Campo Ardiendo
Poeta recién llegado
El pozo
Una amenaza puede ser la puerta de entrada a una insipiente venganza o también el sendero que lleve a una creciente pérdida del sentido. La he amenazado con quitarle la vida, con romperle la boca a golpes, con arrimarle fuego al vientre o lanzarla a la calle de una patada. Pero no, ¿qué significado tiene una tormenta de golpes o palabras desbocadas en un instante de rabia? Nada más es un calvario el cual debe caminarse sin remedio alguno.
Y no crean que los puñetazos soltados en la puerta de la cocina fueron un capricho… los di allí para no abollarle el rostro y evitar que me metiera preso. No, eso no lo permitiría. Prefiero entonces vengarme de otra manera. Me quedaré acá en casa. Así tendrás el castigo perenne de tenerme y sé que le molestará. Como un monstruo, como un gigantesco monstruo. Y tendrá terror, y soltarás gritos, y tendrá su castigo. Ahora no podrá escapar de tenerme. Estaré tras sus espaldas, a cada momento, a cada instante, bebiendo agua del pozo, agua mía, y sin saber ella, hacia dónde se dirigían mis pasos cuando yo le decía que me iba.
Una amenaza puede ser la puerta de entrada a una insipiente venganza o también el sendero que lleve a una creciente pérdida del sentido. La he amenazado con quitarle la vida, con romperle la boca a golpes, con arrimarle fuego al vientre o lanzarla a la calle de una patada. Pero no, ¿qué significado tiene una tormenta de golpes o palabras desbocadas en un instante de rabia? Nada más es un calvario el cual debe caminarse sin remedio alguno.
Y no crean que los puñetazos soltados en la puerta de la cocina fueron un capricho… los di allí para no abollarle el rostro y evitar que me metiera preso. No, eso no lo permitiría. Prefiero entonces vengarme de otra manera. Me quedaré acá en casa. Así tendrás el castigo perenne de tenerme y sé que le molestará. Como un monstruo, como un gigantesco monstruo. Y tendrá terror, y soltarás gritos, y tendrá su castigo. Ahora no podrá escapar de tenerme. Estaré tras sus espaldas, a cada momento, a cada instante, bebiendo agua del pozo, agua mía, y sin saber ella, hacia dónde se dirigían mis pasos cuando yo le decía que me iba.