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El precio de la vida

Oscar-Pineda

Poeta asiduo al portal
Un epitafio dorado
brilla cuando alguien sucumbe
como adorno de costumbre
en un lugar desolado
que la vida ha designado
para guardar los tropiezos
en aquel montón de huesos
comido por los gusanos
recuerdo del ser humano
cuando se va del universo.


La mente humana se crece
por instintos personales
sin mirar los ideales
de aquel que los merece
su pasión desaparece
hiriendo al semejante
con oprobio incesante
nunca mira la balanza
donde pesan la bonanza
que los pone intrigante.


Después en la sepultura
se conjuga el silencio
se termina el talento
lo feo y la hermosura
de esa noble figura
que se miraba inmortal
pero en la ley celestial
calla el mas presumido
ni valen los precavidos
porque todos quedan igual.
 
Un epitafio dorado
brilla cuando alguien sucumbe
como adorno de costumbre
en un lugar desolado
que la vida ha designado
para guardar los tropiezos
en aquel montón de huesos
comido por los gusanos
recuerdo del ser humano
cuando se va del universo.


La mente humana se crece
por instintos personales
sin mirar los ideales
de aquel que los merece
su pasión desaparece
hiriendo al semejante
con oprobio incesante
nunca mira la balanza
donde pesan la bonanza
que los pone intrigante.


Después en la sepultura
se conjuga el silencio
se termina el talento
lo feo y la hermosura
de esa noble figura
que se miraba inmortal
pero en la ley celestial
calla el mas presumido
ni valen los precavidos
porque todos quedan igual.
Profundos y bellos versos para un certero poema. Muy bueno Oscar. Un abrazo. Paco.
 
Realidad que la debemos aprender todos, porque todos, allá, somos iguales.
¡¡¡SENSACIONAL!!!

Un epitafio dorado
brilla cuando alguien sucumbe
como adorno de costumbre
en un lugar desolado
que la vida ha designado
para guardar los tropiezos
en aquel montón de huesos
comido por los gusanos
recuerdo del ser humano
cuando se va del universo.


La mente humana se crece
por instintos personales
sin mirar los ideales
de aquel que los merece
su pasión desaparece
hiriendo al semejante
con oprobio incesante
nunca mira la balanza
donde pesan la bonanza
que los pone intrigante.


Después en la sepultura
se conjuga el silencio
se termina el talento
lo feo y la hermosura
de esa noble figura
que se miraba inmortal
pero en la ley celestial
calla el mas presumido
ni valen los precavidos
porque todos quedan igual.
 

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