogan a un alma que esta encerrada,
quemada por su voz
por el eco de su voz,
grita hasta enloquecer,
grita hasta amanecer
grita hasta que el sol dice que todo se acaba
le quitó el color a la oscuridad,
y ahora estamos los dos justo al final,
junto a una línea blanquecina
que separa pasado y eternidad.
Brillos de estrellas sobre el mar
en esta oscura noche estival,
donde la arena y el cielo negro
convierten mi miedo en ganas de luchar.
Esta vez,
los incendios arden bajo mi piel
y el futuro es un cuadro del revés
con mugre que tapa el lienzo.
Del todo a la nada en un dos tres,
tu música suena bajo mis pies,
en la sala, en la calle hasta en el tren
veo tu imagen tras el espejo.
Caminaré,
por callejas muertas de otro lugar,
por las inertes piedras del barrizal,
junto a la sombra del camino
que proyecta mi espectro de bar en bar.
Polvo de la tierra que dejo atrás,
mancha mi camisa de tergal,
entumeciendo mi cuerpo
y llenando de sangre las agujas del tiempo.
No volverán,
los años dorados del ayer,
ni el aroma a labios de mujer
que acallaba a los lamentos.
Ya todo me sabe a vinagre y hiel,
tus ojos maniatan a mi pincel,
y mi pluma escribe sin control,
tristes versos al cielo nuevo.
Soñaré,
con tu pelo al viento en el romeral,
con tu cuerpo hundido en el diván,
con el dulce paraíso,
convertido ahora en un arenal.
Luces de un faro en la ciudad,
el tequila buscando la verdad,
en el fondo de mi mismo,
donde solo queda una guerra en paz.
El final,
galopa presto por el riel,
oxidado y viejo del andén,
entre madejas de recuerdos.
Y el bar cierra otro amanecer,
al cerrar los ojos vuelvo a ver
que el futuro es un cuadro sin color,
cada vez más deforme y negro.
Siento que el pozo no se acaba,
y en sus paredes hay
dibujos desteñidos por la humedad
y el aire en su interior
y la niebla en su interior
ahogan a un alma que esta encerrada,
quemada por su voz
por el eco de su voz,
grita hasta enloquecer,
grita hasta amanecer
grita hasta que el sol dice que todo se acaba